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sábado, 16 de marzo de 2019

NETFLIX: "Triple Frontera" ("Triple Frontier", J.C. Chandor, EUA, 2019)




Está crítica está traducida del inglés. Para leer la versión original hacer click AQUÍ


La guerra contra las drogas, habiendo crecido en el tamaño y la escala de una guerra "tradicional", se ha establecido como un ejemplo perfecto de un conflicto interminable. El gobierno de los Estados Unidos envía asesores cuyos consejos no mejoran las condiciones de los países latinoamericanos que han sido destrozados por la violencia y la corrupción institucional. Las compañías de seguridad privada también obtienen ganancias, pero es un trabajo que destroza el alma de hombres como Santiago "Papa" García (Oscar Isaac), un asesor hastiado que dirige un asalto contra las operaciones del narcotraficante Lorea. Los oficiales de policía son derribados por bazucas y fuego pesado, antes de que Santiago gane la pelea con un disparo preciso y calculado de su lanzagranadas. La precisión es uno de los motivos principales de esta historia, y aparece constantemente, imbuyendo todos los aspectos de las escenas de acción. Santiago gana la pelea en favor de la policía del país, que procede a ejecutar a la mayoría de sus prisioneros, después de que uno de ellos le ruega por su vida declarando que sabe que Lorea está escondido en la jungla, en una casa que resguarda todo su dinero en efectivo. Santiago verifica esta información con su informante, la bella Yovanna (Adria Arjona), cuyo hermano se ha involucrado en el imperio criminal de Lorea. Yovanna quiere que ella y su hermano queden fuera del alcance de Lorea, mientras que Santiago quiere salir de su vida, deseando cobrar dos grandes puntajes: matar a Lorea y tomar su dinero como pago final por toda una vida de soldados ingratos.


Santiago reúne a un equipo—al estilo de los Siete Samurais— de antiguos compañeros de las Fuerzas Especiales con quienes desea compartir el dinero y una misión final exitosa. Francisco "Catfish" Morales (Pedro Pascal), un piloto de personalidad práctica y cuya licencia ha sido revocada la revocación después de un arresto por tráfico de cocaína; el experto en artes marciales, Ben Miller (Garret Hedlund), quien se trabaja como luchador de MMA; y el hermano de Ben, el Capitán William "Ironhead" Miller (Charlie Hunnam), un devoto de la violencia que disfruta de sus habilidades y estilo de vida como "guerrero", y que tiene problemas para adaptarse a un estilo de vida civil, especialmente cuando es propenso a estrangular a las personas por no mover sus carritos en los supermercados. La reputación de William lo precede, ya que se gana la vida dando discursos motivacionales en diferentes bases del ejército, cuando Santiago presenta su oferta para liquidar a Lorea y tomar su dinero. William se unirá a él siempre y cuando convenza al capitán Tom "Redfly" Davis para que se una a ellos. Tom es un padre divorciado que fracasa en la venta de condominios y que lucha por pagar su pensión alimenticia. Él es el estratega del equipo, y tiene una mente sherlockiana. Es muy reacio a unirse a Santiago, pero su falta de dinero, las obligaciones familiares y la presión de sus compañeros finalmente lo convencen para aconsejar al equipo y unirse a ellos.

Triple Frontera es una película de robo militar que disfraza una tragedia griega sobre el destino, la codicia y las historias que nos contamos sobre nuestras vidas para motivarnos. El plan del equipo avanza y J.C. Chandor (director del gran El año más violento, Margin Call y Cuando todo está perdido) dirige estas escenas con una pureza de estilo y claridad, sus secuencias de suspenso respiran y se desarrollan a su debido tiempo. Las escenas de acción son realistas, rápidas y precisas. Triple Frontera es una película de acción que evita todos los vicios de las películas de acción del siglo XXI: no hay acercamientos extremos constantes, cámaras temblorosas, edición rápida o geografía confusa. Todo está tan claramente enmarcado como en un drama, porque eso es lo que es. Las cosas van bien para el equipo, y después van mal, deshaciéndose pieza por pieza. Uno está atrapado en un huracán de emociones: por un lado y por la naturaleza del género, esperamos que nuestros protagonistas logren su misión y obtengan el dinero que sienten que se merecen, y nos solidarizamos con ellos. Pero una vez que vislumbramos algunos de sus lados más oscuros y hacen algunas elecciones brutales, nuestra lealtad como espectadores vacila. Y ese es un resumen perfecto de la relación entre la forma en la que en el mundo real se romantiza a los soldados y lo que realmente hacen. En un momento dado, los personajes señalan que, sin tener una bandera en sus hombros, todo lo que hagan será considerado asesinato y robo. La línea es así de delgada.

En el guión de Chandor y Mark Boal, las ambigüedades reinan, e incluso algunos aspectos narrativos se mantienen intencionalmente en la oscuridad. Tom sospecha que Yovanna podría estar mintiendo respecto a su relación con Santiago. Ella insiste en que está diciendo la verdad. Tom sigue adelante, pero todavía cree que ella está mintiendo para encubrir algo. Esta sospecha no se resuelve, pero es uno de los muchos aspectos de la película que la hacen interesante. El número de tragedias y accidentes que ocurren en la película no se puede rastrear claramente a una sola fuente, aparte del hecho de que la misión no debería haberse llevado a cabo en primer lugar. Los defectos personales y la motivación de cada personaje ayudan a abrir el camino trágico de cada uno de ellos. Tom quiere que el dinero cuide de su familia y ya no sentirse como un perdedor civil hasta el punto de que ignora su lado lógico; William está poseído por el orgullo de guerrero y por su identidad como hombre de violencia que toma decisiones basadas en esta idea de sí mismo; Santiago habla de querer eliminar a Lorea porque es un virus que ha infestado el país, y quiere quedarse con su dinero porque siente que se lo merece después sus años de servicio como agente de la “policía mundial”, pero matar a Lorea no terminara la guerra contra las drogas o con la corrupción institucional, y será reemplazado por uno o más hombres como él, o algo peor, y su justificación moral para quedarse con el dinero de las drogas es extremadamente débil. Debo admitir que al principio me decepcionó el casting de Lorea, porque no le consideré una presencia intimidante o memorable, pero ese es también el punto: es un villano genérico, simplemente otro capo de la droga entre cientos. El verdadero antagonista de la película es la debilidad de cada personaje y la misma Providencia, que da y toma lo que considera oportuno.

Una película donde la elección de cada personaje es importante y cada acción tiene una consecuencia, Triple Frontera es diferente a muchas películas de hoy en día. Filmado en lugares maravillosos y con un sentido clásico de enmarcación fotográfica y de edición, es una digna secuela de excelentes películas de Netflix como El rey forajido. Esta es una película que desearía haber visto en la pantalla grande. Una gran película que disfrutaré en repetidas ocasiones y una buena heredera del “cine de la codicia” al estilo de El tesoro de la Sierra Madre.


sábado, 6 de octubre de 2018

ESTRENOS: "A Simple Favor" ("Un pequeño favor", Dir. Paul Feig, EUA, 2018)








Hay películas que me pegan en algunos cuadrantes personales. “Un pequeño favor” es una de esas películas. Una película de misterio y suspenso que evoca las películas de esos géneros de los 50, 60 y 70s con su banda sonora de divertidas canciones francesas, con su increíble moda femenina, su colorida fotografía y diseño de producción, es una película que, estéticamente, fue hecha para mi disfrute. La diferencia es que la historia toma lugar en nuestros tiempos de v-logs, mamás disfuncionales y redes sociales que sirven de testigos para los casos más extraordinarios.

Stephanie Sommers (Anna Kendrick) es una hiperactiva, optimista y hacendosa madre viuda que cuida de su pequeño hijo cuya vida cambia cuando conoce a Emily (Blake Lively), la glamurosa e intransigente directora de relaciones públicas de un reconocido diseñador de modas. Emily está casada con Sean (Henry Golding), maestro universitario que publicó una conocida novela hace años, y se siente asfixiada por su necesidad de mudarse hacia otra parte, pero incapaz de hacerlo debido a que su lujosa casa se vendería por menos de lo que fue comprada. Stephanie ofrece un aliciente con su compañía y su cuidado del hijo de la pareja, y eventualmente la confianza se acrecienta de manera exponencial, hasta que un día Emily desaparece por varios días. Su paradero desata la búsqueda (y testimonio por internet) de Stephanie que busca rescatar a su mejor amiga, al tiempo que se encuentra envuelta en un torbellino emocional de su propia creación.

“Un pequeño favor” tiene más giros de tuerca que en un trabajo de carpintería y lo mejor es ver la película sin saber mucho al respecto. Muchas sorpresas aguardan a los espectadores y el guión es ágil y contiene muchas sutilezas temáticas en sus diálogos y elementos visuales.  Paul Feig, reconocido por sus comedias (“Espía”, “Damas en guerra”, “Las cazafantasmas”) tiene una mano y habilidad segura en esta película, en especial en los momentos dramáticos, y demuestra que es capaz de trabajar en una multitud de géneros.  Las actuaciones de Kendrick y Lively son excelentes, y Kendrick en particular ejecuta un trabajo actoral difícil, porque aunque su personaje es una chispa alegre constante cuyo carisma relumbra en la pantalla, también tiene un lado oscuro y unos secretos escabrosos que resultan sorpresivos pero no incongruentes con su personaje. Lively también maneja aspectos variados y bipolares, de una manera diferente a la de Kendrick, pero aún bastante efectiva.

Solo unos leves tropiezos al final de la película en materia de la cantidad de revelaciones que ocurren de manera acelerada y unos diálogos cuyo tono corresponde más al estilo de las comedias de Feig y desentonan un poco con el resto de la película, así como elementos de carácter personal en cuanto al disfrute de la cinta, evitan que le dé un 10 redondo a “Un pequeño favor”, pero es sin duda una de las mejores películas que he visto en lo que va del año, no solo por lo divertido del guión, las actuaciones o por el goce estético o de género, sino porque, dentro del marasmo narrativo, existen algunos cuestionamientos interesantes sobre la sociedad en la que vivimos: ¿Cuál es el fin último de los actos radicales que a veces tomamos para, muy entre comillas, “mejorar”? ¿Es cierto que disculparse no tiene cabida en la vida de uno simplemente porque se usa de manera reflexiva y no solo en momentos donde pedir perdón se requiere? ¿Justificar los actos de uno porque se hacen “por los hijos” no es más que una especie de licencia para cometer actos inmorales? La velocidad de giros y misterios revelados tal vez sea muy rápida para percibir que estas preguntas son planteadas, pero como en todo buen thriller doméstico, estas cuestiones están ahí para ser descubiertas por los espectadores más avezados y con personalidad de investigadores.

viernes, 26 de enero de 2018

"Wheelman" (Jeremy Rush, 2017)

"Wheelman", película distribuida por Netflix y estrenada el pasado 20 de octubre, es una película de acción, crimen, suspenso y buenos giros de tuerca. Es una cinta sobre un "getaway driver", el conductor que se encarga de llevar a los asaltantes a los lugares donde comenteran un atraco para después ayudarles en la fuga. Como "Drive" y "Baby Driver", "Wheelman" es sobre un profesional consumado que debe lidiar con las traiciones y el poco profesionalismo de otros criminales. A diferencia de esas películas, sin embargo, nuestro anónimo protagonista (el genial Frank Grillo) es un tipo común y corriente que no es un infalible as del volante, y que además debe lidiar con los problemas tipicos del padre divorciado. 

Situada durante una sola noche y con cerca del 90% de la duración (unos breves 82 minutos) enfocada exclusivamente dentro de un automovil, "Wheelman" es una cinta de acción dura y segura, una película chapada a la antigua que cuenta una historia sencilla y la cuenta bien, con paciencia en desenvolver sus misterios y con esporadicos, pero efectivos, momentos de acción y violencia. Denle una vuelta cuando tengan chance.



miércoles, 9 de agosto de 2017

"Dunkirk" (Christopher Nolan, 2017)





Después de una serie de películas impresionantes cuya dimensión ética y estética parece haber alcanzado su apogeo más grande con "Interestelar", Christopher Nolan no tenía otra opción para su siguiente película sino bajar de nuevo al planeta Tierra y a la tercera dimensión. Tras explorar el subconsciente, la Quinta Dimensión, el mundo de la magia victoriana, las mentes fragmentadas de personajes de cine negro y Ciudad Gótica, Nolan escogió un tema histórico y bélico para su siguiente proyecto. "Dunkirk" ("Dunquerque", en castellano) relata uno de los momentos más cardiacos y, al final de cuentas, casi milagrosos que ocurrieron en la Segunda Guerra Mundial. El año es 1940 y la guerra tiene meses de comenzada (pocas películas han tratado el tema; en "Expiación", se le dedica una memorable secuencia de toma larga a este suceso). A pesar de los intentos de Gran Bretaña y Francia de proteger a este segundo país de la avanzada alemana, las fuerzas hitlerianas lograron empujar a ambos ejércitos aliados hacía la coste del norte. Sin más opción que evacuar Francia, los britanos se encuentran en su momentos más desesperado. Para empeorar su desesperación, la distancia que separa a su país de Francia a través del Canal de la Mancha es tan corta que se puede vislumbrar a la distancia ("Prácticamente podemos nuestro hogar desde aquí", observa el comandante Bolton, interpretado por un flemático, pero a la vez humano Kenneth Brannagh). No solo eso, sino que el gobierno británico no podía movilizar al grueso de su armada para rescatar a los más de 400,000 soldados al otro lado del mar, pues se preparan para la siguiente batalla. Bajo las órdenes de Churchill, se decomisan todos los navíos civiles posibles con la intención de conseguir el rescate de, optimistamente, 40,000 soldados antes de que los alemanes, quienes disparan balas y bombas sobre las ansiosas filas británicas, terminen por destrozar al grueso del ejército derrotado.

Una historia de este tipo podría contarse de la manera más derecha y convencional posible. Sin duda, aquellos acostumbrados a películas de este índole se imaginan todas las convenciones de las que se echaran manos: personajes ficticios que representan a los soldados con los que la audiencia ha de simpatizar, oficiales flemáticos que explican todo el contexto y la operación por un muy largo trecho y con varios monólogos, una cronología linear que termina por eliminar todo el suspenso posible del que se pudiera sacar de una película con contenido histórico y cuyo final ya se sabe. Pero Nolan es un libretista y realizador que planea diferente y que domina el arte cinematográfico como pocos. Dado que nunca ha hecho una película en la que no rompa con la cronología interna de sus relatos, "Dunkirk" no es la excepción. La película se divide en tres segmentos paralelos en tres locaciones distintas: el muelle donde los soldados esperan ser evacuados, un botecito donde el valiente Sr. Dawson (Mark Rylance) navega para rescatar a todos los soldados posibles acompañado por su hijo y un joven amigo; y en el aire, donde acompañamos a dos pilotos, Farrier (Tom Hardy) y Collins (Jack Lowden), quienes deben arribar a Dunkirk con el combustible que tienen, al mismo tiempo que disparan y persiguen aviones alemanes cuyo propósito es destruir a los soldados y a los navíos. Una semana transcurre en el muelle, un día en el barco y una hora en el aire. Esta brillante desfragmentación del tiempo sirve dos propósitos narrativos valiosos: primero, le da una estructura dramática a los tres segmentos con sus respectivos trayectos narrativos y de personaje, que al final de cuenta terminan por reunirse; segundo, establece el ritmo de la película a manera que los segmentos no son lastres concatenados entre secuencias, sino una historia coherente y rápida; esto, en tercer lugar, le brinda la segunda corriente de género a la película: el suspenso.

La idea de la película llegó a Nolan en 1992, cuando cruzó el canal de la Mancha en un pequeño barco con unos amigos en un transcurso de 19 horas. Transportándose al pasado, Nolan comenzó a pensar en lo que tuvieron que pasar los soldados ingleses durante esa cruenta semana de evacuación. Su viaje de 19 horas sirvió de punto de inicio para entender que el tiempo es relativo. Más Hitchcock que Spielberg, el suspenso es la fuerza dominante de la película, no solo por los giros y reveses que sufren los tres jóvenes soldados ingleses (Finn Whitehead, Aneurin Barnard y Harry Styles) que buscan escapar de Dunkirk a cualquier costo, sino en la historia del yate del Sr. Dawson tras recoger a un soldado en shock (Cillian Murphy), cuya inestabilidad y rechazo a volver a Dunkirk lo señalan como una bomba de tiempo; y en el caso de los pilotos, ya que Farrier no puede ver cuanta gasolina le queda pues su medidor de combustible es atravesado por una bala alemana, forzándolo a una elección constante entre aterrizar o continuar protegiendo a sus camaradas. Es la definición pura de suspenso: la audiencia sabe que hay una bomba a punto de estallar, y la tensión se deriva de ver cuándo sucederá. Este es uno de los dos grandes triunfos de la película, ayudado en gran parte por la edición y la banda sonora de Hans Zimmer, impresionante debido a la manera en la que evoca las altas y bajas emocionales de la película en todo momento.

El concepto original de Nolan era la de no tener un libreto y filmar las escenas con base a un bosquejo, pero su esposa (y productora) le convención de lo contrario. Aun así, el libreto final debe de ser ligero, pues el dialogo es muy poco. Aunque Nolan ha manifestado que esto se debe a su deseo de demostrar el poder que tiene el cine en su forma más pura (a través de los elementos audiovisuales), esta decisión también está apoyada por las circunstancias: difícilmente los tres jóvenes soldados tienen mucho tiempo para hablar casualmente sobre sí mismos. Nolan escogió sabiamente a sus actores jóvenes: la mayoría de los soldados ingleses ("Tommies", como se les dice en Inglaterra) eran muchachos que apenas pasaban de los 18 años, y se nota. Los actores desconocidos Whitehead y Barnard, así como él (sorpresivamente) bueno, Harry Styles (quien ganó su papel a través de una audición, pues Nolan no lo conocía) hacen una mancuerna excelente y sirven como los representantes de la soldadesca que, en esos momentos, solo busca sobrevivir. Todos los actores de reparto (incluyendo algunos rostros familiares solo para aquellos que ven la televisión británica) parecen auténticos, salidos de fotografías del período, pero sin duda Tom Hardy se luce una vez más. A pesar de que su rostro está cubierto por una máscara y voz filtrada (algo gracioso, si consideramos su última colaboración con Nolan), logra expresar muchas cosas con tan solo sus ojos, y su personaje es sin duda un héroe de alto calibre (como trivia: el comandante de su escuadrón, al cual solo escuchamos en la radio, es Michael Caine, otro miembro de la compañía Nolan que no podía faltar).

Pero "Dunkirk" no es un simple ejercicio de género, sea este el bélico, el histórico o el de suspenso. Es una película en donde se manifiestan algunos de las inquietudes temáticas de su realizador de una manera bastante orgánica: el heroísmo que surge a través de todo tipo de sacrificios, el legado heroico que se puede desprender aún a través de derrotas, desilusiones y tragedias (en el nivel macro, la evacuación misma de Dunkirk, resumida de manera inmortal por Churchill y conmovedoramente citada en el final de la película; en el nivel micro, la muerte de un personaje que termina por garantizar su deseo más grande en vida), las mentiras piadosas que se tienen que decir para que una persona que ya ha sufrido bastante pueda continuar subida, las nuevas identidades que se asumen por el deseo de supervivencia, los trágicos efectos que a veces pueden ser provocados por acciones nobles (dos escenas en el clímax ilustran este aspecto de manera terrorífica), y más que nada, el heroísmo comunitario. Este es el segundo triunfo de la película: cada acto sin interés propio conlleva a un clímax en donde se pone de manifiesto como la necesidad y bienestar propio son insignificantes cuando se trata de la seguridad y bienestar de los miembros de nuestra comunidad. Sea a través del heroísmo silencioso de un piloto de yate de carácter formal o las decisiones tomadas por un piloto, la búsqueda del bienestar comunal es una de las acciones que más se necesitan en toda la historia y ahora más que nunca. Al finalizar "Dunkirk", no solo sentimos la catarsis creada por la resolución de la tensión, sino por el saber que es posible ayudar a los demás, aun cuando las circunstancias parezcan insuperables. 

9.5/10