Hay películas que me pegan en algunos cuadrantes
personales. “Un pequeño favor” es una de esas películas. Una película de
misterio y suspenso que evoca las películas de esos géneros de los 50, 60 y 70s
con su banda sonora de divertidas canciones francesas, con su increíble moda
femenina, su colorida fotografía y diseño de producción, es una película que, estéticamente,
fue hecha para mi disfrute. La diferencia es que la historia toma lugar en
nuestros tiempos de v-logs, mamás disfuncionales y redes sociales que sirven de
testigos para los casos más extraordinarios.
Stephanie Sommers (Anna Kendrick) es una
hiperactiva, optimista y hacendosa madre viuda que cuida de su pequeño hijo
cuya vida cambia cuando conoce a Emily (Blake Lively), la glamurosa e
intransigente directora de relaciones públicas de un reconocido diseñador de
modas. Emily está casada con Sean (Henry Golding), maestro universitario que
publicó una conocida novela hace años, y se siente asfixiada por su necesidad
de mudarse hacia otra parte, pero incapaz de hacerlo debido a que su lujosa
casa se vendería por menos de lo que fue comprada. Stephanie ofrece un
aliciente con su compañía y su cuidado del hijo de la pareja, y eventualmente
la confianza se acrecienta de manera exponencial, hasta que un día Emily
desaparece por varios días. Su paradero desata la búsqueda (y testimonio por
internet) de Stephanie que busca rescatar a su mejor amiga, al tiempo que se
encuentra envuelta en un torbellino emocional de su propia creación.
“Un pequeño favor” tiene más giros de tuerca que en
un trabajo de carpintería y lo mejor es ver la película sin saber mucho al
respecto. Muchas sorpresas aguardan a los espectadores y el guión es ágil y
contiene muchas sutilezas temáticas en sus diálogos y elementos visuales. Paul Feig, reconocido por sus comedias (“Espía”,
“Damas en guerra”, “Las cazafantasmas”) tiene una mano y habilidad segura en
esta película, en especial en los momentos dramáticos, y demuestra que es capaz
de trabajar en una multitud de géneros. Las
actuaciones de Kendrick y Lively son excelentes, y Kendrick en particular
ejecuta un trabajo actoral difícil, porque aunque su personaje es una chispa
alegre constante cuyo carisma relumbra en la pantalla, también tiene un lado
oscuro y unos secretos escabrosos que resultan sorpresivos pero no
incongruentes con su personaje. Lively también maneja aspectos variados y
bipolares, de una manera diferente a la de Kendrick, pero aún bastante
efectiva.
Solo unos leves tropiezos al final de la película en
materia de la cantidad de revelaciones que ocurren de manera acelerada y unos diálogos
cuyo tono corresponde más al estilo de las comedias de Feig y desentonan un
poco con el resto de la película, así como elementos de carácter personal en
cuanto al disfrute de la cinta, evitan que le dé un 10 redondo a “Un pequeño
favor”, pero es sin duda una de las mejores películas que he visto en lo que va
del año, no solo por lo divertido del guión, las actuaciones o por el goce
estético o de género, sino porque, dentro del marasmo narrativo, existen
algunos cuestionamientos interesantes sobre la sociedad en la que vivimos: ¿Cuál
es el fin último de los actos radicales que a veces tomamos para, muy entre
comillas, “mejorar”? ¿Es cierto que disculparse no tiene cabida en la vida de
uno simplemente porque se usa de manera reflexiva y no solo en momentos donde
pedir perdón se requiere? ¿Justificar los actos de uno porque se hacen “por los
hijos” no es más que una especie de licencia para cometer actos inmorales? La
velocidad de giros y misterios revelados tal vez sea muy rápida para percibir
que estas preguntas son planteadas, pero como en todo buen thriller doméstico,
estas cuestiones están ahí para ser descubiertas por los espectadores más
avezados y con personalidad de investigadores.
