jueves, 20 de diciembre de 2018

Creed II ("Creed II: Defendiendo el legado." Dir. Steven Caple Jr., 2018)





NOTA: Tuve el gusto de ver «Creed 2» en Torrance, algo genial por dos razones: 1) La película se estrena en México hasta enero 2) Quería disfrutar el entusiasmo de los espectadores afroamericanos y no me decepcionaron. Hubo murmullos, exclamaciones de sorpresa, gente que esquivaba golpes o los lanzaba y aplausos. Les comparto mi reseña a continuación. La volveré a compartir cuando sea el estreno mexicano.
El exitoso spin-off de la saga de Rocky, Creed (Ryan Coogler, 2015), demostró que existe un público leal, sediento de ver películas sobre el “semental italiano” y buenas historias de boxeadores que surgen desde abajo para alcanzar el triunfo, sino también un público nuevo que ansía ver los triunfos, pruebas y vicisitudes de un personaje afroamericano tridimensional cuya lucha por salir adelante en el mundo del boxeo es paralela a la búsqueda de si mismo. Adonis Johnson, hijo ilegítimo del campeón de peso pesado Apollo Creed (Carl Weathers) muerto en el ring por el brutal púgil soviético Ivan Drago (Dolph Lundgren), es adoptado por la viuda de su padre, Mary-Ann (Phyllicia Rashad), entrenado por el ex rival y amigo de su padre, Rocky Balboa (Sylvester Stallone) y encuentra el amor con la bella cantante y compositora Bianca (Tessa Thompson). Su temperamento fuerte, propenso a dispararse al instante, y su nula relación con su padre muerte causaron trastabilles en su escala hacia la cima. Pero su “corazón” y la disciplina lograda lo convirtieron en uno de los grandes contendientes en el mundo del boxeo.
Ahora en Creed II (Steven Caple Jr., 2018), la suerte de Adonis se ha acrecentado. Comprometido con Bianca y dejando Filadelfia para mudarse a un lujoso apartamento en Los Ángeles (tanto para apoyar la carrera de Bianca como para estar cerca de su madre adoptiva), sus combates adicionales lo han vuelto una figura cotizada. Pero el espectro del pasado se cierne sobre el firmamento desde el otro lado del mundo. Un ambicioso y aprovechado promotor (Russell Hornsby) ha seguido la carrera del hijo de Ivan Drago, Viktor (Florian Monteanu), un hombre de estatura y fuerza tremenda que hace añicos a sus contrincantes en menos de cuatro rounds. Ivan y Viktor viven en Ucrania, años después de que Ivan ha caído en desgracia tras su derrota a manos de Rocky. Pero viendo una oportunidad de redención y de volver a conseguir el respeto del gobierno y pueblo ruso, los Drago retan a Adonis a una pelea. Adonis decide aceptarla, pero Rocky está renuente de volver a enfrentarse a los Drago en el ring. Este desacuerdo lleva a Adonis a separarse de su mentor, lo cuál lo lleva hacia un combate que cambiará su vida.
Esta trama particular (la del hijo de Creed contra el hijo de Drago) había sido esperada y vaticinada por los fans de la saga de Rocky desde que se anunció la primer película. Indudablemente, la idea contiene una alta dosis de tensión y trasfondo dramático que no se podía dejar a un lado. En cierta medida, Creed II no solo es una secuela de Rocky IV, sino que comparte paralelos con Rocky II (la vida de éxito de la nueva estrella y como la concilia con su nueva vida familiar) y Rocky III (el enfrentamiento con un contendiente de avasalladora fuerza y puños de hierro que tiene más hambre de triunfar que el héroe) y hasta mezcla elementos de todas estas cintas en la última media hora. La historia de Adonis, Bianca y su bebé es conmovedora e introduce un elemento que resultará más interesante explorar en la tercera parte. El papel de Adonis como padre, siendo un hijo de madre soltera, es representado con sutileza y consideración: la idea de un hombre que no tuvo padre y que ahora debe de asumir una responsabilidad que nunca aprendió de primera mano es un factor generacional en buena parte de la cultura afroamericana. La relación postiza entre padre e hijo con Rocky es el pilar emocional de la película en este sentido, junto con la relación con las dos mujeres más importantes en la vida de Adonis. Pero sin duda, la sorpresa mas grata es el replanteamiento de Ivan Drago 33 años después de su aparición en el cine. Lejos de ser la figura temible de más de dos metros, fría y estoica, Ivan Drago, encogido por la edad y las penurias, es un hombre alimentado por el resentimiento de haber alcanzado la gloria para después perderla y ser desechado por su país una vez que su utilidad como herramienta propagandística terminó. El abandono de su esposa lo obligo a criar a su hijo en el exilio, enseñándole lo único que lo podía convertir en sobreviviente: sus puños. La escena en la que confronta a Rocky en su restaurante, aunque breve y lacónica, está cargada de tensión, de frustración, rencor y de deudas pendientes entre ambos hombres. Es una escena instantáneamente clásica.
Steven Caple Jr. Recogió la batuta de Coogler (quien no pudo dirigir está película por dedicarse a Black Panther) y lo hizo con la misma capacidad profesional de su predecesor. Sus escenas dramáticas dejan “respirar” a los personajes y se sientan realistas y de profundidad humana. Las escenas de combate contienen el mismo factor visceral de la película previa: tan celebre como el combate filmado (aparentemente) en una sola toma de la primera película resulta el enfrentamiento en dos actos entre Adonis y Viktor. La cámara funciona como referí y en ocasiones se enfoca en la persona que recibe los golpes. Resultará difícil que el espectador no haga movimientos para esquivar los jabs y ganchos (voluntaria e involuntariamente). La climática escena de entrenamiento es tan repleta de adrenalina y entusiasmo como en las otras películas. Y mención aparte merece la banda sonora de le película que, además de citar algunas de las canciones mas memorables de la saga de Rocky, tiene canciones espectaculares que le dan vida a todas les escenas. La escena en donde Adonis entra al escenario en el combate final, acompañado por su esposa quien canta una canción con gran estilo, es la mejor entrada de un boxeador que he visto en el cine o en la vida real.
Creed II es una excelente séquela a la primer película y una cinta perfecta para ver en compañía de los seres queridos. Además de continuar satisfactoriamente con la historia de personajes clásicos y entrañables, ofrece el drama, la emoción y el sentimiento de una historia humana sobre la reconciliación entre la familia y con uno mismo. Por el gran corazón que demuestra la película, digna de sus héroes del ring, disfrútenla con su familia.

sábado, 6 de octubre de 2018

ESTRENOS: "A Simple Favor" ("Un pequeño favor", Dir. Paul Feig, EUA, 2018)








Hay películas que me pegan en algunos cuadrantes personales. “Un pequeño favor” es una de esas películas. Una película de misterio y suspenso que evoca las películas de esos géneros de los 50, 60 y 70s con su banda sonora de divertidas canciones francesas, con su increíble moda femenina, su colorida fotografía y diseño de producción, es una película que, estéticamente, fue hecha para mi disfrute. La diferencia es que la historia toma lugar en nuestros tiempos de v-logs, mamás disfuncionales y redes sociales que sirven de testigos para los casos más extraordinarios.

Stephanie Sommers (Anna Kendrick) es una hiperactiva, optimista y hacendosa madre viuda que cuida de su pequeño hijo cuya vida cambia cuando conoce a Emily (Blake Lively), la glamurosa e intransigente directora de relaciones públicas de un reconocido diseñador de modas. Emily está casada con Sean (Henry Golding), maestro universitario que publicó una conocida novela hace años, y se siente asfixiada por su necesidad de mudarse hacia otra parte, pero incapaz de hacerlo debido a que su lujosa casa se vendería por menos de lo que fue comprada. Stephanie ofrece un aliciente con su compañía y su cuidado del hijo de la pareja, y eventualmente la confianza se acrecienta de manera exponencial, hasta que un día Emily desaparece por varios días. Su paradero desata la búsqueda (y testimonio por internet) de Stephanie que busca rescatar a su mejor amiga, al tiempo que se encuentra envuelta en un torbellino emocional de su propia creación.

“Un pequeño favor” tiene más giros de tuerca que en un trabajo de carpintería y lo mejor es ver la película sin saber mucho al respecto. Muchas sorpresas aguardan a los espectadores y el guión es ágil y contiene muchas sutilezas temáticas en sus diálogos y elementos visuales.  Paul Feig, reconocido por sus comedias (“Espía”, “Damas en guerra”, “Las cazafantasmas”) tiene una mano y habilidad segura en esta película, en especial en los momentos dramáticos, y demuestra que es capaz de trabajar en una multitud de géneros.  Las actuaciones de Kendrick y Lively son excelentes, y Kendrick en particular ejecuta un trabajo actoral difícil, porque aunque su personaje es una chispa alegre constante cuyo carisma relumbra en la pantalla, también tiene un lado oscuro y unos secretos escabrosos que resultan sorpresivos pero no incongruentes con su personaje. Lively también maneja aspectos variados y bipolares, de una manera diferente a la de Kendrick, pero aún bastante efectiva.

Solo unos leves tropiezos al final de la película en materia de la cantidad de revelaciones que ocurren de manera acelerada y unos diálogos cuyo tono corresponde más al estilo de las comedias de Feig y desentonan un poco con el resto de la película, así como elementos de carácter personal en cuanto al disfrute de la cinta, evitan que le dé un 10 redondo a “Un pequeño favor”, pero es sin duda una de las mejores películas que he visto en lo que va del año, no solo por lo divertido del guión, las actuaciones o por el goce estético o de género, sino porque, dentro del marasmo narrativo, existen algunos cuestionamientos interesantes sobre la sociedad en la que vivimos: ¿Cuál es el fin último de los actos radicales que a veces tomamos para, muy entre comillas, “mejorar”? ¿Es cierto que disculparse no tiene cabida en la vida de uno simplemente porque se usa de manera reflexiva y no solo en momentos donde pedir perdón se requiere? ¿Justificar los actos de uno porque se hacen “por los hijos” no es más que una especie de licencia para cometer actos inmorales? La velocidad de giros y misterios revelados tal vez sea muy rápida para percibir que estas preguntas son planteadas, pero como en todo buen thriller doméstico, estas cuestiones están ahí para ser descubiertas por los espectadores más avezados y con personalidad de investigadores.

lunes, 3 de septiembre de 2018

ESTRENOS: La 4ta Compañía (Dir. Mitzi Vanessa Arreola y Armín Galván Cervera, México, 2018)



Filmada en 2015, estrenada en festivales en 2016, supuestamente lista para estrenarse es 2017, es gracias a Netflix que finalmente se estrena "La Cuarta Compañía", drama carcelario basado en escabrosos hechos reales de las crudas páginas de la política judicial mexicana. Ambientada hacia finales del sexenio de López Portillo y principios del sexenio de De la Madrid, la película retrata la vida y obra de "La Cuarta Compañía", un grupo de reos que servían como el escuadrón extra-judicial de la administración de la penitenciaría de Santa Martha Acatitla en la Ciudad de México. La Compañía también cometía atracos de bancos y automóviles bajo las ordenes del temible General "El Negro" Durazo (interpretado, con un parecido de miedo, por Josepho Rodríguez), director de Policía y Tránsito, y gozaba de privilegios inauditos, como la administración de un casino dentro de la penitenciaría y fiestas en la vecina cárcel de mujeres. Apoyados por el director de la penitenciaría, el General Antolín, y dos miembros importantes de la administración carcelaria, el coronel Chaparro (el maravilloso Manuel Ojeda, uno de mis actores favoritos, brillante como siempre) y el licenciado "Florecita" (Darío T. Pie, una revelación), la Cuarta Compañía también estaba componía el equipo de futbol americano de la cárcel, "Los perros", que sirvieron como instrumento de propaganda política como seña de que el uso de los deportes en la penitenciaría era señal de readaptación social.
Al principio, la película se focaliza a través de la perspectiva de Zambrano (Adrián Ladrón), un joven que por circunstancias adversas terminó convirtiéndose en ladrón experto en automóviles. Una vez trasladado a Santa Martha, trata de unirse al equipo de los Perros, pero debe pasar por duras pruebas, torturas monstruosas típicas de las cárceles nacionales y muchos otros conflictos. La perspectiva de Zambrano se diluye y ocurren una serie de elementos narrativos de naturaleza muy elíptica (un mal narrativo que aqueja mucho al cine mexicano desde hace décadas) que causan confusión y que deben de ser interpretados tomando en cuenta mucho contexto histórico. Sin embargo y a pesar de esta falla estructural, la película es un retrato vivo y realista (y no excesivamente, crudo) de uno de los períodos más desagradables y tragicómicos de la historia mexicana moderna. El reino de terror de las corporaciones policiacas encuentra su reflejo en el grupo de criminales de la Compañía. Guerrilleros, pandilleros, asesinos, ladrones y hombres auto-proclamados inocentes de toda culpa son retratados con simpatía, siendo los mejores Palafox (Hernán Mendoza) y Quinto (Gabino Rodríguez), así como Don Burrero (Raymundo Reyes Moreno), un anciano que lleva 48 años en cárcel y que carga con todo el peso de su condena.
De la ola de películas basadas en hechos criminales reales que van de la década, "La Cuarta Compañía" se encuentra entre las mejores. La recreación del espacio carcelario y de la época es efectiva, además de que hay escenas muy bien logradas, como la recreación del legendario escape por helicóptero del prisionero estadounidense David Kaplan. Las escenas de tensión entre los criminales y los inevitables saldos de cuenta, elemento importante para las películas de crimen organizado, son bastante efectivas.
Quizás no es un gran misterio el hecho de que, aún en tiempos de la "alternancia" y el nuevo PRI, "La Cuarta Compañía" no haya sido estrenado en cine como se tenía planeado y como merecía. Sin embargo, salió mejor para todos el tener acceso directo y más general en Netflix, para que todos conozcan las crudas verdades del bajo mundo judicial.

sábado, 1 de septiembre de 2018

ESTRENO: Alfa (Alpha, Albert Hughes, 2018, EUA)




"Alfa" cuenta la historia de Keda, el joven e inexperto hijo de Tau, líder de una tribu en la Europa paleolítica, hace 20,000 años. Durante su primer excursión de casa, Keda es lanzado por un acantilado por un bisón herido y su padre y los miembros de la tribu piensan que ha muerto. Sin embargo, Keda está vivo, pero con un pie roto. Es perseguido por una manada de lobos y hiere a uno de ellos con su puñal. Cuando los lobos se van y él tiene oportunidad de seguir su camino, se compadece del lobo herido y se lo lleva consigo. Con el paso de los días, el lobo herido y el muchacho de pie roto poco a poco comienzan a crear una relación de beneficio mutuo y a forjar lo que terminará siendo la primer relación entre hombre y lobo, predecesora de la relación de hombre y perro.

Alfa es una película de aventura pura, ambientada en una época desaprovechada de la narrativa fílmica. Eso en sí le daría un valor especial. Pero además, tiene una temática fascinante contada con sutileza, madurez y una combinación perfecta de rudeza y sentimiento. Albert Hughes se explaya visualmente con esta cinta, recreando un mundo natural ya perdido, equilibrando la belleza de la tierra con la crueldad impune de la naturaleza y de las relaciones depredador-presa por la que pasan animales y hombres. Este equilibrio se refleja en su representación de las tribus paleolíticas, que aunque diferentes al hombre moderno dado su naturaleza más ruda y agreste, tienen ya las características de unidad familiar, responsabilidad comunitaria, valor y afecto. El sistema religiosa y tribal es obviamente especulativo, pero tiene la verosimilitud necesaria.

La película más que nada refleja la amistad entre Keda y su compañero, Alfa, y esa es la razón principal por la que vale para ver la película. La amistad entre hombre y perro es una con la que muchos nos identificamos y que siempre nos emociona ver en pantalla. Esta película nos ofrece una representación de un evento posible, la historia épica del origen de ese lazo tan fuerte que ha perdurado por miles y miles de años.

"Alfa" es otra mas de esas películas que me gustaría ver con frecuencia en el cine: películas de aventuras de lugares y tiempos desconocidos, pero que cuentan cosas que resuenan con nuestra experiencia. Y verla en el cine lo amerita. Véanla, y ojala pudieran contrabandear a sus amigos canes para que los abracen durante la cinta.

NOTA: Yo la vi en español, porque solamente ese horario estaba disponible en el cine de mi casa, pero en inglés el idioma que usan uno ficticio. Me perdí de ver eso, pero se los menciono para que sepan que el lenguaje de los personajes no es uno moderno, y los diálogos son tan básicos como debieron haber sido las conversaciones de esas personas, así que el idioma aquí es irrelevante, creo yo.

lunes, 7 de mayo de 2018

RECOMENDACIONES DE NETFLIX: "Small Town Crimes" (2018) y "Shot Caller" ("El maestro del crimen", 2017)




Les recomiendo dos películas de crimen que  se encuentran disponibles en Netflix. “Shot Caller” (“El maestro del crimen”) es una película que se estrenó el año pasado y ha adquirido un gran seguimiento a pesar de poca publicidad, mientras que “Small Town Crime” se estrenó en enero de este año.


“Small Town Crime” (Eshom e Ian Nelms, 2018) es la historia de Mike Kendall, un alcohólico policía de una ciudad pequeña que fue despedido tras un trágico incidente. Perdido en un ciclo eterno de alcoholismo, su suerte cambia cuando rescata a una joven a la que encuentra atropellada en la carretera. Kendall entonces cambia su nombre a Jack Winter y ofrece sus servicios como investigador privado al abuelo rico de la joven, eventualmente revelando una conspiración de extorsión y asesinato que termina por amenazar a la familia de Kendall. “Small Town Crime” contiene un humor irónico y la atinada decisión de tratar cada momento y giro de tuerca de manera realista. La actuación protagónica del siempre confiable John Hawkes nos revela un hombre decente aprisionado por su adicción y sus malas decisiones. Un buen reparto que incluye a Octavia Spencer, Anthony Anderson, Clifton Collins Jr. y Robert Forster, la ágil dirección de los hermanos Nelms (los tiroteos son eficientes y realistas) y un buen soundtrack aderezan esta entretenida historia de un detective privado de pueblo chico.

Por otra parte, “Shot Caller” (Ric Roman Waugh) narra la desafortunada historia de Jacob Harlon (Nikolaj Coster-Waldau), un inversionista bancario que es enviado a prisión tras un desafortunado accidente que le cobra la vida a su mejor amigo. Advertido por su abogado de que en la cárcel debe darse a respetar desde el primer momento, la determinación e instinto de supervivencia de Harlon lo obligan a unirse a una temible pandilla afiliada a la Hermandad Aria. La historia está narrada en dos líneas de tiempo: una que cuenta la transformación del blandengue banquero en un pandillero temible, y la otra situada en los días después de su liberación de la cárcel, plenamente transformado en el musculoso, tatuado y despiadado “Money”.  El trabajo de Coster-Waldau es excelente, hábilmente mostrando la transformación de su personaje, quien decide entrar de lleno en el bajo mundo criminal con tal de proteger a su familia, con la que decide cortar relaciones para que puedan seguir adelante. Aunque hay elementos de la película que no son contados de manera completamente clara, y algunos detalles sobre la personalidad de Harlon no son exploradas de manera propiamente profunda, “Shot Caller” es, aun así, una película intensa de la que no se puede despegar y que contiene escenas de violencia brutal que cortan el aliento. “Shot Caller” tiene buenas similitudes con “Breaking Bad” y la excelente “Brawl In Cell Block 99”, y con está conforma una buena dupla de películas sobre el infierno penitenciario en Estados Unidos y las circunstancias burlonamente trágicas que orillan a hombres decentes e inteligentes a convertirse en villanos. Lake Bell, Jon Bernthal , Emory Cohen y otros completan un sólido reparto secundario.


jueves, 15 de marzo de 2018

The Death of Stalin ("La muerte de Stalin", Armand Ianucci, 2017, Reino Unido)





El totalitarismo por naturaleza se presta a la comedia del absurdo. En un sistema autocrático, la realidad se ajusta a la voluntad del dictador y su régimen, por lo que la alteración de la historia, los protocolos represores, la construcción de una sociedad de delatores y la tensión diaria y constante de cometer alguna falta, por pequeña y absurda que parezca, que le cueste la vida o la libertad al "infractor" son elementos que han sido explorados y explotados por escritores y comediantes desde la antigüedad hasta nuestros días. El régimen soviético bajo Stalin es, quizás, el más efectivo y característico de este tipo de sistema autocrático, sembrador de paranoia y manipulador de realidades. Armando Ianucci, el brillante libretista de la comedia política actual, gracias a las series The Thick of It and Veep, y la película In the Loop, recrea las convulsiones políticas que acontecieron tras la muerte del Hombre de Hierro en su brillante película La muerte de Stalin, una de las mejores comedias de la década.

Es 1953 y gracias al siniestro jefe de la policía secreta, Lavrenti Beria (Simon Russell Beale) y a una atmosfera de paranoia constante, Stalin (Adrian McLoughin) domina las vidas y voluntades de toda la Unión Soviética. Los principales miembros de la junta directiva del partido (o Politburó) en ese momento son Beria, el secretario del partido comunista Nikita Khrushchev  (Steve Buscemi), el asistente director del comité Georgy Malenkov (Jeffrey Tambor) y el secretario de relaciones extranjeras Vyacheslav Molotov (Michael Palin). Estos hombres mantienen una relación de servilismo hacia el dictador, quien, por sus pistolas, los reúne en juntas a altas horas de la madrugada en su dacha (casa de campo) y prácticamente les ordena a que se queden a ver una película de vaqueros, aun cuando estén cabeceándose y el mismo Stalin este trabajando en su oficina. Khrushchev , como ritual de todas las noches, le cuenta a su esposa cuales fueron los mejores chistes que divirtieron a Stalin, para saber que decir o que omitir en próximas reuniones.

Stalin sufre una hemorragia cerebral tras leer una nota de la pianista Maria Yudina (Olga Kurylenko), quien lo condena por sus crímenes y traición a Rusia. El Politburó, a través de una acrobacia mental impresionante, dilata en atender medicamente a su líder, esperando su próxima muerte. El hecho de que los mejores doctores de Rusia actualmente se encuentren en los gulags debido a un supuesto complot por parte de la comunidad médica facilita las cosas. Ni tardos ni perezosos, los líderes rusos comienzan sus maquinaciones politicas. Beria cancela la última lista de la purga estalinista y establece nuevas reformas, para furia del auténtico "reformador", Khrushchev , quien ahora debe convencer a sus compañeros del Politburó de apoyarlo a él para destruir la influencia del sádico Beria. Malenkov, por su parte, asume la presidencia del Politburo y se convierte en títere de Beria, ya que es un hombre incompetente, vanidoso, neurótico y torpe en todos los aspectos, más preocupado en conseguir la mejor ropa para los eventos y fotografías oficiales, o en encontrar a una niña que apareció con Stalin durante un evento público hace años para así demostrar "continuidad". Mientras tanto, los hijos de Stalin, la devota y sobria Svetlana (Andrea Riseborough) y el paranoico, tonto y alcohólico Vasily (Rupert Friend), son reconfortados o controlados por los demás hombres. Y todo esto acontece antes de la llegada del mariscal Zhukov (Jason Isaacs), el líder el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial, osado y lleno de confianza en sí mismo, y ansioso por pelear con quien sea.

Ianucci comprime una serie de eventos que acontecieron a lo largo de unos meses, haciendo que la acción narrativa suceda en cuestión de días. Esto no es solo una libertad dramática, pero un recurso que formaliza a La muerte de Stalin como una comedia de errores, una farsa hilarante. Los políticos soviéticos traman y maniobran con rapidez y agilidad, pero con mucha torpeza de por medio. Ianucci es un maestro de la sátira política principalmente porque desnuda los protocolos y los maquillajes institucionales para demostrar cómo el mundo de la política es como cualquier otro ambiente de competencia laboral, con seres humanos repletos de vicios y mezquindades, deseosos de alcanzar el poder para salvaguardar intereses, sin importarles el destino de la ciudadanía. Los diálogos de Ianucci son celebres porque son brutales, ásperos, concisos e hilarantes. Sus personajes son artistas de la grosería, pues espetan frases tajantes que son puntualizadas con creativos insultos o usos certeros de las palabras altisonantes. 

El mundo del autoritarismo soviético es un mundo carnavalesco. Bajtín, víctima de Stalin, debió tener muy presente a Stalin y compañía cuando formalizo sus teorías. Ianucci hace una representación perfecta de esta sociedad terrorífica. No minimiza las ejecuciones en masa, ni los arrestos colectivos, ni la alteración de la historia, ni la represión de la libertad individual y colectiva: hay tintes de humor macabro en estos momentos, pero estos son tratados con el debido respeto. Pero la violencia y la opresión son parte del mundo bufonesco que se ha construido en esta sociedad. La muerte de Stalin demuestra un brillante trabajo de transliteración: para empezar, los actores (ingleses y estadounidenses) no adoptan acentos rusos, sino que preservan sus acentos nativos (o, en el caso de Isaacs, adopta la variante regional de Yorkshire para su personaje) y esto contribuye a la misma construcción de sus personajes: el acento neoyorkino en Buscemi apoya su caracterización de Khrushchev  como un astuto manipulador que sabe improvisar ante las circunstancias, y ese mismo acento le da a Tambor su característica personalidad de neurótico intransigente, de un hombre que quiere dominar, pero siempre se encuentra a punto de desmoronarse. La transliteración de la película también acerca más al espectador a los eventos de la película y a la psicología de los personajes: sus diálogos, de carácter británico-americano contemporáneo, no solo son la principal herramienta humorística, sino que posibilitan un mejor entendimiento del momento histórico que muchas películas de época más "serias". La muerte de Stalin es, entonces, reconstrucción de una época, sátira política y parodia del drama histórico moderno.

La película es una joya de la comedia. Existen demasiados ejemplos para mencionar, pero vale la pena señalar ciertos elementos específicos: el elemento Pythonesco de la película es reforzado por la presencia del maravilloso Michael Palin, como el veterano Molotov, quien ha adquirido una cobardía pragmática frente a Stalin, al grado que sigue creyendo que su esposa es una traidora al régimen, a pesar de las aclaraciones de Beria y Khrushchev ; Palin también emite un monologo que es un brillante ejemplo del "doblepensar" que Orwell señaló como marca esencial del totalitarismo en muchas de sus obras, incluyendo 1984. Los artilugios de Buscemi como Khrushchev  incluyen truncos intentos de cambiar de posición con Malenkov mientras velan a Stalin, pretendiendo que es parte de la ceremonia, una buena representación del humor carnavalesco y desacralizado de la película; otros secretarios del Politburó hacen piruetas similares y una buena parte del humor es como las amenazas explícitas de asesinato en ocasiones tratan de taparse como si fuesen sencillos reclamos entre "camaradas".

La muerte de Stalin es la comedia más completa que he visto de 2017, y de muchos años previos. El lado oscuro del mundo representado en la cinta siempre está presente, y el final de la trama es un momento macabro y aterrador que culmina en súplicas tremendas y ejecuciones sumarias. Pero aún ese momento final es una extensión natural de la comedia del estalinismo que Ianucci y sus actores han representado brillantemente. En los tiempos actuales somos testigos diarios de un circo-carnaval con tintes autoritarios que lo mismo ultraja que causa risa o incredulidad. La muerte de Stalin no es entonces solo una comedia negra, sino un espejo hacia al pesado con chistes contados entre balas y desapariciones.





sábado, 17 de febrero de 2018

Pantera Negra (Black Panther, Ryan Coogler, 2018, EUA)







“Pantera Negra” ofrece una excelente variación en la serie de películas de Marvel que la hace destacarse sobre la mayoría de las películas de la franquicia. El país ficticio de Wakanda en el que está ambientada la película es un país africano que nunca fue colonizado por los imperios europeos, y gracias a los ricos depósitos de vibranio que cayeron, literalmente, del cielo, los wakandianos desarrollaron una sociedad científica con tecnología avanzada. Su monarca y protector usa el traje de la pantera negra para luchar y proteger al pueblo wakandiano. El mundo desconoce que Wakanda no es un montañoso país tercermundista, sino el país más desarrollado del mundo. Manteniendo sus creencias y costumbres ancestrales, la película refleja una sociedad que si bien es utópica, representa los anhelos de las comunidades negras del mundo: autonomía, independencia y la preservación de una comunidad e identidad propias.

No es coincidencia que esta película no tenga cameos o apariciones de los superhéroes ya establecidos del universo Marvel. El rey T’Challa, su familia y sus vasallos se valen por si mismos, y los conflictos internos y externos a los que se enfrentan son conflictos que ellos mismos deben conciliar y solucionar. Hay detalles del género de espionaje que le dan una textura de intriga internacional y detalles de ciencia ficción que son maravillosos en el sentido estricto de palabra, pues representan un mundo futurista que causa asombro en el espectador. Pero el corazón de la película, y el factor que le da una profundidad a la cinta, es su calidad de tragedia shakesperiana. Los secretos e intrigas de la corte que se desarrollan en la película son propios de una tragedia clásica, y aunque el humor no falta, esta es la película más dramática y sombría que ha hecho Marvel y no hay momentos que desentonen. Mencionar quienes son los antagonistas de la película sería un spoiler; esta cinta es de esas que, entre menos sepas, mejor se disfruta, pues cada capa que se revela tiene su impacto.

El rico reparto pan-africano/internacional encabezado por Chadwick Boseman y Lupita Nyong'o representa los excelentes ideales de justicia, honor y ética que el género representa, y visto al través de los diferentes lentes de las posturas ideológicas emitidas por los personajes ayuda a crear una de las películas de superhéroes más filosóficas fuera de las cintas de Nolan, “Watchmen” y la trilogía del Capitán América. Los combates físicos que presenciamos tinen su buena dosis de adrenalina, pero las luchas internas que los llevan a actuar son aún más emocionantes.