Mostrando entradas con la etiqueta cine bélico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cine bélico. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de marzo de 2019

NETFLIX: "Triple Frontera" ("Triple Frontier", J.C. Chandor, EUA, 2019)




Está crítica está traducida del inglés. Para leer la versión original hacer click AQUÍ


La guerra contra las drogas, habiendo crecido en el tamaño y la escala de una guerra "tradicional", se ha establecido como un ejemplo perfecto de un conflicto interminable. El gobierno de los Estados Unidos envía asesores cuyos consejos no mejoran las condiciones de los países latinoamericanos que han sido destrozados por la violencia y la corrupción institucional. Las compañías de seguridad privada también obtienen ganancias, pero es un trabajo que destroza el alma de hombres como Santiago "Papa" García (Oscar Isaac), un asesor hastiado que dirige un asalto contra las operaciones del narcotraficante Lorea. Los oficiales de policía son derribados por bazucas y fuego pesado, antes de que Santiago gane la pelea con un disparo preciso y calculado de su lanzagranadas. La precisión es uno de los motivos principales de esta historia, y aparece constantemente, imbuyendo todos los aspectos de las escenas de acción. Santiago gana la pelea en favor de la policía del país, que procede a ejecutar a la mayoría de sus prisioneros, después de que uno de ellos le ruega por su vida declarando que sabe que Lorea está escondido en la jungla, en una casa que resguarda todo su dinero en efectivo. Santiago verifica esta información con su informante, la bella Yovanna (Adria Arjona), cuyo hermano se ha involucrado en el imperio criminal de Lorea. Yovanna quiere que ella y su hermano queden fuera del alcance de Lorea, mientras que Santiago quiere salir de su vida, deseando cobrar dos grandes puntajes: matar a Lorea y tomar su dinero como pago final por toda una vida de soldados ingratos.


Santiago reúne a un equipo—al estilo de los Siete Samurais— de antiguos compañeros de las Fuerzas Especiales con quienes desea compartir el dinero y una misión final exitosa. Francisco "Catfish" Morales (Pedro Pascal), un piloto de personalidad práctica y cuya licencia ha sido revocada la revocación después de un arresto por tráfico de cocaína; el experto en artes marciales, Ben Miller (Garret Hedlund), quien se trabaja como luchador de MMA; y el hermano de Ben, el Capitán William "Ironhead" Miller (Charlie Hunnam), un devoto de la violencia que disfruta de sus habilidades y estilo de vida como "guerrero", y que tiene problemas para adaptarse a un estilo de vida civil, especialmente cuando es propenso a estrangular a las personas por no mover sus carritos en los supermercados. La reputación de William lo precede, ya que se gana la vida dando discursos motivacionales en diferentes bases del ejército, cuando Santiago presenta su oferta para liquidar a Lorea y tomar su dinero. William se unirá a él siempre y cuando convenza al capitán Tom "Redfly" Davis para que se una a ellos. Tom es un padre divorciado que fracasa en la venta de condominios y que lucha por pagar su pensión alimenticia. Él es el estratega del equipo, y tiene una mente sherlockiana. Es muy reacio a unirse a Santiago, pero su falta de dinero, las obligaciones familiares y la presión de sus compañeros finalmente lo convencen para aconsejar al equipo y unirse a ellos.

Triple Frontera es una película de robo militar que disfraza una tragedia griega sobre el destino, la codicia y las historias que nos contamos sobre nuestras vidas para motivarnos. El plan del equipo avanza y J.C. Chandor (director del gran El año más violento, Margin Call y Cuando todo está perdido) dirige estas escenas con una pureza de estilo y claridad, sus secuencias de suspenso respiran y se desarrollan a su debido tiempo. Las escenas de acción son realistas, rápidas y precisas. Triple Frontera es una película de acción que evita todos los vicios de las películas de acción del siglo XXI: no hay acercamientos extremos constantes, cámaras temblorosas, edición rápida o geografía confusa. Todo está tan claramente enmarcado como en un drama, porque eso es lo que es. Las cosas van bien para el equipo, y después van mal, deshaciéndose pieza por pieza. Uno está atrapado en un huracán de emociones: por un lado y por la naturaleza del género, esperamos que nuestros protagonistas logren su misión y obtengan el dinero que sienten que se merecen, y nos solidarizamos con ellos. Pero una vez que vislumbramos algunos de sus lados más oscuros y hacen algunas elecciones brutales, nuestra lealtad como espectadores vacila. Y ese es un resumen perfecto de la relación entre la forma en la que en el mundo real se romantiza a los soldados y lo que realmente hacen. En un momento dado, los personajes señalan que, sin tener una bandera en sus hombros, todo lo que hagan será considerado asesinato y robo. La línea es así de delgada.

En el guión de Chandor y Mark Boal, las ambigüedades reinan, e incluso algunos aspectos narrativos se mantienen intencionalmente en la oscuridad. Tom sospecha que Yovanna podría estar mintiendo respecto a su relación con Santiago. Ella insiste en que está diciendo la verdad. Tom sigue adelante, pero todavía cree que ella está mintiendo para encubrir algo. Esta sospecha no se resuelve, pero es uno de los muchos aspectos de la película que la hacen interesante. El número de tragedias y accidentes que ocurren en la película no se puede rastrear claramente a una sola fuente, aparte del hecho de que la misión no debería haberse llevado a cabo en primer lugar. Los defectos personales y la motivación de cada personaje ayudan a abrir el camino trágico de cada uno de ellos. Tom quiere que el dinero cuide de su familia y ya no sentirse como un perdedor civil hasta el punto de que ignora su lado lógico; William está poseído por el orgullo de guerrero y por su identidad como hombre de violencia que toma decisiones basadas en esta idea de sí mismo; Santiago habla de querer eliminar a Lorea porque es un virus que ha infestado el país, y quiere quedarse con su dinero porque siente que se lo merece después sus años de servicio como agente de la “policía mundial”, pero matar a Lorea no terminara la guerra contra las drogas o con la corrupción institucional, y será reemplazado por uno o más hombres como él, o algo peor, y su justificación moral para quedarse con el dinero de las drogas es extremadamente débil. Debo admitir que al principio me decepcionó el casting de Lorea, porque no le consideré una presencia intimidante o memorable, pero ese es también el punto: es un villano genérico, simplemente otro capo de la droga entre cientos. El verdadero antagonista de la película es la debilidad de cada personaje y la misma Providencia, que da y toma lo que considera oportuno.

Una película donde la elección de cada personaje es importante y cada acción tiene una consecuencia, Triple Frontera es diferente a muchas películas de hoy en día. Filmado en lugares maravillosos y con un sentido clásico de enmarcación fotográfica y de edición, es una digna secuela de excelentes películas de Netflix como El rey forajido. Esta es una película que desearía haber visto en la pantalla grande. Una gran película que disfrutaré en repetidas ocasiones y una buena heredera del “cine de la codicia” al estilo de El tesoro de la Sierra Madre.


viernes, 28 de diciembre de 2018

NETFLIX: Outlaw King ("El rey forajido", David McKenzie, Reino Unido, 2018)






Una de las sagas históricas más emocionantes y dignas de contarse es relatada en la película de David McKenzie, The Outlaw King (“El rey forajido”). McKenzie demostró tremendas aptitudes como director tanto de acción como de drama cotidiano en Hell or High Water, habilidades que le sirven de maravilla en esta película que recrea pasajes históricos con su dimensión humana y épica de igual manera. Sin tener un libreto tan pretencioso y preponderante como el que escribió Tyler Sheridan en su película previa, McKenzie se explaya a lo grande contando la historia de Robert Bruce, el héroe nacional más grande de Escocia, quien desafió la tiranía de Eduardo I para garantizar la independencia de su patria.

Los nobles de Escocia, tras una fallida rebelión, le rinden pleitesía y juramentos de lealtad a Eduardo I “Piernas Largas” (Stephen Dillane), quien aplica misericordia sobre sus nuevos vasallos, aunque recalca sus compromisos con rigidez y sarcasmo, además de estrenar una catapulta sobre el castillo de un noble que busca rendirse, simplemente porque pagó mucho dinero por ella. Existe una disputa por la corona escocesa entre dos miembros de una casa noble: John Comyn (Callum Mulvey) y Robert Bruce (Chris Pine). Bruce, cuyo padre (James Cosmo) es ex camarada de armas del rey, inteligente, valiente, caballeroso y viudo, y cuenta con una tensa amistad con el cobarde príncipe de Gales (Billy Howle), por lo que se le concede un beneficioso matrimonio con Elizabeth de Burgh (Florence Pugh), la hija del guardián del norte, como parte de que renuncie a sus derechos a la corona de una Escocia independiente. Bruce cumple con su parte del trato y se comporta respetuosamente con su nueva esposa, pero los altos impuestos de Eduardo y la captura y ejecución del gran líder rebelde William Wallace enfurece a la población escocesa y reinicia la rebelión. Un lamentable encuentro con Comyn le trae mas problemas a Bruce, pero el apoyo de la iglesia escocesa, su familia y muchos nobles—incluyendo a James Douglas (Aaron Taylor-Johnson), cuyos derechos nobiliarios son rechazados por Eduardo—lo llevan a su coronación como rey de Escocia, a brutales represalias por parte de Inglaterra, y a una lucha al margen del combate tradicional y que antecede las guerras de guerrillas de movimientos populares previos.

McKenzie se aparta de los moldes tradicionales de la narrativa fílmica tradicional para contar  esta historia. El rey forajido se siente como una película en donde los personajes históricos actúan como personajes de su época y de su tiempo, y al mismo tiempo se sienten como seres humanos auténticos, de carne y hueso. Pocas películas ambientadas en la Edad Media me han convencido de la autenticidad de sus personajes y de sus costumbres como lo ha hecho está película. McKenzie incluye detalles históricos que rara vez se han visto: los rituales matrimoniales y de coronación, los juramentos de caballeros (que incluyen jurar por unos cisnes vivos), la algarabía de los banquetes. La escena previamente mencionada conque inicia la película consiste de una toma larga en tracking (sin cortes aparentes) de ocho minutos en los que la cámara viaje dentro y fuera de una tienda mientras se discuten asuntos políticos, se estrena la catapulta gigante y se entabla un duelo de espadas “amistoso” entre Bruce y el Príncipe de Gales. Esto no es solamente una muestra de la habilidad técnica del director, sino que establece el mundo de la película, las relaciones de los personajes y el tono naturalista de la cinta. En muchos sentidos, la película se asemeja al Macbeth de 2015, dirigido por Justin Kurzel, tanto por su destreza visual, su elección en colores y locaciones y por su retrato vivo y carnal de una lucha por el poder. Las escenas de guerra son viscerales y cruentas, maravillosas por su dinamismo feroz. La batalla final en medio de un pantano, en particular, toma las características de un sensacional cuadro histórico.

En el centro emocional de la película, tenemos a Chris Pine en una excelente interpretación como Bruce. Astuto, enigmático, sagaz e inteligente, Pine tiene la oportunidad de interpretar a un personaje fuerte y heroico, pero muy humano. La relación con su padre y su familia, asaltada por la tragedia, es un excelente anti-reflejo de la relación disfuncional y rencorosa que existe entre el sociópata e incompetente príncipe de Gales y su tirano y maquiavélico padre (Dillane, por cierto, es maravilloso y a la par de la interpretación de Patrick McGoohan en Corazón valiente, solo que mas realista y menos villano caricaturesco). Su relación con su esposa por compromiso, Elizabeth, es muy bella y demuestra el enamoramiento progresivo y orgánico que se debía forjar durante este periodo, amor que crece tanto por el respeto que se forja entre dos personas íntegras y fuertes, como por el sentido de responsabilidad para con el reino y por el cariño hacia la pequeña hija de Bruce. Florence Pugh está cosechando buenos roles desde Lady Macbeth el año pasado, y continúa con su éxitos en este papel tan conmovedor, en especial cuando Elizabeth cae en manos del enemigo y debe enfrentarse a una serie de decisiones que la ponen al límite de la devastación (y dentro de una jaula que no solo es metafórica). Aaron Taylor-Johnson es el personaje que se roba cámara con su personaje cuasi-maniático, aunque no es una figura unidimensional del guerrero vengativo y atolondrado, sino un hombre cuyo nombre y familia querida han sido rutinariamente insultados y debe de limpiar su honra con el filo de la espada.

Aunque es maravilloso tener una película como El rey forajido disponible en Netflix de manera global, lamento que no haya sido estrenada en el cine, porque es una película digna de la pantalla grande como pocas la son. Desde el punto de vista de la veracidad histórica, es superior a Corazón Valiente, y aunque considero a está última película como una de las últimas grandes películas épicas del estilo clásico y una cinta muy entretenida, El rey forajido es mejor cinta en muchos sentidos, en particular porque centra su mundo moral en la relación que existe entre familia y tierra-país, más que en el abstracto concepto muy moderno de la “libertad”. Como sea, El rey forajido es una de las mejores películas que Netflix ha distribuido y de mis favoritas del 2018. Altamente recomendada.

miércoles, 9 de agosto de 2017

"Dunkirk" (Christopher Nolan, 2017)





Después de una serie de películas impresionantes cuya dimensión ética y estética parece haber alcanzado su apogeo más grande con "Interestelar", Christopher Nolan no tenía otra opción para su siguiente película sino bajar de nuevo al planeta Tierra y a la tercera dimensión. Tras explorar el subconsciente, la Quinta Dimensión, el mundo de la magia victoriana, las mentes fragmentadas de personajes de cine negro y Ciudad Gótica, Nolan escogió un tema histórico y bélico para su siguiente proyecto. "Dunkirk" ("Dunquerque", en castellano) relata uno de los momentos más cardiacos y, al final de cuentas, casi milagrosos que ocurrieron en la Segunda Guerra Mundial. El año es 1940 y la guerra tiene meses de comenzada (pocas películas han tratado el tema; en "Expiación", se le dedica una memorable secuencia de toma larga a este suceso). A pesar de los intentos de Gran Bretaña y Francia de proteger a este segundo país de la avanzada alemana, las fuerzas hitlerianas lograron empujar a ambos ejércitos aliados hacía la coste del norte. Sin más opción que evacuar Francia, los britanos se encuentran en su momentos más desesperado. Para empeorar su desesperación, la distancia que separa a su país de Francia a través del Canal de la Mancha es tan corta que se puede vislumbrar a la distancia ("Prácticamente podemos nuestro hogar desde aquí", observa el comandante Bolton, interpretado por un flemático, pero a la vez humano Kenneth Brannagh). No solo eso, sino que el gobierno británico no podía movilizar al grueso de su armada para rescatar a los más de 400,000 soldados al otro lado del mar, pues se preparan para la siguiente batalla. Bajo las órdenes de Churchill, se decomisan todos los navíos civiles posibles con la intención de conseguir el rescate de, optimistamente, 40,000 soldados antes de que los alemanes, quienes disparan balas y bombas sobre las ansiosas filas británicas, terminen por destrozar al grueso del ejército derrotado.

Una historia de este tipo podría contarse de la manera más derecha y convencional posible. Sin duda, aquellos acostumbrados a películas de este índole se imaginan todas las convenciones de las que se echaran manos: personajes ficticios que representan a los soldados con los que la audiencia ha de simpatizar, oficiales flemáticos que explican todo el contexto y la operación por un muy largo trecho y con varios monólogos, una cronología linear que termina por eliminar todo el suspenso posible del que se pudiera sacar de una película con contenido histórico y cuyo final ya se sabe. Pero Nolan es un libretista y realizador que planea diferente y que domina el arte cinematográfico como pocos. Dado que nunca ha hecho una película en la que no rompa con la cronología interna de sus relatos, "Dunkirk" no es la excepción. La película se divide en tres segmentos paralelos en tres locaciones distintas: el muelle donde los soldados esperan ser evacuados, un botecito donde el valiente Sr. Dawson (Mark Rylance) navega para rescatar a todos los soldados posibles acompañado por su hijo y un joven amigo; y en el aire, donde acompañamos a dos pilotos, Farrier (Tom Hardy) y Collins (Jack Lowden), quienes deben arribar a Dunkirk con el combustible que tienen, al mismo tiempo que disparan y persiguen aviones alemanes cuyo propósito es destruir a los soldados y a los navíos. Una semana transcurre en el muelle, un día en el barco y una hora en el aire. Esta brillante desfragmentación del tiempo sirve dos propósitos narrativos valiosos: primero, le da una estructura dramática a los tres segmentos con sus respectivos trayectos narrativos y de personaje, que al final de cuenta terminan por reunirse; segundo, establece el ritmo de la película a manera que los segmentos no son lastres concatenados entre secuencias, sino una historia coherente y rápida; esto, en tercer lugar, le brinda la segunda corriente de género a la película: el suspenso.

La idea de la película llegó a Nolan en 1992, cuando cruzó el canal de la Mancha en un pequeño barco con unos amigos en un transcurso de 19 horas. Transportándose al pasado, Nolan comenzó a pensar en lo que tuvieron que pasar los soldados ingleses durante esa cruenta semana de evacuación. Su viaje de 19 horas sirvió de punto de inicio para entender que el tiempo es relativo. Más Hitchcock que Spielberg, el suspenso es la fuerza dominante de la película, no solo por los giros y reveses que sufren los tres jóvenes soldados ingleses (Finn Whitehead, Aneurin Barnard y Harry Styles) que buscan escapar de Dunkirk a cualquier costo, sino en la historia del yate del Sr. Dawson tras recoger a un soldado en shock (Cillian Murphy), cuya inestabilidad y rechazo a volver a Dunkirk lo señalan como una bomba de tiempo; y en el caso de los pilotos, ya que Farrier no puede ver cuanta gasolina le queda pues su medidor de combustible es atravesado por una bala alemana, forzándolo a una elección constante entre aterrizar o continuar protegiendo a sus camaradas. Es la definición pura de suspenso: la audiencia sabe que hay una bomba a punto de estallar, y la tensión se deriva de ver cuándo sucederá. Este es uno de los dos grandes triunfos de la película, ayudado en gran parte por la edición y la banda sonora de Hans Zimmer, impresionante debido a la manera en la que evoca las altas y bajas emocionales de la película en todo momento.

El concepto original de Nolan era la de no tener un libreto y filmar las escenas con base a un bosquejo, pero su esposa (y productora) le convención de lo contrario. Aun así, el libreto final debe de ser ligero, pues el dialogo es muy poco. Aunque Nolan ha manifestado que esto se debe a su deseo de demostrar el poder que tiene el cine en su forma más pura (a través de los elementos audiovisuales), esta decisión también está apoyada por las circunstancias: difícilmente los tres jóvenes soldados tienen mucho tiempo para hablar casualmente sobre sí mismos. Nolan escogió sabiamente a sus actores jóvenes: la mayoría de los soldados ingleses ("Tommies", como se les dice en Inglaterra) eran muchachos que apenas pasaban de los 18 años, y se nota. Los actores desconocidos Whitehead y Barnard, así como él (sorpresivamente) bueno, Harry Styles (quien ganó su papel a través de una audición, pues Nolan no lo conocía) hacen una mancuerna excelente y sirven como los representantes de la soldadesca que, en esos momentos, solo busca sobrevivir. Todos los actores de reparto (incluyendo algunos rostros familiares solo para aquellos que ven la televisión británica) parecen auténticos, salidos de fotografías del período, pero sin duda Tom Hardy se luce una vez más. A pesar de que su rostro está cubierto por una máscara y voz filtrada (algo gracioso, si consideramos su última colaboración con Nolan), logra expresar muchas cosas con tan solo sus ojos, y su personaje es sin duda un héroe de alto calibre (como trivia: el comandante de su escuadrón, al cual solo escuchamos en la radio, es Michael Caine, otro miembro de la compañía Nolan que no podía faltar).

Pero "Dunkirk" no es un simple ejercicio de género, sea este el bélico, el histórico o el de suspenso. Es una película en donde se manifiestan algunos de las inquietudes temáticas de su realizador de una manera bastante orgánica: el heroísmo que surge a través de todo tipo de sacrificios, el legado heroico que se puede desprender aún a través de derrotas, desilusiones y tragedias (en el nivel macro, la evacuación misma de Dunkirk, resumida de manera inmortal por Churchill y conmovedoramente citada en el final de la película; en el nivel micro, la muerte de un personaje que termina por garantizar su deseo más grande en vida), las mentiras piadosas que se tienen que decir para que una persona que ya ha sufrido bastante pueda continuar subida, las nuevas identidades que se asumen por el deseo de supervivencia, los trágicos efectos que a veces pueden ser provocados por acciones nobles (dos escenas en el clímax ilustran este aspecto de manera terrorífica), y más que nada, el heroísmo comunitario. Este es el segundo triunfo de la película: cada acto sin interés propio conlleva a un clímax en donde se pone de manifiesto como la necesidad y bienestar propio son insignificantes cuando se trata de la seguridad y bienestar de los miembros de nuestra comunidad. Sea a través del heroísmo silencioso de un piloto de yate de carácter formal o las decisiones tomadas por un piloto, la búsqueda del bienestar comunal es una de las acciones que más se necesitan en toda la historia y ahora más que nunca. Al finalizar "Dunkirk", no solo sentimos la catarsis creada por la resolución de la tensión, sino por el saber que es posible ayudar a los demás, aun cuando las circunstancias parezcan insuperables. 

9.5/10

lunes, 5 de junio de 2017

ESTRENO: La Mujer Maravilla (Wonder Woman, Patty Jenkins, 2017)








Se necesitaba que una super-heroína salvara al día. Después de tres películas que, para decirlo de una manera diplomática, resultaron controvertidas respecto a su calidad, La Mujer Maravilla (dir. Patty Jenkins) llega a galope tendido y demuestra exitosamente como se hace una película de superhéroes. Contada de manera coherente, con temas claramente fijados y expuestos y apoyado por un libreto que balancea con bienvenida ecuanimidad lo ligero con lo serio, La Mujer Maravilla se siente como una bocanada de aire fresco en estos tiempos. ¡Qué maravilla ver una película de súper héroes donde la protagonista sea una persona que sabe en qué consiste la auténtica heroicidad, y no carga con sus deberes como si se tratase de una roca gigante que obligatoriamente debe de sostener!

Creada por el siquiatra William Marston en 1942, influenciado por su interés en el feminismo y su relación poli-amorosa con dos mujeres fascinantes, la Mujer Maravilla se volvió la super heroína más reconocida de todos los tiempos. Fuera de la animación y de la iconica serie televisiva de los 70’s estelarizada por Lynda Carter, la Mujer Maravilla brilló por su ausencia, con solo intentos fallidos en su historial fílmico. Afortunadamente, esta primera adaptación logra una síntesis efectiva de todos los elementos de los pasados 70 años de historia al tiempo que abre nuevas pautas hacia el futuro. 

La princesa Diana ha vivido por miles de años en Temiscira, cuidada por su madre, la Reina Hipólita (Connie Nielsen), su tía, la generala Antíope (Robin Wright) y la población entera de las amazonas. Creadas por Zeus para servir como puente de harmonía entre los hombres y los dioses del Olimpo, una brutal rebelión efectuada por Ares, el dios de la guerra, ha separado a la humanidad de las amazonas. Esperando el momento en que Ares surja de nuevo, Diana entrena hasta volverse la más poderosa de las amazonas. Cuando el piloto estadounidense Steve Trevor (Chris Pine) es derribado en la playa de Temiscira, Diana descubre que Ares tiene el mundo bajo su control (la percepción de Diana de que los dioses manipulan a los humanos y que estos tienen poco libre albedrío está marcada en la línea clásica, interesantemente), pues el planeta se encuentra en medio de la llamada “Guerra para terminar todas las guerras”. Diana viaja a Inglaterra con Trevor, donde de manera levemente jocosa se tropieza con las convenciones del mundo occidental de los 1910 (genial la escena donde debe conseguir ropa para pasar desapercibida). En Londres, Diana y Trevor son apoyados por un equipo compuesto por la efervescente secretaria Etta Candy (Lucy Davis), el contrabandista nativo-americano conocido como “Jefe” (Eugene Brave Rock), el francotirador escoces Charlie (Ewen Bremner) y el simpático actor-espía políglota Sameer (Saïd Taghmaoui), y parten hacía el grueso de la guerra de trincheras en el frente belga.

La elección de situar esta historia en la Primera Guerra Mundial en vez de la Segunda es brillante. Una de las guerras más confusas en todos los aspectos, fue el inicio de la guerra mecanizada y despersonalizada, una hecatombe en donde se ingeniaron más grandes y letales formas de asesinar al prójimo, y sin archi-villanos tan obvios como en la Segunda. Aunque los villanos físicos en la película son el General Erich Ludendorff (Danny Huston) y la siniestra Dra. Veneno (Elena Anaya), el verdadero enemigo de la Mujer Maravilla es la Guerra misma, y sus encuentros con la guerra la llevan a descubrir que la humanidad es muy compleja...capaz de atrocidades, pero también de bondad y generosidad. Este elemento esencial sirve como motivo para que Diana emprenda su aventura fuera de la isla, pero también nos demuestra la clase de persona que ella es. Cuando pelea, lo hace de manera efectiva y poderosa, motivada por el peligro en que se encuentran las personas inocentes y las personas que ella ama. Sabemos que ella estará fuera de peligro, pero no podemos decir lo mismo sobre esos civiles y los demás personajes. La emoción y la pasión que Diana siente en estos momentos son emitidas de manera efectiva por Gal Gadot, que imprime carisma, bondad, empatía, inteligencia y astucia en todo momento. Para que una película sea exitosa, uno de los requerimientos principales es que el tono de la película esté sincronizado con el tema y con el personaje central. Y este es uno de los éxitos principales de La Mujer Maravilla. Es una cinta donde rige la esperanza, pero no como eslogan vacío, sino como resultado de acciones proactivas en la búsqueda por la paz, sea a través de la defensa en tiempos de guerra o a través del entendimiento con los otros. Cuando vemos a Diana en acción, también los personajes la observan con los mismos ojos que nosotros lo hacemos: ojos de admiración, sorpresa y, claro, maravilla. La primer escena en donde aparece Diana con su armadura y combate a los soldados alemanes en la “Tierra de Nadie” (“No Man’s Land”) es un momento que, además de emocionante, resultado sumamente conmovedor. Genuinamente se siente como si uno viera a una semi-diosa en acción.

Como toda buena película, esta tiene varias escenas que se quedan con uno después de terminada la película. Las escenas de combate son limpiamente filmadas y editadas (en particular, me agrado una pelea de callejón que es claro homenaje a la película de Superman con Christopher Reeve), pero las escenas que más recuerdo son las escenas del toque humano: las conversaciones entre Diana y su madre; la plática nocturna entre Diana y el “Jefe”, quien no toma partido en la Guerra porque su pueblo ya ha sido despojado de todo lo que tenía; la reacción de niña de Diana frente a un cono de nieve y a la mera presencia de un bebé (no hay bebés en Temiscira, y es el primero que ve en persona); el carácter muy humano de Trevor, quien demuestra tener miedo un par de veces, pero aun así cumple con sus misiones de manera intachable (Pine, por cierto, es excelente...hace lo que sabe hacer bien y además funge en ocasiones como el "caballero en peligro", algo bastante divertido); la villanía desbordada de Ludendroff y Veneno en una escena donde masacran a un cuarto entero, evocadora de previas películas que no se tomaban tan en serio; un poético y romántico baile en medio de una villa devastada en donde todavía existe la posibilidad de la supervivencia; una revelación final sobre un personaje que dejo atónito y felizmente desconcertado (disfruto el no percatarme de cosas antes de tiempo).

Vi está película en una sala de cine donde había varias niñas. Frente a nosotros, tres niñas veían la película con mirada fija. No pude observar sus rostros, pero era claro que estaban sintiendo lo mismo que yo y muchos niños hemos sentido por décadas: emoción pura, de esa que te paraliza al sentir ese roce con una figura mítica que hace todo lo que tu quisieras hacer, solo que ahora con la figura de una mujer. Espero que esta sea la primera muchas experiencias similares. En estos tiempos en los que las instituciones en todo el mundo se encuentran en tela de juicio y pareciera que la ficción solo parece enfocarse en héroes moralmente ambiguos, una nueva esperanza se cierna sobre el horizonte de nuestra cultura colectiva. Y se trata de una súper mujer (10/10).

martes, 30 de mayo de 2017

Tres películas de 2016 para ver en Netflix (1)


Tres excelentes películas estrenadas en 2016 para ver en Netflix. Las tres películas son de 10.

1. La delgada línea amarilla (2016). Película debut de Celso R. García, La delgada línea amarilla es una maravillosa película mexicana que demuestra que hay muchas historias que contar sobre las personas trabajadoras del país. Es la historia de don Antonio (Demian Alcazar), un ex-jefe de obras de carreteras que durante los últimos 20 años ha fungido como velador de un lote de chatarra. Cuando sus jefes lo reemplazan con un perro, don Antonio una vez más se encuentra en la deriva, hasta que se reencuentra con un ingeniero (Fernando Becerril) con el que había trabajado décadas atrás. El ingeniero lo contrata como capataz para pintar las líneas en más de 200 kilómetros de carretera, junto con un equipo disparatado conformado por el trailero Gabriel(Joaquín Cosío); Atayde, un ex trabajador de circo (Silverio Palacios); Mario, un ex convicto (Gustavo Sánchez Parra); y Pablo, un silencioso muchacho de actitud serena (Américo Hollander). Cada miembro del grupo tiene sus propias metas de vida y personalidades perfectamente delineadas. Los 90 minutos que duran la película se esfuman sin problema, debido a que los parlamentos son chispeantes y tan vivos como las mejores conversaciones de la vida real, así como por la serie de complicaciones e incidentes a los que se tienen que enfrentar los personajes. La relación entre los cinco hombres es sumamente conmovedora y hay momentos de gran poesía humana. Es una película que se puede disfrutar en familia y una de las mejores muestras recientes de como hacer un drama mexicano de gran calidad en cuanto a dirección, guionismo, actuación y humanismo. (95 minutos, recomendado para 12 años en adelante)


2. Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, 2016). El triunfal regreso de Mel Gibson en la silla del director después de diez años, Hasta el último hombre es la historia verdadera de Desmond Doss, un devoto adventista que enlistó como médico de combate durante la Segunda Guerra Mundial, rehusándose a entrenar en el manejo de las armas. Sus creencias no-violentas y su pacifismo devoto le ganaron la enemistad de sus camaradas y superiores, quien veían en el no solo a un cobarde, sino un punto débil al momento de defender a sus camaradas durante las batallas. Pero Doss demostró una valentía sobrehumana al salvarle la vida a más de 70 de sus camaradas (y algunos de sus enemigos) durante una feroz batalla en un acantilado cerca de Okinawa. Moviéndose entre los gentiles parajes de Virginia Occidental y la apocalíptica zona de guerra, la película retrata el poder que la violencia ejerce en el mundo, sea en la familia o entre los gobiernos, y como un solo individuo puede ejercer un cambio positivo a través de sus convicciones. Apoyado por un reparto sólido que incluye a Hugo Weaving, Teresa Palmer, Vince Vaughn, Sam Worthington y Rachel Griffiths, Andrew Garfield demostró ser uno de los mejores actores de su generación con está película y Silence. Y Gibson demuestra una vez más que es uno de los mejores directores activos, con su dominio del ritmo, encuadres y coreografías, y que nadie le supera en lo que se refiera a filmar historias sobre héroes cristianos en situaciones ultra-violentas.(139 minutos, Recomendado para 18 años en adelante)



3. The Witness. Impactante documental sobre uno de los asesinatos más infames de Estados Unidos. El brutal apuñalamiento de Kitty Genovese en Nueva York se volvió un caso conocido y estudiado en las universidades debido a que duró más de media hora en efectuarse (el agresor se detuvo por un momento, pensando que iba a ser delatado, pero volvió al percatarse de la falta de acción de vecinos y policías) y que tuvo lugar en medio de una calle habitada por docenas de personas, volviéndose un símbolo de la apatía citadina en general y neoyorkina en particular. Casi cincuenta años después, Bill Genovese comienza una investigación personal para confirmar (o destruir) la serie de mitos que se forjaron sobre esa noche, así como entablar una búsqueda para saber más sobre su querida hermana mayor, de quien aun desconoce muchas cosas sobre su vida. El documental contiene escenas de revelaciones y testimonios impactantes y una variedad de recursos diferentes (ilustraciones narradas, por ejemplo). Pero al final lo que cuenta es la imagen que aparece de Kitty, una mujer con una vida interesante pero enteramente opacada por sus trágicos últimos momentos, y un retrato sobre la obsesión y el dolor acarreados por Bill. La última media hora contiene momentos estremecedores que sacudieron mis emociones. (89 minutos, Recomendado para 15 años en adelante)