miércoles, 16 de agosto de 2017

"Baby Driver" ("Baby: El aprendiz del crimen", Edgar Wright, 2017)



Con tan solo seis largometrajes, Edgar Wright ya se ha hecho de una reputación bien merecida como un hábil libretista y un experto en el lenguaje cinematográfico. El cineasta inglés originario de Dorset se abrió paso en colaboración con sus amigos Simon Pegg y Nick Frost gracias a su programa de culto “Spaced”, a la que le siguió la celebrada Trilogía Cornetto iniciada con Shaun of the Dead. Su primer intento hollywoodense fue “Scott Pilgrim Vs. The World”, que si bien demostró su habilidad visual difícil de replicar, no logró la esperada trascendencia económica. Después de una aparatosa relación con Marvel Studios que terminó con su despido de la filmación de “Ant Man”, Wright decidió llevar a cabo un proyecto que había concebido por vez primera en 1994. Con ansias de filmar una película de crimen e inspirada por la obra debut (y quizás maestra) de Walter Hill, “The Driver”, Wright escribió la película “Baby Driver”, subtitulada en México como “El aprendiz del crimen”.

“Baby” es el sobrenombre de un joven (Ansel Elgort) que se dedica a manejar los autos de bandas de asaltantes en la ciudad de Atlanta. Estos atracos son organizados, planeados y coordinados por Doc (Kevin Spacey), un jefe gansteril de carácter pragmático. Baby está endeudado con Doc debido a un incidente previo, y sus casi sobrenaturales habilidades para manejar son su manera de saldar la deuda. Baby es huérfano desde pequeño, y sufre de tinnitus (un malestar auditivo donde se escucha un sonido chillante sin razón alguna) debido a un accidente de la infancia. Para remediar esto, pasa la mayor parte de su tiempo escuchando música a través de una variedad de iPods. Su vida personal es una extensión de este malestar. Vive con su padre adoptivo, Joseph (CJ Jones), un anciano afroamericano que es minusválido y sordomudo. Por razones como está, Baby habla poco y cuando lo hace sus palabras son entrecortadas o murmuradas. Esto cambia levemente cuando conoce a la bella mesera Deborah (Lily James), cuya simpatía y amistad provocan un cambio en la vida de Baby. Aunque su trato con Doc tiene un punto límite, el gánster convence a Baby para que trabaje con él en un nuevo atraco, en donde también participaran el amistoso y gallardo Buddy (Jon Hamm), la bella y peligrosa Darling (Eiza González) y el psicópata inestable Bats (Jamie Foxx).

Los que están familiarizados con las películas de Wright esperan con gran anticipación sus películas debido a su estilo dinámico e imaginativo. Para aquellos que son neófitos, les espera un banquete de lujo. Sin importar la escena, Wright usa su cámara de manera segura y con un dinamismo clásico. En la película ocurren tres atracos, y cada uno es un despliegue de tensión, acción y catarsis. Para aquellos que (como yo) tienden a aburrirse con las persecuciones de automóviles quedarán satisfechos con estas escenas, no solo por la acción sino porque cada una es como una historia en sí misma, con una trama, conflicto y resolución, lo cual es exactamente como debe de suceder en una buena película de acción. Y si bien “Baby Driver” es la primera película de Wright que no es primordialmente una comedia—el bajo mundo criminal y sus ciudadanos son amorales, crueles y con sus propios códigos—tiene algunas escenas cómicas que causan risa genuina. Como dos ejemplos: Doc discute con Bats de manera apasionada mientras dibuja en un pizarrón un mapa detallado con todo y anotaciones sin perder el ritmo y en uno de los atracos un asaltante bastante torpe confunde la orden de conseguir mascaras del asesino Michael Myers con máscaras del actor Mike Myers caracterizado como Austin Powers. Más ejemplos abundan, y aunque la película no está tan cargada de referencias a otras películas y series como las otras obras de Wright, hay algunas alusiones importantes, y una en especial sobre “Monsters Inc.” que termina siendo el chiste más largo de la película. Pero aún más que la comedia y las emociones, “Baby Driver” es una historia sobre un joven que busca una vida mejor y que siente un gran amor y responsabilidad tanto por su padre adoptivo como por Debora. Su noble corazón se contrasta con el mundo donde navega y la música que escucha constantemente es como un monologo constante consigo mismo y con nosotros. La gran mayoría de las escenas de “Baby Driver” tienen canciones de fondo de una amplia variedad de años y géneros, y prácticamente hace que la película sea un musical. Tan cuidada es la relación entre imagen, libreto y música que muchas de los momentos de la película están al compás de los instrumentos y vocales de cada canción. Baby planifica los atracos alrededor de una lista de reproducción que marca el ritmo de su trabajo, lo cual nos otorga una experiencia que nos sumerge en su mundo y perspectiva.

Las actuaciones son uniformemente buenas. Aunque Elgort tiene un rostro al que le falta “carácter”, esto resulta bien para su personaje, tal como resultó bien para el también seco Ryan O’Neal en “The Driver”; Lily James es un cumulo angelical de luz en este mundo oscuro;  Doc es un personaje con muchas capas y que dice algunos de los mejores chistes de la película; Bats es uno de los personajes más odiosos que he visto en mucho tiempo; Darling tiene carisma y una ferocidad silenciosa que sale a relucir de manera inesperada y Buddy es un personaje complejo, cordial en casi todo momento pero capaz de violencia tremenda y gran resistencia; y CJ Jones como Joseph es una revelación conmovedora, y un caso en que un personaje discapacitado es interpretado por un actor que comparte su condición. Jon Bernthal y Flea, el bajista de los Red Hot Chilli Peppers, también aparecen como maleantes.

“Baby Driver” es una película que avanza hacia arriba y que contiene una serie de giros y momentos emocionales efectivos. Un clímax cargadísimo de acción y un final que resulta un poco más largo de lo que debe cierran muy bien la película, pero como todo conductor o pasajero sabe la mayor parte del tiempo es el tramo lo que termina siendo aún mejor que el destino. Este trayecto particular es uno iluminado con colores vibrantes, música de lujo y parajes que les robaran el aliento. Corran o consigan raite a la función más cercana. 9.5/10.

miércoles, 9 de agosto de 2017

"Dunkirk" (Christopher Nolan, 2017)





Después de una serie de películas impresionantes cuya dimensión ética y estética parece haber alcanzado su apogeo más grande con "Interestelar", Christopher Nolan no tenía otra opción para su siguiente película sino bajar de nuevo al planeta Tierra y a la tercera dimensión. Tras explorar el subconsciente, la Quinta Dimensión, el mundo de la magia victoriana, las mentes fragmentadas de personajes de cine negro y Ciudad Gótica, Nolan escogió un tema histórico y bélico para su siguiente proyecto. "Dunkirk" ("Dunquerque", en castellano) relata uno de los momentos más cardiacos y, al final de cuentas, casi milagrosos que ocurrieron en la Segunda Guerra Mundial. El año es 1940 y la guerra tiene meses de comenzada (pocas películas han tratado el tema; en "Expiación", se le dedica una memorable secuencia de toma larga a este suceso). A pesar de los intentos de Gran Bretaña y Francia de proteger a este segundo país de la avanzada alemana, las fuerzas hitlerianas lograron empujar a ambos ejércitos aliados hacía la coste del norte. Sin más opción que evacuar Francia, los britanos se encuentran en su momentos más desesperado. Para empeorar su desesperación, la distancia que separa a su país de Francia a través del Canal de la Mancha es tan corta que se puede vislumbrar a la distancia ("Prácticamente podemos nuestro hogar desde aquí", observa el comandante Bolton, interpretado por un flemático, pero a la vez humano Kenneth Brannagh). No solo eso, sino que el gobierno británico no podía movilizar al grueso de su armada para rescatar a los más de 400,000 soldados al otro lado del mar, pues se preparan para la siguiente batalla. Bajo las órdenes de Churchill, se decomisan todos los navíos civiles posibles con la intención de conseguir el rescate de, optimistamente, 40,000 soldados antes de que los alemanes, quienes disparan balas y bombas sobre las ansiosas filas británicas, terminen por destrozar al grueso del ejército derrotado.

Una historia de este tipo podría contarse de la manera más derecha y convencional posible. Sin duda, aquellos acostumbrados a películas de este índole se imaginan todas las convenciones de las que se echaran manos: personajes ficticios que representan a los soldados con los que la audiencia ha de simpatizar, oficiales flemáticos que explican todo el contexto y la operación por un muy largo trecho y con varios monólogos, una cronología linear que termina por eliminar todo el suspenso posible del que se pudiera sacar de una película con contenido histórico y cuyo final ya se sabe. Pero Nolan es un libretista y realizador que planea diferente y que domina el arte cinematográfico como pocos. Dado que nunca ha hecho una película en la que no rompa con la cronología interna de sus relatos, "Dunkirk" no es la excepción. La película se divide en tres segmentos paralelos en tres locaciones distintas: el muelle donde los soldados esperan ser evacuados, un botecito donde el valiente Sr. Dawson (Mark Rylance) navega para rescatar a todos los soldados posibles acompañado por su hijo y un joven amigo; y en el aire, donde acompañamos a dos pilotos, Farrier (Tom Hardy) y Collins (Jack Lowden), quienes deben arribar a Dunkirk con el combustible que tienen, al mismo tiempo que disparan y persiguen aviones alemanes cuyo propósito es destruir a los soldados y a los navíos. Una semana transcurre en el muelle, un día en el barco y una hora en el aire. Esta brillante desfragmentación del tiempo sirve dos propósitos narrativos valiosos: primero, le da una estructura dramática a los tres segmentos con sus respectivos trayectos narrativos y de personaje, que al final de cuenta terminan por reunirse; segundo, establece el ritmo de la película a manera que los segmentos no son lastres concatenados entre secuencias, sino una historia coherente y rápida; esto, en tercer lugar, le brinda la segunda corriente de género a la película: el suspenso.

La idea de la película llegó a Nolan en 1992, cuando cruzó el canal de la Mancha en un pequeño barco con unos amigos en un transcurso de 19 horas. Transportándose al pasado, Nolan comenzó a pensar en lo que tuvieron que pasar los soldados ingleses durante esa cruenta semana de evacuación. Su viaje de 19 horas sirvió de punto de inicio para entender que el tiempo es relativo. Más Hitchcock que Spielberg, el suspenso es la fuerza dominante de la película, no solo por los giros y reveses que sufren los tres jóvenes soldados ingleses (Finn Whitehead, Aneurin Barnard y Harry Styles) que buscan escapar de Dunkirk a cualquier costo, sino en la historia del yate del Sr. Dawson tras recoger a un soldado en shock (Cillian Murphy), cuya inestabilidad y rechazo a volver a Dunkirk lo señalan como una bomba de tiempo; y en el caso de los pilotos, ya que Farrier no puede ver cuanta gasolina le queda pues su medidor de combustible es atravesado por una bala alemana, forzándolo a una elección constante entre aterrizar o continuar protegiendo a sus camaradas. Es la definición pura de suspenso: la audiencia sabe que hay una bomba a punto de estallar, y la tensión se deriva de ver cuándo sucederá. Este es uno de los dos grandes triunfos de la película, ayudado en gran parte por la edición y la banda sonora de Hans Zimmer, impresionante debido a la manera en la que evoca las altas y bajas emocionales de la película en todo momento.

El concepto original de Nolan era la de no tener un libreto y filmar las escenas con base a un bosquejo, pero su esposa (y productora) le convención de lo contrario. Aun así, el libreto final debe de ser ligero, pues el dialogo es muy poco. Aunque Nolan ha manifestado que esto se debe a su deseo de demostrar el poder que tiene el cine en su forma más pura (a través de los elementos audiovisuales), esta decisión también está apoyada por las circunstancias: difícilmente los tres jóvenes soldados tienen mucho tiempo para hablar casualmente sobre sí mismos. Nolan escogió sabiamente a sus actores jóvenes: la mayoría de los soldados ingleses ("Tommies", como se les dice en Inglaterra) eran muchachos que apenas pasaban de los 18 años, y se nota. Los actores desconocidos Whitehead y Barnard, así como él (sorpresivamente) bueno, Harry Styles (quien ganó su papel a través de una audición, pues Nolan no lo conocía) hacen una mancuerna excelente y sirven como los representantes de la soldadesca que, en esos momentos, solo busca sobrevivir. Todos los actores de reparto (incluyendo algunos rostros familiares solo para aquellos que ven la televisión británica) parecen auténticos, salidos de fotografías del período, pero sin duda Tom Hardy se luce una vez más. A pesar de que su rostro está cubierto por una máscara y voz filtrada (algo gracioso, si consideramos su última colaboración con Nolan), logra expresar muchas cosas con tan solo sus ojos, y su personaje es sin duda un héroe de alto calibre (como trivia: el comandante de su escuadrón, al cual solo escuchamos en la radio, es Michael Caine, otro miembro de la compañía Nolan que no podía faltar).

Pero "Dunkirk" no es un simple ejercicio de género, sea este el bélico, el histórico o el de suspenso. Es una película en donde se manifiestan algunos de las inquietudes temáticas de su realizador de una manera bastante orgánica: el heroísmo que surge a través de todo tipo de sacrificios, el legado heroico que se puede desprender aún a través de derrotas, desilusiones y tragedias (en el nivel macro, la evacuación misma de Dunkirk, resumida de manera inmortal por Churchill y conmovedoramente citada en el final de la película; en el nivel micro, la muerte de un personaje que termina por garantizar su deseo más grande en vida), las mentiras piadosas que se tienen que decir para que una persona que ya ha sufrido bastante pueda continuar subida, las nuevas identidades que se asumen por el deseo de supervivencia, los trágicos efectos que a veces pueden ser provocados por acciones nobles (dos escenas en el clímax ilustran este aspecto de manera terrorífica), y más que nada, el heroísmo comunitario. Este es el segundo triunfo de la película: cada acto sin interés propio conlleva a un clímax en donde se pone de manifiesto como la necesidad y bienestar propio son insignificantes cuando se trata de la seguridad y bienestar de los miembros de nuestra comunidad. Sea a través del heroísmo silencioso de un piloto de yate de carácter formal o las decisiones tomadas por un piloto, la búsqueda del bienestar comunal es una de las acciones que más se necesitan en toda la historia y ahora más que nunca. Al finalizar "Dunkirk", no solo sentimos la catarsis creada por la resolución de la tensión, sino por el saber que es posible ayudar a los demás, aun cuando las circunstancias parezcan insuperables. 

9.5/10

lunes, 5 de junio de 2017

ESTRENO: La Mujer Maravilla (Wonder Woman, Patty Jenkins, 2017)








Se necesitaba que una super-heroína salvara al día. Después de tres películas que, para decirlo de una manera diplomática, resultaron controvertidas respecto a su calidad, La Mujer Maravilla (dir. Patty Jenkins) llega a galope tendido y demuestra exitosamente como se hace una película de superhéroes. Contada de manera coherente, con temas claramente fijados y expuestos y apoyado por un libreto que balancea con bienvenida ecuanimidad lo ligero con lo serio, La Mujer Maravilla se siente como una bocanada de aire fresco en estos tiempos. ¡Qué maravilla ver una película de súper héroes donde la protagonista sea una persona que sabe en qué consiste la auténtica heroicidad, y no carga con sus deberes como si se tratase de una roca gigante que obligatoriamente debe de sostener!

Creada por el siquiatra William Marston en 1942, influenciado por su interés en el feminismo y su relación poli-amorosa con dos mujeres fascinantes, la Mujer Maravilla se volvió la super heroína más reconocida de todos los tiempos. Fuera de la animación y de la iconica serie televisiva de los 70’s estelarizada por Lynda Carter, la Mujer Maravilla brilló por su ausencia, con solo intentos fallidos en su historial fílmico. Afortunadamente, esta primera adaptación logra una síntesis efectiva de todos los elementos de los pasados 70 años de historia al tiempo que abre nuevas pautas hacia el futuro. 

La princesa Diana ha vivido por miles de años en Temiscira, cuidada por su madre, la Reina Hipólita (Connie Nielsen), su tía, la generala Antíope (Robin Wright) y la población entera de las amazonas. Creadas por Zeus para servir como puente de harmonía entre los hombres y los dioses del Olimpo, una brutal rebelión efectuada por Ares, el dios de la guerra, ha separado a la humanidad de las amazonas. Esperando el momento en que Ares surja de nuevo, Diana entrena hasta volverse la más poderosa de las amazonas. Cuando el piloto estadounidense Steve Trevor (Chris Pine) es derribado en la playa de Temiscira, Diana descubre que Ares tiene el mundo bajo su control (la percepción de Diana de que los dioses manipulan a los humanos y que estos tienen poco libre albedrío está marcada en la línea clásica, interesantemente), pues el planeta se encuentra en medio de la llamada “Guerra para terminar todas las guerras”. Diana viaja a Inglaterra con Trevor, donde de manera levemente jocosa se tropieza con las convenciones del mundo occidental de los 1910 (genial la escena donde debe conseguir ropa para pasar desapercibida). En Londres, Diana y Trevor son apoyados por un equipo compuesto por la efervescente secretaria Etta Candy (Lucy Davis), el contrabandista nativo-americano conocido como “Jefe” (Eugene Brave Rock), el francotirador escoces Charlie (Ewen Bremner) y el simpático actor-espía políglota Sameer (Saïd Taghmaoui), y parten hacía el grueso de la guerra de trincheras en el frente belga.

La elección de situar esta historia en la Primera Guerra Mundial en vez de la Segunda es brillante. Una de las guerras más confusas en todos los aspectos, fue el inicio de la guerra mecanizada y despersonalizada, una hecatombe en donde se ingeniaron más grandes y letales formas de asesinar al prójimo, y sin archi-villanos tan obvios como en la Segunda. Aunque los villanos físicos en la película son el General Erich Ludendorff (Danny Huston) y la siniestra Dra. Veneno (Elena Anaya), el verdadero enemigo de la Mujer Maravilla es la Guerra misma, y sus encuentros con la guerra la llevan a descubrir que la humanidad es muy compleja...capaz de atrocidades, pero también de bondad y generosidad. Este elemento esencial sirve como motivo para que Diana emprenda su aventura fuera de la isla, pero también nos demuestra la clase de persona que ella es. Cuando pelea, lo hace de manera efectiva y poderosa, motivada por el peligro en que se encuentran las personas inocentes y las personas que ella ama. Sabemos que ella estará fuera de peligro, pero no podemos decir lo mismo sobre esos civiles y los demás personajes. La emoción y la pasión que Diana siente en estos momentos son emitidas de manera efectiva por Gal Gadot, que imprime carisma, bondad, empatía, inteligencia y astucia en todo momento. Para que una película sea exitosa, uno de los requerimientos principales es que el tono de la película esté sincronizado con el tema y con el personaje central. Y este es uno de los éxitos principales de La Mujer Maravilla. Es una cinta donde rige la esperanza, pero no como eslogan vacío, sino como resultado de acciones proactivas en la búsqueda por la paz, sea a través de la defensa en tiempos de guerra o a través del entendimiento con los otros. Cuando vemos a Diana en acción, también los personajes la observan con los mismos ojos que nosotros lo hacemos: ojos de admiración, sorpresa y, claro, maravilla. La primer escena en donde aparece Diana con su armadura y combate a los soldados alemanes en la “Tierra de Nadie” (“No Man’s Land”) es un momento que, además de emocionante, resultado sumamente conmovedor. Genuinamente se siente como si uno viera a una semi-diosa en acción.

Como toda buena película, esta tiene varias escenas que se quedan con uno después de terminada la película. Las escenas de combate son limpiamente filmadas y editadas (en particular, me agrado una pelea de callejón que es claro homenaje a la película de Superman con Christopher Reeve), pero las escenas que más recuerdo son las escenas del toque humano: las conversaciones entre Diana y su madre; la plática nocturna entre Diana y el “Jefe”, quien no toma partido en la Guerra porque su pueblo ya ha sido despojado de todo lo que tenía; la reacción de niña de Diana frente a un cono de nieve y a la mera presencia de un bebé (no hay bebés en Temiscira, y es el primero que ve en persona); el carácter muy humano de Trevor, quien demuestra tener miedo un par de veces, pero aun así cumple con sus misiones de manera intachable (Pine, por cierto, es excelente...hace lo que sabe hacer bien y además funge en ocasiones como el "caballero en peligro", algo bastante divertido); la villanía desbordada de Ludendroff y Veneno en una escena donde masacran a un cuarto entero, evocadora de previas películas que no se tomaban tan en serio; un poético y romántico baile en medio de una villa devastada en donde todavía existe la posibilidad de la supervivencia; una revelación final sobre un personaje que dejo atónito y felizmente desconcertado (disfruto el no percatarme de cosas antes de tiempo).

Vi está película en una sala de cine donde había varias niñas. Frente a nosotros, tres niñas veían la película con mirada fija. No pude observar sus rostros, pero era claro que estaban sintiendo lo mismo que yo y muchos niños hemos sentido por décadas: emoción pura, de esa que te paraliza al sentir ese roce con una figura mítica que hace todo lo que tu quisieras hacer, solo que ahora con la figura de una mujer. Espero que esta sea la primera muchas experiencias similares. En estos tiempos en los que las instituciones en todo el mundo se encuentran en tela de juicio y pareciera que la ficción solo parece enfocarse en héroes moralmente ambiguos, una nueva esperanza se cierna sobre el horizonte de nuestra cultura colectiva. Y se trata de una súper mujer (10/10).

jueves, 1 de junio de 2017

ESTRENO: "Get Out" ("Huye", Jordan Peele, 2017)

Una película de terror, misterio y sátira social cumple una semana en las carteleras Hermosillo. "Huye" ("Get Out"), debut como director y guionista de cine del comediante Jordan Peele, batió records en taquilla y una de las mejores recepciones críticas en lo que va del año. Chris, un fotógrafo afroamericano, acompaña a su novia blanca Rose a conocer a sus padres. La visita coincide con una celebración de cumpleaños en donde varios amigos de la familia visitan. Los padres de Rose son médicos bien intencionados, pero Chris siente algo de incomodidad debido a la interacción social que tiene con ellos. Esta interacción empeora con la llegada de los visitantes, pues estos hacen comentarios y preguntas estereotipicas e hirientes, y se toman libertades al momento de tocarlo. De manera aún más extraña, hay dos trabajadores afroamericanos que se comportan de manera extraña, y otro que parece estar casado con una mujer blanca 30 años mayor que él. La atmósfera perturbadora que se cierne sobre Chris comienza dar paso a una verdad aterradora.
Siguiendo la escuela de terror del gran Ira Levin que con sus novelas "El bebé de Rosemary" y "Las esposas de Stepford" se volvió el maestro de la cotidianidad siniestra y de la sátira social. Frases aparentemente inocentes y elementos de interacción social adquieren matices terroríficos dentro de estas historias, donde personas comunes y corrientes se ven envueltas en conspiraciones macabras de las que parece no hay escape. "Huye" es una película con muchas capas de significado y un buen elemento de crítica social desde el punto de vista afroamericano. Se beneficia de una segunda vuelta o de leer datos escritos por otras personas, pues tiene cosas muy sutiles que hacen que la película sea aún mas siniestra. Pero durante la primera vez que se ve aún así se puede disfrutar de una excelentemente ejecutada película de suspenso, con excelentes actores y una manera de ser filmada y editada que se remontan a la época de oro del cine de terror en los 70's, tanto por sus cámaras dinámicas, como por su encuadre, música y la sofistificación de los actores y del libreto. Asimismo, Peele demuestra sus orígenes como cómica, pues ademas de que muchos de los elementos satíricos están finamente (y de manera macabra, graciosamente) integrados a los elementos siniestros. También existe un personaje, el mejor amigo de Chris, que ofrece gratos momentos de comedia pura.
"Huye" es una película recomendada para los que prefieren películas inteligentes y que los perturben partiendo de temas, inquietudes y paranoias reales. Los que le sacan la vuelta a las películas de terror debido a los sustos repentinos no tienen mucho de que preocuparse con esta cinta. "Huye" es lo bastante inteligente como para saber que algunas de las cosas que más nos perturban no saltan de rincones oscuros, sino de las obsesiones y deseos de control de la sociedad actual. 9/10