jueves, 15 de marzo de 2018

The Death of Stalin ("La muerte de Stalin", Armand Ianucci, 2017, Reino Unido)





El totalitarismo por naturaleza se presta a la comedia del absurdo. En un sistema autocrático, la realidad se ajusta a la voluntad del dictador y su régimen, por lo que la alteración de la historia, los protocolos represores, la construcción de una sociedad de delatores y la tensión diaria y constante de cometer alguna falta, por pequeña y absurda que parezca, que le cueste la vida o la libertad al "infractor" son elementos que han sido explorados y explotados por escritores y comediantes desde la antigüedad hasta nuestros días. El régimen soviético bajo Stalin es, quizás, el más efectivo y característico de este tipo de sistema autocrático, sembrador de paranoia y manipulador de realidades. Armando Ianucci, el brillante libretista de la comedia política actual, gracias a las series The Thick of It and Veep, y la película In the Loop, recrea las convulsiones políticas que acontecieron tras la muerte del Hombre de Hierro en su brillante película La muerte de Stalin, una de las mejores comedias de la década.

Es 1953 y gracias al siniestro jefe de la policía secreta, Lavrenti Beria (Simon Russell Beale) y a una atmosfera de paranoia constante, Stalin (Adrian McLoughin) domina las vidas y voluntades de toda la Unión Soviética. Los principales miembros de la junta directiva del partido (o Politburó) en ese momento son Beria, el secretario del partido comunista Nikita Khrushchev  (Steve Buscemi), el asistente director del comité Georgy Malenkov (Jeffrey Tambor) y el secretario de relaciones extranjeras Vyacheslav Molotov (Michael Palin). Estos hombres mantienen una relación de servilismo hacia el dictador, quien, por sus pistolas, los reúne en juntas a altas horas de la madrugada en su dacha (casa de campo) y prácticamente les ordena a que se queden a ver una película de vaqueros, aun cuando estén cabeceándose y el mismo Stalin este trabajando en su oficina. Khrushchev , como ritual de todas las noches, le cuenta a su esposa cuales fueron los mejores chistes que divirtieron a Stalin, para saber que decir o que omitir en próximas reuniones.

Stalin sufre una hemorragia cerebral tras leer una nota de la pianista Maria Yudina (Olga Kurylenko), quien lo condena por sus crímenes y traición a Rusia. El Politburó, a través de una acrobacia mental impresionante, dilata en atender medicamente a su líder, esperando su próxima muerte. El hecho de que los mejores doctores de Rusia actualmente se encuentren en los gulags debido a un supuesto complot por parte de la comunidad médica facilita las cosas. Ni tardos ni perezosos, los líderes rusos comienzan sus maquinaciones politicas. Beria cancela la última lista de la purga estalinista y establece nuevas reformas, para furia del auténtico "reformador", Khrushchev , quien ahora debe convencer a sus compañeros del Politburó de apoyarlo a él para destruir la influencia del sádico Beria. Malenkov, por su parte, asume la presidencia del Politburo y se convierte en títere de Beria, ya que es un hombre incompetente, vanidoso, neurótico y torpe en todos los aspectos, más preocupado en conseguir la mejor ropa para los eventos y fotografías oficiales, o en encontrar a una niña que apareció con Stalin durante un evento público hace años para así demostrar "continuidad". Mientras tanto, los hijos de Stalin, la devota y sobria Svetlana (Andrea Riseborough) y el paranoico, tonto y alcohólico Vasily (Rupert Friend), son reconfortados o controlados por los demás hombres. Y todo esto acontece antes de la llegada del mariscal Zhukov (Jason Isaacs), el líder el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial, osado y lleno de confianza en sí mismo, y ansioso por pelear con quien sea.

Ianucci comprime una serie de eventos que acontecieron a lo largo de unos meses, haciendo que la acción narrativa suceda en cuestión de días. Esto no es solo una libertad dramática, pero un recurso que formaliza a La muerte de Stalin como una comedia de errores, una farsa hilarante. Los políticos soviéticos traman y maniobran con rapidez y agilidad, pero con mucha torpeza de por medio. Ianucci es un maestro de la sátira política principalmente porque desnuda los protocolos y los maquillajes institucionales para demostrar cómo el mundo de la política es como cualquier otro ambiente de competencia laboral, con seres humanos repletos de vicios y mezquindades, deseosos de alcanzar el poder para salvaguardar intereses, sin importarles el destino de la ciudadanía. Los diálogos de Ianucci son celebres porque son brutales, ásperos, concisos e hilarantes. Sus personajes son artistas de la grosería, pues espetan frases tajantes que son puntualizadas con creativos insultos o usos certeros de las palabras altisonantes. 

El mundo del autoritarismo soviético es un mundo carnavalesco. Bajtín, víctima de Stalin, debió tener muy presente a Stalin y compañía cuando formalizo sus teorías. Ianucci hace una representación perfecta de esta sociedad terrorífica. No minimiza las ejecuciones en masa, ni los arrestos colectivos, ni la alteración de la historia, ni la represión de la libertad individual y colectiva: hay tintes de humor macabro en estos momentos, pero estos son tratados con el debido respeto. Pero la violencia y la opresión son parte del mundo bufonesco que se ha construido en esta sociedad. La muerte de Stalin demuestra un brillante trabajo de transliteración: para empezar, los actores (ingleses y estadounidenses) no adoptan acentos rusos, sino que preservan sus acentos nativos (o, en el caso de Isaacs, adopta la variante regional de Yorkshire para su personaje) y esto contribuye a la misma construcción de sus personajes: el acento neoyorkino en Buscemi apoya su caracterización de Khrushchev  como un astuto manipulador que sabe improvisar ante las circunstancias, y ese mismo acento le da a Tambor su característica personalidad de neurótico intransigente, de un hombre que quiere dominar, pero siempre se encuentra a punto de desmoronarse. La transliteración de la película también acerca más al espectador a los eventos de la película y a la psicología de los personajes: sus diálogos, de carácter británico-americano contemporáneo, no solo son la principal herramienta humorística, sino que posibilitan un mejor entendimiento del momento histórico que muchas películas de época más "serias". La muerte de Stalin es, entonces, reconstrucción de una época, sátira política y parodia del drama histórico moderno.

La película es una joya de la comedia. Existen demasiados ejemplos para mencionar, pero vale la pena señalar ciertos elementos específicos: el elemento Pythonesco de la película es reforzado por la presencia del maravilloso Michael Palin, como el veterano Molotov, quien ha adquirido una cobardía pragmática frente a Stalin, al grado que sigue creyendo que su esposa es una traidora al régimen, a pesar de las aclaraciones de Beria y Khrushchev ; Palin también emite un monologo que es un brillante ejemplo del "doblepensar" que Orwell señaló como marca esencial del totalitarismo en muchas de sus obras, incluyendo 1984. Los artilugios de Buscemi como Khrushchev  incluyen truncos intentos de cambiar de posición con Malenkov mientras velan a Stalin, pretendiendo que es parte de la ceremonia, una buena representación del humor carnavalesco y desacralizado de la película; otros secretarios del Politburó hacen piruetas similares y una buena parte del humor es como las amenazas explícitas de asesinato en ocasiones tratan de taparse como si fuesen sencillos reclamos entre "camaradas".

La muerte de Stalin es la comedia más completa que he visto de 2017, y de muchos años previos. El lado oscuro del mundo representado en la cinta siempre está presente, y el final de la trama es un momento macabro y aterrador que culmina en súplicas tremendas y ejecuciones sumarias. Pero aún ese momento final es una extensión natural de la comedia del estalinismo que Ianucci y sus actores han representado brillantemente. En los tiempos actuales somos testigos diarios de un circo-carnaval con tintes autoritarios que lo mismo ultraja que causa risa o incredulidad. La muerte de Stalin no es entonces solo una comedia negra, sino un espejo hacia al pesado con chistes contados entre balas y desapariciones.





sábado, 17 de febrero de 2018

Pantera Negra (Black Panther, Ryan Coogler, 2018, EUA)







“Pantera Negra” ofrece una excelente variación en la serie de películas de Marvel que la hace destacarse sobre la mayoría de las películas de la franquicia. El país ficticio de Wakanda en el que está ambientada la película es un país africano que nunca fue colonizado por los imperios europeos, y gracias a los ricos depósitos de vibranio que cayeron, literalmente, del cielo, los wakandianos desarrollaron una sociedad científica con tecnología avanzada. Su monarca y protector usa el traje de la pantera negra para luchar y proteger al pueblo wakandiano. El mundo desconoce que Wakanda no es un montañoso país tercermundista, sino el país más desarrollado del mundo. Manteniendo sus creencias y costumbres ancestrales, la película refleja una sociedad que si bien es utópica, representa los anhelos de las comunidades negras del mundo: autonomía, independencia y la preservación de una comunidad e identidad propias.

No es coincidencia que esta película no tenga cameos o apariciones de los superhéroes ya establecidos del universo Marvel. El rey T’Challa, su familia y sus vasallos se valen por si mismos, y los conflictos internos y externos a los que se enfrentan son conflictos que ellos mismos deben conciliar y solucionar. Hay detalles del género de espionaje que le dan una textura de intriga internacional y detalles de ciencia ficción que son maravillosos en el sentido estricto de palabra, pues representan un mundo futurista que causa asombro en el espectador. Pero el corazón de la película, y el factor que le da una profundidad a la cinta, es su calidad de tragedia shakesperiana. Los secretos e intrigas de la corte que se desarrollan en la película son propios de una tragedia clásica, y aunque el humor no falta, esta es la película más dramática y sombría que ha hecho Marvel y no hay momentos que desentonen. Mencionar quienes son los antagonistas de la película sería un spoiler; esta cinta es de esas que, entre menos sepas, mejor se disfruta, pues cada capa que se revela tiene su impacto.

El rico reparto pan-africano/internacional encabezado por Chadwick Boseman y Lupita Nyong'o representa los excelentes ideales de justicia, honor y ética que el género representa, y visto al través de los diferentes lentes de las posturas ideológicas emitidas por los personajes ayuda a crear una de las películas de superhéroes más filosóficas fuera de las cintas de Nolan, “Watchmen” y la trilogía del Capitán América. Los combates físicos que presenciamos tinen su buena dosis de adrenalina, pero las luchas internas que los llevan a actuar son aún más emocionantes.

sábado, 27 de enero de 2018

"A Futile And Stupid Gesture" (David Wain, 2018)

ESTRENO NETFLIX: Netlix anota otra buena película a su distribución con "Un Gesto Fútil y Estúpido", basada en la biografía del mismo nombre, que cuenta la historia de Doug Kenney, uno de las principales fuerzas que cambió la comedia estadounidense moderna. Kenney, oriundo de Ohio, se inició como humorista en la revista cómica de Harvard, "The Harvard Lampoon", junto con su fiel amigo Henry Beard, con quien escribió una de los libros paródicos de "El señor de los anillos", titulado "Bored of the Rings". Con una licenciatura de literatura bajo el brazo decidió que no quería dejar de dedicarse a la comedia, y junto con Beard fundó la revista "The National Lampoon" a principios de los 70s. A pesar de los primeros años turbulentos, la revista se volvió una potencia cultural, gracias a que muchos de los mejores escritores de comedia trabajaron en ella. El estilo humorístico de Lampoon era satírico, iconoclasta, burlón y acérrimo enemigo de las instituciones (sociales, políticas y educativas). Su humor era abierto, ofensivo y muy creativo (sus ventas se incrementaron, por ejemplo, gracias a una portada en donde un bello perro es amenazado con una pistola, mientras en la portada se lee "Compré esta revista o le disparamos a este perro", la cual es homenajeada en el poster). El impacto de "Lampoon" trascendió hacia el teatro y la radio, y los miembros de reparto de estos proyectos conformaron la mayoría de la primera generación de "Saturday Night Live" (entre ellos Chevy Chase, John Belushi, Gilda Radner y Bill Murray). Deahí siguió el cine, el cual conquistaron con los éxitos de "Animal House", "Caddyshack" y la serie de películas de "Vacation".

La película relata toda historia de manera ágil y clara (el director y también actor cómico David Wain tiene una buena habilidad para emitir información narrativa de manera precisa), y dado la naturaleza de la historia, es una película biográfica que es mas cómica que trágica. Este es un balance difícil, pues la vida de Kenney fue marcada por la depresión, la drogadicción, su incapacidad para sostener relaciones sanas, el trabajo excesivo y mucha autodestrucción generalizada, reflejo todo sus tendencias humorísiticas. Kenney es interpretado por Will Forte y como un recurso narrativo en la forma de Martin Mull. El reparto de celebridades que interpretan a otras celebridades es extenso y brillante, destacando en particular a Emmy Rossum como la novia de Kenney, la actriz Kathryn Walker, Domnhall Gleeson como Henry Beard, Jon Daly como Bill Murray y, especialmente, Joel McHale como Chevy Chase (una elección genial dada la relación de ambos durante la turbulenta producción de "Community")

La historia de "The National Lampoon" y su influencia cultural es bastante fascinante, y aún si no se esta familiarizado en México con toda esta generación de cómicos como en Estados Unidos, la película hace un buen trabajo de presentarnos a este mundo y sus personajes, brillantes en humor, pero, en su mayoría, incompetentes en cuanto a relacionarse de manera profundo y no destructiva. Además, la naturaleza meta-ficticia de la narración le añada una capa adicional que se aprecia mucho (en especial la conciencia de que el estilo humorístico de esta generación no tendría el mismo éxito hoy en día; además, hay una muy rápida explicación de todas las cosas que la película cambió por razones de tiempo, efecto dramático o porque les dio la gana que merece ser pausada). Una buena opción para ver en Netflix y una buena manera para mi de inaugurar el cine de 2018.

viernes, 26 de enero de 2018

"Wheelman" (Jeremy Rush, 2017)

"Wheelman", película distribuida por Netflix y estrenada el pasado 20 de octubre, es una película de acción, crimen, suspenso y buenos giros de tuerca. Es una cinta sobre un "getaway driver", el conductor que se encarga de llevar a los asaltantes a los lugares donde comenteran un atraco para después ayudarles en la fuga. Como "Drive" y "Baby Driver", "Wheelman" es sobre un profesional consumado que debe lidiar con las traiciones y el poco profesionalismo de otros criminales. A diferencia de esas películas, sin embargo, nuestro anónimo protagonista (el genial Frank Grillo) es un tipo común y corriente que no es un infalible as del volante, y que además debe lidiar con los problemas tipicos del padre divorciado. 

Situada durante una sola noche y con cerca del 90% de la duración (unos breves 82 minutos) enfocada exclusivamente dentro de un automovil, "Wheelman" es una cinta de acción dura y segura, una película chapada a la antigua que cuenta una historia sencilla y la cuenta bien, con paciencia en desenvolver sus misterios y con esporadicos, pero efectivos, momentos de acción y violencia. Denle una vuelta cuando tengan chance.



lunes, 4 de septiembre de 2017

Atomic Blondie (Atómica, David Leitcht, 2017)



La nueva era del cine de acción iniciado por películas como John Wick continua agarrando potencia, ahora gracias a Atomic Blondie (Atómica a secas en países hispanohablantes, haciendo género un título que se beneficiaría de utilizar la palabra “rubia” o “güera” para ser más memorable), película dirigida por David Leitch, uno de los co-directores de la saga del vengador de cachorros (el otro co-director, Chad Stahelski, nos regaló la excelente segunda entrega de John Wick a principios de año). Tanto Leitch como Stahelski trabajaban como dobles de stunt antes de dar el salto hacia la silla del director y ambos son gratas adiciones al gremio. Poseedores de un ojo inmaculado para el diseño de producción, vestuario y los encuadres, el mundo representado es uno donde alternan edificios y calles derruidas y las habitaciones futuristas con iluminación de neon, amén de elaborar escenas de acción filmadas al estilo claro, conciso y emocionante que se merecen. En contraste con el mundo de John Wick, situado en un asombroso bajo mundo con sus propias estructuras y métodos de comunicación y económicos, “Atómica” nos transporta al Berlín bifurcado de 1989, específicamente durante la semana previa a la caída del Muro. Optando por una recreación histórica, la fotografía también adquiere un tono más frío y clínico que va de la mano con su personaje principal, la agente británica del MI6 Lorraine Broughton (Charlize Theron).

Al principio de la historia, el agente británico James Gasciogne ha sido asesinado por un agente soviético, el maravillosamente nombrado Bajtín. Bajtín se ha quedado con un microfilme en donde están enlistados todos los agentes occidentales activos en Berlin. Aunque la Unión Soviética se encuentra al borde del colapso, la KGB desea obtener la lista para liquidar a todos los agentes enemigos y así saldar cuentas pendientes. Broughton es asignada por sus superiores, “C” (James Faulkner) y Eric Gray (Toby Jones), a viajar a Berlín para recuperar el cadáver de Gascoigne y ponerse en contacto con el jefe de la sección berlinesa de MI6, David Percival (James McAvoy). Pero al llegar las cosas se dificultan: Lorraine es detectada de inmediato por la KGB—liderada por el brutal Bremovich (Roland Moller) —y es seguida por la policía local, vigilada por una bella y misteriosa mujer francesa llamada Delphine Lasalle (Sophia Boutelle) y debe lidiar con las excentricidades de Percival, quien tras años de vivir en Berlin ahora se viste y comporta como un neurótico rebelde local. La seguridad de la inteligencia occidental queda en las manos y la iniciativa de Lorraine, lo que lo lleva a investigar en ambos lados del muro y utilizando información de agentes locales como el Relojero (Til Schweiger), Merkle (Bill Skarsgard) y el informante de la Stasi, Spyglass (Eddie Marsan).

A diferencia de John Wick, cuyas aventuras siempre son directas y van al grano, Atomic Blondie tiene una gran cantidad de complicaciones, traiciones y contra-traiciones. Además, cuenta con dos o tres capas narrativas que pueden ser desorientadoras y en ocasiones entorpecen un relato que necesitaba un dinamismo que correspondiera a la acción en pantalla y a la actitud de Lorraine. El peso de estas complicaciones termina por causar una confusión que solo se disipa si uno arma el rompecabezas durante la película o permitiéndose unos momentos en el día para meditarlo. Sin duda, este es un caso en donde un énfasis en el estilo sobre la sustancia hubiera sido más benéfico.

Pero cuando la película se deja llevar por el estilo en verdad es una experiencia disfrutable. Las escenas de combate entre Lorraine y el ejército de contrincantes son dignos de verse en pantalla grande. La coreografía de Leitch tiene sus paralelos con las que se utiliza con Keanu Reeves (uso de las manos sobre las muñecas para contrarrestar el peso del enemigo, la utilización de armas de fuego como armas de golpe o para tomarse del agresor, piruetas sobre los cuerpos de enemigos más grandes), pero Charlize Theron nos hace sentir el dolor de cada golpe que recibe y una agilidad de gato en cada golpe que da pavor. La mejor pelea de la cinta es una secuencia de diez minutos que parece estar filmada en una sola y que nos lleva desde los decaídos escalones de un complejo apartamental hasta las calles repletas de manifestantes. Al final de este excelente combate, Lorraine a duras penas puede caminar, y menos lanzar mas golpes. Hay otras escenas destacadas, como un combate con manguera, un tiroteo en un hotel y una pelea que toma lugar detrás de una pantalla que muestra la película Stalker, de Tarkovsky, sin duda un homenaje inesperado.

Lorraine Broughton es un personaje de acción memorable. Tiene todas las cualidades de los super-agentes británicos que tanto estimamos, incluyendo el sarcasmo, las capacidades poliglotas, un imparable sentido del deber, dudas filosóficas sobre su trabajo (el aspecto temático de la película mas importante, y que debió ser explotado más, es el hecho de que estas agencias estan tan preocupadas por ganar y fortalecer la posición de sus gobiernos, mientras que los movimientos sociales ocurren a traves de la organización civil) y una habilidad para seducir a quien deseen con tal de conseguir más información. Lorraine es bisexual, y de hecho es interesante como este aspecto es tratado de manera natural y práctica. Todo sobre Lorraine es pragmático, excepto, quizás, sus atuendos, los cuales tienden a ser de un esquema blanco y negro y cuyo atractivo estético va de la mano con los escenarios entre realistas y neo-futuristas del ambiente en que se desenvuelve (mención especial merecen su habitación de hotel, un bar donde establece dos contactos importantes, la sala de interrogación y un aeropuerto). La banda sonora es la mejor recopilación de canciones del año, junto con Baby Driver, una colección de joyas de Rock, New Wave y Pop electrónico de Alemania, EUA y el Reino Unido.

Aunque una trama menos complicada hubiera favorecido más a la película, Atomic Blondie es entretenida y contiene una gran belleza audiovisual que necesita ser experimentada en el cine. Esperemos que Leitch y Stahelski sigan deleitándonos con sus mundos llenos de acción indomable por mucho tiempo.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Seijun Suzuki en México



Por segundo año consecutivo, Cinemex inaugura su Festival de Cine Matsuri, una oportunidad para que los espectadores mexicanos puedan conocer algunas producciones japonesas. Entre la variada selección de este año se encuentran “Vagabundo de Tokyo” y “Marcado para matar”, dos obras maestras de Seijun Suzuki, el más imaginativo de los directores del género gansteril japonés. Las dos películas, deconstrucciones agresivas del cine yakuza,  fueron responsables del despido de Suzuki debido al fracaso en taquilla de ambas. Eventualmente, Suzuki se volvió un director de culto que inspiro a futuros cineastas amante de las películas de género con toques excéntricos, incluyendo entre sus admiradores a Quentin Tarantino, John Woo, Takashi Miike y Jim Jarmusch.



El estudio Nikkatsu era la productora fílmica más vieja y prolífica de Japón, fundada en 1912 y con dos películas estrenadas por semana. Las películas del estudio eran artesanías comerciales de género—principalmente vehículos para estrellas pop, cintas de acción, dramas juveniles, comedias y, esporádicamente, películas históricas y de samuráis—cuyos esquemas y formulas no se diferenciaban mucho entre sí. Suzuki trabajaba para el estudio desde 1955 y había alcanzado una buena reputación debido a su efectividad para dirigir películas de serie “B” a tiempo y dentro del presupuesto proporcionado. A principios de los 60, Nikkatsu se especializó en películas sobre detectives y yakuzas, los gánsteres japoneses que con frecuencia eran representados de manera romántica como guerreros modernos  en un Japón exponencialmente occidentalizado. 

Suzuki dirigió cintas entretenidas dentro de los lineamientos del género, pero era un hombre inquieto con aptitudes artísticas influenciadas por el existencialismo y sus experiencias durante la Segunda Guerra Mundial, además de poseer un sentido del humor disparatado y un cariño por los géneros cinematográficos estadounidenses. Con la película de 1963, “La juventud de la bestia”, Suzuki  formalizó su estilo: ángulos de cámara que se apartaban de los encuadres tradicionales, una composición de escena que favorecía colores vibrantes y posicionamientos de personajes que aludían a cuadros renacentistas, el uso surreal de colores y técnicas de edición para resaltar el estado emocional de los personajes y, por ende, el tono del mundo ficticio en que se narraba. Para Suzuki, “La juventud de la bestia” fue su primer película original, y un ejemplo del propósito de un director de cine B: dado que todos los libretos que recibía se reducían a un esquema básico (“El personaje principal se enamora de una mujer, mata al malo, y se queda con la mujer”) el director de serie B tenía la obligación de destacarse a través de los recursos estilísticos y la búsqueda para explotar algún destello de originalidad en cada guión.



Después de “La juventud de la bestia” siguieron varias películas por el estilo que terminaron por hacer de Suzuki  un marginado dentro de Nikkatsu.  A menudo recibí advertencias de que su estilo estrambótico estaba yendo “demasiado lejos” y que “la jugara derecho” con las siguientes películas. Al advertir que Suzuki no entendía, los productores procedieron a cortarle los presupuestos asignados a la mitad. Esto solo logró que Suzuki dirigiera sus dos películas más extraordinarias.



 “Vagabundo de Tokyo” (1966) es la historia de “Phoenix Tetsu” Hondo, el  mejor gatillero de un clan yakuza que recientemente se ha retirado del bajo mundo y ha iniciado su proceso de legitimación. Tetsu es ferozmente leal  hacia el jefe Kurata, a quien ve como un padre, al grado de que se ha deshecho de sus armas de fuego y recibe los ataques de yakuzas rivales sin contestar un solo golpe. Tetsu es un  hombre taciturno que usa trajes de colores y que tiene como novia a Chiharu, la dulce cantante de un club nocturno. Las maquinaciones y traiciones del clan rival del jefe Otsuka desembocan en una serie de asesinatos que obligan a que Tetsu abandone a su amo para vagar de provincia en provincia, bajo la protección de clanes amistosos. Pero en todo momento es asediado por pistoleros que desean asesinarlo. Tetsu, con la ayuda de otro yakuza exiliado, Kenji, vuelve una vez más a Tokyo a saldar cuentas pendientes.




La trama narrada de esta manera no tiene nada de extraordinaria, pero está contada y visualizada por Suzuki de una manera única. Descrita como “una fantasía pop extravagante”, “Vagabundo de Tokio” comienza con una escena en blanco y negro que posteriormente es seguida por un mundo de tecnicolor, cuya iluminación en ocasiones alcanza dimensiones surrealistas. El anti-héroe de la historia canta o silba su propio tema musical, una triste balada rock que suena a lo largo de la película. Cuando tiene una pistola en la mano, se despacha a ejércitos enteros con una facilidad que le causaría envidia a Clint Eastwood. Una escena está situada en un bar que está diseñado al estilo de los “saloons” del viejo Oeste y culmina en una pelea masiva entre yakuzas rivales y marineros estadounidenses. El clímax de la cinta toma lugar en el club nocturno donde trabaja Chiharu, una maravilla del minimalismo, pues se trata básicamente de un set con una plataforma elevada, algunas mesas, una barra y un piano todos de color blanco y donde un adorno en forma de rosa es el único color en pantalla, y que, al terminar el tiroteo final, cambia la iluminación de la película, un recurso constante que Suzuki usa con efectividad. El mundo de Suzuki es un mundo de cine puro, donde el concepto de realidad está plenamente sujeto a las posibilidades estéticas del cine.

“Vagabundo de Tokyo” enfureció tanto  a los ejecutivos de Nikkatsu y a su presidente Kyusaku Hori al grado de recortar el presupuesto  de la siguiente película de Suzuki, por lo que solo se podía filmar en blanco y negro, y amenazar con despedir al director de su contrato si este  volvía a jugarles otra mala pasada con sus guiones y su dinero.  La respuesta de Suzuki ante esta situación probablemente fue el equivalente japonés del “chingue a su madre, me la rifo  por mis pistolas…”, pues “Marcado para matar” (1967) es su película más abstracta y barroca. 




Goro Hanada (Jo Shishido, estrella de Nikkatsu que protagonizó “La juventud de la bestia” y que famosamente se puso implantes en los cachetes para destacar en el mundo cinematográfico japonés, dándole una curiosa apariencia de ardilla) es el tercer mejor sicario de Japón.  Acepta un trabajo para escoltar a un hombre importante y lo protege del asedio de un ejército de gatilleros liderados por el segundo mejor sicario japonés. Después de eliminar a este, Hanada sube de rango y, dado que la existencia del asesino “Número Uno” está en tela de juicio, da por hecho de que se encuentra en la cima de su profesión. Pero su suerte da un giro negativo cuando acepta el trabajo de eliminar a cuatro hombres. Después del éxito de los primeros tres trabajos, el cuarto es estropeado cuando una mariposa se para frente al telescopio de su rifle, provocando el asesinato accidental de un civil. Esto provoca  que ahora Hanada sea buscado por un hombre misterioso, al tiempo que su matrimonio se derrumba debido a las infidelidades de su esposa con un jefe yakuza, y la atracción que Hanada siente por Misako, una joven depresiva y misteriosa.



El estilo juguetón y de historieta de “Vagabundo de Tokyo” encuentra un reflejo opuesto en “marcado para matar”. Respondiendo el ataque de Nikkatsu, Suzuki hiperbolizo su método de trabajo. Se deshizo de la mayoría del libreto asignado y con ocho colaboradores (a los que llamó la “pandilla de ocho”) rescribió la historia al tiempo que filmaba. Suzuki no se tomaba tiempo para pre-producción (y de hecho, nunca hacia dibujos o guiones gráficos) y planeaba sus tomas el mismo día de filmación. Esto permitía que en 20 días se lograra la totalidad de la producción de la película (de la “pre a la post”) al grado de que termino de editar “Marcado para matar” el día antes de su estreno. Suzuki y su pandilla de ocho tomaron el concepto trillado del sicario asediado y le dieron una dimensión operística que colinda entre lo mítico, lo absurdo y lo surrealista. En un mundo donde existen y se respetan los rankings de asesinos profesionales, Goro Hanada es casi indestructible, y la gran amenaza es representada por la ambigua existencia del sicario “Número Uno”, quien adquiere rasgos divinos. Al mismo tiempo, Hanada es una figura que con frecuencia raya en lo patético: es un impotente sexual con una esposa insaciable y que solo puede excitarse al inhalar el vapor de una olla de arroz. Dado que ahora Nikkatsu permitía (e incitaba) las escenas de desnudo y sexo, tanto las escenas de Hanada con su esposa como sus momentos con Misako están cargados de una tensión sexual y de toques extraños. La película tiene un humor negro y macabro que se puede confundir con el tono desolado y existencialista de la película. El final, en particular, es de un nihilismo total. Sin embargo, las elecciones estéticas de Suzuki alcanzaron otro nivel adicional: las conversaciones entre personajes están filmadas a manera que parece que los personajes se encuentran en dos espacios diferentes. Los espacios mismos son habitaciones de carácter barroco y siniestro, en particular un cuarto que está tapizado con mariposas muertas. Y además de las proclividades sexuales del protagonista, el absurdismo de este mundo es tal que varios personajes se ríen como locos en medio de tiroteos y dos asesinatos parecen sacados de una caricatura de los Looney Toons, específicamente uno que involucra un

desagüe de lavabo y una ruptura con las leyes de la física.



Como era de esperarse, Suzuki fue prontamente despedido por Nikkatsu, horrorizados por “Marcado para matar”. Suzuki lanzó una campaña contra el estudio que lo volvió una celebridad.  Se retiró a escribir libros y dirigir para televisión, y no dirigió una película hasta diez años de su despido, en 1977. Suzuki filmó algunas películas que continuaban su estilo. Falleció el presente año a los 93 años de edad.

Sus cintas se han mantenido vigentes gracias a cine clubes, críticos y directores que aprecian la menra con la que jugo con los géneros e imprimió con estilo historias muy socorridas. Las películas mencionadas están disponibles en DVD y, en el caso de “Vagabundo de Tokyo” y “Marcado para matar”, en Blu-Ray.

“Vagabundo de Tokyo” y “Marcado para matar” se presentaran en instalaciones de Cinemex entre el viernes 01 de septiembre al domingo 03 de septiembre. Consulten sus carteleras y disfruten de estas joyas.

Calendario Cinemex: https://cinemex.com/landing/matsuri-2017/calendario

Video-ensayos sobre Suzuki y sus películas:
https://www.youtube.com/playlist?list=PLSAN9YotXaFM_R3E7uWymwXTPoxdSZY-f