jueves, 16 de marzo de 2017

ESTRENO: "Manchester junto al mar" (Kenneth Lonergan, 2016)




 Para todo aquel que, como yo, no solo gusta de ver el cine sino que trata de explicar porque cada película que ve logran una conexión, o no, o funciona como un texto, o no, hay películas que representan auténticos retos, no porque sean díficiles de comprender o por que las razones de su éxito o fracaso sean díficiles de dilucidar, sino porque la opinión de uno se encuentra en la minoría. Y se pueden leer reseñas y analísis bien fundamentadas que aboguen por la calidad de una película, pero donde estos críticos ven algo éxitoso uno ve un fracaso o, peor aún, una mediocridad.

Esto me pasa con relativa frecuencia y es perfectamente natural. Es la naturaleza del arte. En ocasiones, una obra puede tener todos los elementos generales que constituyen a algo como "bueno" (dirección, actuación, guionismo, edición, fotografía, música, etc.) y aún así no pasa de ser competente. Esto me pasó con "Manchester Junto Al Mar", multi-premiada película que es, según la opinión de críticos diversos, incluyendo varios que admiro, una de las mejores películas del año, o la mejor. Y simplemente no veo como puede existir tal consenso. Es una película con ideas a medio cocer, con una dirección que oscila entre lo competente y lo torpe, con actuaciones que en su mayoría son satisfactorias (o pasables), con lapsos en la edición que me dejaron algo desorientado, una fotografía competente y uno de los peores, más desorbitados usos de música clásica que he visto en una película.

Me siento culpable escribiendo estas palabras por lo siguiente: "Manchester junto al mar" es un relato de la vida cotidiana y cada aspecto de la producción está al servicio de contar esta historia que le puede suceder (Dios nos libre) a cualquiera. Es la historia de Lee (Casey Affleck), una cascara de hombre que después de sufrir una horrorosa tragedia se dedica a trabajar de mil usos en un edificio de departamento. Es un hombre muerto en vida, deprimido en perpetuidad, que sufre una culpa horrible, que evade cualquier trato social y cuya única manera de lidiar con la vida es a través del alcohol. Como él, existen miles o cientos de miles de personas. Su querido hermano muere de un infarto, y debe regresar a su ciudad natal (ciudad en la que no puede vivir, porque los recuerdos de la tragedia y de su vida pasada lo azotan constantemente) para servir de tutor para su sobrino adolescente. Acontecen los reencuentros con gente del pasado y el tío y el sobrino tratan de reforzar sus lazos, al tiempo que luchan por decidir que sigue después de la muerte de un ser querido y esencial para sus vidas.

Es el tipo de película que se debe de hacer con frecuencia y que tiene una clara afinidad por lo humano. Lamentablemente, "Manchester junto al mar", al relatar una historia conmovedora de la vida real es destruida por el peso de algunos recursos y se hunde por la debilidad de otros. No conocemos a los personajes. No es que sea necesario que cada uno se aviente un monologo sobre quien es, que quiere y que desea, pero en ningún momento se siente que estamos frente a personas de carne y hueso. Son personajes inescrutables. El hijo huérfano (Lucas Hedges) no muestra duelo por su padre (quien, en reiteradas ocasiones, se nos dice que era muy bueno, aunque hay poco en pantalla que corrobore lo que dicen los personajes) más que una escena horriblemente actuada y confusa. Se preocupa más por acostarse con sus dos novias y no es claro si eso es su manera de llevar el duelo, está en negación o simplemente no le importaba mucho su padre (fuera de lo que dice durante la escena ya mencionada). Uno de los temas principales de la película es como el humor aparece aún en los momentos más trágicos del ser humano, pero esto es manejado de una manera que uno no procesaeste aspecto, a manera que los toques de humor se pierden completamente en la tragedia (por ejemplo: una madre es puesta en una camilla para ambulancia, pero los paramedicos batallan mucho para desatorar la camilla...esto en medio de un incendio horrible). Como ese ejemplo hay muchos, como también hay escenas y tomas que no tienen razón de ser o sentido de existir. Matthew Broderick tiene una escena en la película y aunque se que también ha hecho papeles dramáticos su mera presencia me distrajo. Y aunque no soy de esas personas que se molestan por el uso de música triste en escenas tristes, la mejor escena de la película (la más central y desgarradora) es arruinada por el uso excesivo y gratuito de un adagio que obviamente está ahí para garantizar lágrimas, como si se desconfiase que la actuación de Affleck fuera insuficiente para esto. Aunado a esto, es una escena de flashback, y varias veces regresamos a ver a Affleck recordando este flashback varias veces, mientras voltea a la pared y su abogado lo mira fijamente sin decirle nada.

Lucas Hedges fue nominado a Mejor Actor de Reparto y no entiendo porque. He visto mejores muestras de angustia en películas de terror como en la serie de "Halloween", o cualquier otro slasher. Affleck ganó el Oscar a Mejor Actor y...su actuación es la mas satisfactoria, pero francamente hay poco de la película que lo apoye y aunque su personaje se supone que está emocionalmente muerto después de la tragedia, la verdad no se nota mucha diferencia en su actitud antes de ella. Michelle Williams fue nominada como Mejor Actriz...tampoco se porque. Con todo y que su papel es pequeño, su gran escena fue dolorosa de presenciar, pero porque se me hizo pésima. Fue increíblemente chocante ver su trabajo en esa escena, pues es muy buena en otras películas.

Vi esta película en el cine con 20 personas más. Al final, todo mundo se quedo callado, pero no se si su silencio era similar al mío: me quedé callado, porque termine sin sentir nada. Como la novela de Carmen Laforet del mismo nombre, hay una cierta exquisitez en su lenguaje, pero al final de cuentas uno siente que ha visto y sentido eso: nada.

Mi hermana me mandó un mensaje avisándome que me iba a recoger afuera del cine. Aunque calculé que le faltaban 10 minutos a la película decidí quedarme hasta el final. Ya había llegado muy lejos para renunciar. Se acabó como esperaba. A veces no quisiera tenerle tanto respeto al cine. 6/10.

domingo, 12 de marzo de 2017

ESTRENO: "Logan" (James Mangold, 2017)



"Everyone I know goes away in the end..."

"Logan" es una película impresionante, y una de las mejores películas de superhéroes y comics hasta ahora. Tiene más en común con los westerns de pistoleros crepusculares (específicamente, "Shane" y "Los imperdonables") y con las distopías de ciencia ficción que con las películas de superhéroes del siglo 21. Es un drama íntimo, una película de carretera donde los tres personajes principales parecen no tener nade en común, pero comparten la necesidad de encontrar su redención. Mientras que la mayoría de películas del género enfocan sus conflictos alrededor de luchas gigantescas entre seres superpoderosos, "Logan" fija el eje de sus conflictos hacia el interior.

James Mangold es un director con una filmografía disparatada, pero sus películas más notables ("Walk the Line", "3:10 to Yuma" y la insuperable "Cop Land") tienen en común su afinidad al western y a la temática de la redención. "Logan" es una película que trata el tema de la fe y de la religión de una manera madura y acertada, rivalizando hasta la poca vista película de Scorsese, "Silencio". Es una hazaña impresionante el hecho de que la película sea lo que es. La serie de los "X-Men" siempre ha sido una serie desigual y es legendario su desdén por su propia continuidad. Una razón más por la que "Logan" funciona es que es una película autónoma: no se requiere haber visto una película de los X-Men para comprender lo que sucede. Daría lo mismo que Logan, el profesor Xavier y la misteriosa niña conocida como X-23 fueran mutantes o no. Igual nos importa lo que les suceda a ellos. Gran parte de eso es obra de un guión casi perfecto...pero más que nada son las actuaciones de Hugh Jackman, Patrick Stewart y Dafne Keene las que hacen conmovedora a la película. Keene es una revelación, y su español es mejor que el de casi todos los actores hispanoparlantes que aparecen en la película. Y nunca había visto a Stewart y Jackman tan frágiles y exhaustos. Fue como ver a parientes queridos decaer lentamente frente a mis ojos. No me gusta mencionar Oscares a la menor provocación, ni amenazar a la Academia, pero si a estos actores y a la película no se les dan sus justas nominaciones, más vale que el 2017 sea uno de los mejores años de la historia del cine para justificar su ausencia en las ternas.

La película es genuinamente oscura. No "oscura", en el sentido de que con filtros claroscuros que tiran a lo lodoso ya tienen cierta carga de madurez (la fotografía de "Logan" más bien es crepuscular, favoreciendo los tonos amarillos). Es una película adulta, no solo porque se aproveche la clasificación solo para adultos con el gore y las groserías, sino porque los temas de perdida, muerte y un destino inexorable rara vez son presentados con tanta dureza sin compromiso en el cine de acción moderno. El mundo del año 2029 es sucio y violento. Casi no hay mutantes. Los X-Men son mito y mercancía. Gente inocente es asesinada en momentos sin sentido. La victoria final no es épica y cuesta mucho. Si un defecto tiene, es que es demasiado trágica para disfrutarse del todo.

Junto con "El caballero de la noche", "Logan" es una de las mejores películas filosóficas del género. Demuestra la capacidad del género de desarrollar sus historias en distintas cauces. Puede haber películas excelentes de superhéroes que sean divertidas y coloridas, como un comic vivo (Las primeras dos películas de Spider Man de Sam Raimi, "Ant Man", la primera de "Avengers" y las cintas de "El Capitán América", en particular "El soldado del invierno", son los mejores ejemplos de este aspecto en lo que va del siglo, aunque "El soldado..." tiene un pie en lado oscuro). Yo sentí alguna lágrima en mi ojo, más en la escena donde se cita a "Shane", una película que nunca falla en conmoverme en sus últimos minutos. La última toma de "Logan" tiene más fuerza que una locomotora. 9.5/10.

ESTRENO: "The Lego Batman Movie" (Chris McKay, 2017)


"LEGO Batman" es la quinta mejor película de Batman hasta ahora (solo contando las que se estrenaron en cines, no las que son exclusivas en DVD). Aunque no llega a las gloriosas alturas cómicas e ingeniosamente visuales de "La Gran Aventura de Lego", aún así es una vibrante e imaginativa experiencia visual, apoyada por un guión cómico muy meta-ficticio . El gran acierto de "LEGO Batman" es que echa mano de toda la tradición fílmica de Batman (desde los 40s hasta el 2016) para explorar el tema del auto-aislamiento, el miedo de Bruce Wayne de formar una familia y la tendencia creciente de hacer que Batman sea un personaje antisocial, serio y rudo, lo cual contrasta con el concepto general folletínesco de su persona (un multimillonario que se viste de murcielago para surtirle golpes a criminales disfrazados al estilo carnavalesco). Esto le brinda una gran sensación de empatía al personaje y ayuda a explorar elementos de su mundo que usualmente no se ven (y afortunadamente no tenemos que ver otra recreación del asesinato de sus pobres padres). 

La vimos en inglés subtitulado porque queríamos escuchar las geniales voces de Will Arnett y Michael Cera (reunidos como familia una vez más, después de "Arrested Development"), apoyados por Ralph Fiennes (brillante elección para Alfred) y Zach Galifiankis (irreconocible como el Joker). Arnett es definitivamente uno de los mejores Batmen de todos los tiempos, y es genial lo mucho que sus gestos se traducen al personaje de LEGO. Otras celebridades que interpretan a los personajes, especialmente a los villanos de Batman y miembros de la Liga de la Justicia, pero la mayor sorpresa es que, a la mitad de la película, aparecen otros villanos que no son del universo DC...y no digo más, porque su aparición fue una maravillosa sorpresa y una de las cosas que más disfruté (en verdad me estoy aguantando las ganas de spoilear). Hay algunos chistes que se me hacen particularmente memorables, las "crisis existenciales" de Batman a través de los años, por ejemplo, o la carrilla que se le hace a "Batman Vs Superman" y "Escuadrón Suicida". Pasarán un buen rato en el cinea, sean fans de Batman, los LEGOS, la película previa de LEGO, las comedias animadas y/o frenéticas o si tienen hijos/sobrinos/primitos para acompañar. 9/10.

jueves, 2 de marzo de 2017

ESTRENO: "Silencio" ("Silence", Martin Scorsese, 2016)



Es curioso como hay películas que no encuentran el entendimiento o la audiencia en el momento de su estreno. Consideren el caso de “Silencio”, la nueva película de Martin Scorsese. Desde 1989, el maestro italo-americano tenía el sueño de adaptar la novela del escritor japonés católico Shusaku Endo, publicada en 1966 (una primera adaptación se filmó en Japón en 1971). Fue en el 2007 cuando escuché por vez primera del proyecto y me emocionaba el concepto y el reparto anunciado: dos jóvenes sacerdotes jesuitas portugueses—Sebastiao Rodriguez y Francisco Garrpe—viajan a Japón a principios del siglo XVII para averiguar que sucedió con su maestro, el prestigiado sacerdote misionero Cristováo Ferreira, quien desapareció misteriosamente después de la sangrienta represión de su misión. Aunque por casi cien años misioneros católicos evangelizaron en Japón en relativa tranquilidad (la misión evangelizadora fue iniciada por san Francisco Xavier, y se obtuvieron conversos entre la casta nobiliaria cuando Japón todavía era un estado feudal unificado) el gobierno de la era Meji vio a los misioneros y al cristianismo como una posible amenaza. En parte porque creían que la mayoría de las doctrinas cristianas poco tenían que ver con Japón y los japoneses, pero principalmente porque consideraban a los misioneros como agentes de los poderes imperiales (Portugal, España, Holanda e Inglaterra) que buscaban entrar a Japón. Como resultado, miles de japoneses cristianos fueron ejecutados (principalmente incendiados, crucificados y ahogados). Es en este contexto en el que los padres Rodriguez y Garrpe llegan a su peligrosa misión. Cuando la película fue anunciada en 2007, Daniel Day-Lewis iba a interpretar al padre Ferreira, mientras que Gael García y Benicio del Toro interpretarían a Rodríguez y Garrpe. Pero le tomó casi diez años a Scorsese conseguir financiamiento, filmando varias películas notables y taquilleras durante ese período (“La isla siniestra” y “El lobo de Wall Street”), pero sin que nadie se propusiera a financiar la película, hasta que algunos productores (como el sonorense Gastón Pavlovich) decidieron apoyarlo. El reparto original se había ocupado en otros menesteres y ahora era conformado por Liam Neeson, Andrew Garfield y Adam Driver.

Sin embargo, una vez que Paramount entró en escena, las cosas no terminaron bien. Su marketing de la película fue un desastre. Se fijó una fecha de estreno el 25 de diciembre para que fuera considerada para la temporada de premios. No se presentó poster ni tráiler hasta noviembre, porque Scorsese apenas estaba terminando de editar la película, con su editora colaboradora de toda la vida, Thelma Schoonmaker. La película fracaso en taquilla y nadie se acordó de ella en la temporada de premios.

¿Por qué me detengo tanto en los mundanos aspectos de marketing, premios y taquilla? Porque quiero señalar que el negocio del cine (porque eso es, antes que nada: un negocio) rige la suerte de muchas películas y esto es triste, porque “Silencio” es una de las mejores películas del año, y una de las mejores de Scorsese, a quien consideró el mejor director activo, y el más logrado de su legendaria generación. El dominio que tiene Scorsese del lenguaje cinematográfico duramente tiene par, pero cuando utiliza sus habilidades para contar una historia que trata temas complejos sobre la fe, la divinidad, moralidad, la naturaleza del pecado—lo cual ha hecho de manera explícita con dos películas previas, la ultra-polémica “La última tentación de Cristo” y la película biográfica sobre el Dalai Lama, “Kundun”—estamos presenciando a un artista que no siente desdén por su espectador. Con sus míticas películas de mafiosos y anti-sociales (“Buenos muchachos”, “Taxi Driver”, “Toro salvaje”, “Casino”), Scorsese siempre ha adaptado la postura de que el presenta una historia y las posturas de sus personajes sin intentar juzgarlos de una forma u otra, y espera que los espectadores no reaccionen de manera visceralmente, sino que cuestionen sus propias percepciones y reacciones frente a lo que se presenta en pantalla.

En el caso de “Silencio”, tenemos el conflicto que siente el padre Rodrigues (Garfield) al presentir el silencio de Dios. Silencio porque no escucha su voz cuando reza, pero también porque no sabe si Dios está presente cuando sus fervientes ovejas (japoneses campesinos, creyentes que buscan la posibilidad de un paraíso más allá de su vasallaje feudal y las concepciones budistas de karma y rencarnación) son martirizadas de manera brutal. Rodrigues es un hombre noble, poseedor de una sensibilidad (contrastada por la testarudez y rigidez clerical de su compañero Garrpe, interpretado por Driver) que es virtud y vicio a la vez. Cuando los cristianos (kirishitan) japoneses le preguntan que deben hacer cuando se les orden pisar un icono religioso como señal de renunciación de la fe (apostasía), Rodrigues les dice que lo hagan. Pero este tipo de gestos resultan inútiles: cuando Rodrigues finalmente se enfrenta al gran inquisidor Inoue (Issey Ogata) y sus fuerzas—representadas por un astuto interprete (Tadanobu Asano) —se percata de que el Estado tiene menos interés en castigar a los campesinos, y un interés más grande aún en “romperlo” moral y espiritualmente, hacerlo renunciar de su fe para convertirse en un colaborador del gobierno. Su lucha es reflejada por los lapsos y traiciones de Kichijiro (Yozuke Kubokuza)

Las travesías de Garrpe y Rodrigues, y la brutal guerra espiritual que el segundo fragua (provocado por los imperiales, pero muchas veces también provocado por sus propias flaquezas humanas, como su arrogancia y su deseo de igualarse, no emular, a Cristo) son el corazón de la película. Los hermosos paisajes (filmados en Taiwán, pero efectivamente emulando la costa japonesa y la ciudad de Nagasaki, antiguo centro del abortado cristianismo japonés), el gran trabajo de fotografía, diseño de producción, vestuarios y la excelente selección del reparto (los actores japoneses son excelentes, y también se cuenta con la presencia de Ciarán Hinds como el padre provincial) todos son encomiables, pero sin lugar a dudas son Garfield y Kobuzoka en los que recae el peso emocional de la historia. Garfield merecía una nominación por está película como la merecía por “Hacksaw Ridge”. Es un trabajo sobrecogedor, que pareciese emanar de un actor que le dobla en la edad. Sus pruebas de fe son duras de contemplar. Y Kobuzoka es calladamente desgarrador, el único sobreviviente de una horrorosa tragedia familiar que lo ha marcado, y que ha degradado aún más un temperamento que el mismo describe como débil (como nota curiosa: Neeson aparece de manera prominente en los materiales publicitarios, pero su aparición en la película es pequeña. Pero sus minutos contienen su mejor actuación en años. Es una de las representaciones más realistas que he visto de un hombre previamente fuerte que ahora es solo un guiñapo humano, muerto en vida).

“Silencio” dura 2 horas y cuarenta minutos, usa una buena dosis de tomas largas y no contiene música durante la mayor parte de su película (Scorsese emplea los sonidos de la naturaleza, en parte porque para sintonizar con los temas, y título, de la película, y además como una muestra de que el primer director en emplear extensivamente música de Rock en sus bandas sonoras es capaz de ser un asceta auditivo). Pero al terminar la película me quedé durante gran parte de los créditos, sacudido por lo que había presenciado. La película en verdad plantea una serie de cuestionamientos que no ofrecen respuestas en blanco y negro: el Estado japonés tiene razones válidas para estar recelosos de la influencia extranjera; los cristianos tienen razones por las que consideran que su fe es la Verdad y debe ser difundida; los misioneros tienen sus razones para actuar como lo hacen; la audiencia también puede temer y despreciar a un Estado que reprime y asesina a cristianos, como puede ser tan receloso de los misioneros cristianos, sus intenciones y deseo de conseguir la Gloria con el martirio…yo mismo tuve sentimientos mixtos en cada situación. Pero ese tipo de dilemas hacen que la película sea aún más ejemplar. Los jesuitas manejan el concepto de discernimiento (como se debe de actuar frente a situaciones que no tienen respuestas sencillas). Cuando una obra artística nos muestra una travesía sobre el discernimiento y espera que la audiencia también ejerza ese discernimiento, aunque sea de manera pasiva. Por eso, cuando se esfume el ruido de los premios, los números de taquilla y las culpabilidades hacia la mala mercadotecnia, “Silencio” mantendrá su fuerza para todo aquel que la busque. 10/10.

miércoles, 22 de febrero de 2017

ESTRENO: "La La Land" (Damien Chazzelle, 2016)



"Los musicales están casi extintos y el jazz es un género muerto". En forma parafraseada eso fue lo que ejecutivos le dijeron a Damien Chazelle cuando les mostraba un libreto que había escrito, un proyecto que lo apasionaba. No encontró ninguna compañía interesada en financiar una idea con tanta carga "muerta", especialmente viniendo de un realizador novato. Para no quedarse con las ganas, Chazelle debutó con un musical de bajo presupuesto y en blanco y negro llamado Guy and Madeline on a Park Bench. Un par de años después, su película Whiplash arrasó con todos los premios entre 2014 y 2015. El éxito de Whiplash aseguró dos cosas para Chazelle: que su siguiente película recibiría luz verde inmediata y que el público estaba dispuesto a escuchar a personas tocar, discutir y vivir el jazz.


¿Que cuenta la historia que tanto sueño le quitó a Chazelle en sus años neófitos? Es una historia familiar tanto para espectadores como para los que han vivido la experiencia en carne propia: dos jóvenes,  él y ella, que viven en Los Ángeles (conocida afectuosa y peyorativamente como La La Land...alusión a que es una ciudad de "mentira"--es decir ilusiones, mercadotecnia y fantasía--y también a que las personas que emigran ahí son personas que viven en las nubes y sueñan imposibles...y de paso, una referencia a la naturaleza musical de la película) porque buscan lograr sus sueños artísticos. Ella es Mia, proveniente de Boulder City, Nevada, quiere ser actriz desde que era pequeña; él es Sebastian, un pianista talentoso que vive por el jazz y cuyo mayor deseo es comprar el club donde solía trabajar y hacer que el jazz se mantenga vivo en ese espacio. Ambos se conocen, al principio no se caen bien pero el tiempo, la química y el conocerse más los lleva a enamorarse profundamente y apoyarse mutuamente con sus sueños. La añoranza del éxito y la felicidad es lo que provoca las escenas de canto y baile: los angelinos bailan tap sobre los techos de sus carros durante un embotellamiento, las tradicionales fiestas en Beverly Hills culminan en saltos sincronizados en albercas y los diversos parajes de Los Ángeles son el escenario principal donde los amores se manifiestan con bailes a la usanza de Gingers y Astaire.


Pero los detalles son más importantes que el todo. La música de la película está influenciada más por el jazz, el swing y ritmos latinos que por las orquestas y los teatrales a los acostumbrados. La La Land es un musical plenamente original, pues además de no estar basado en una producción, tampoco toma como fuente alguna obra literaria (como "Los miserables" o "El fantasma de la ópera") que le otorgue una dimensión épica. Esta es una historia de amor moderno en un contexto urbano y con personas que buscan el éxito con el uso de sus habilidades. Ahí la elección de Ryan Gosling y Emma Stone como protagonistas, neófitos en el canto y en el baile, evocando a películas musicales previas donde los cantantes y bailarines son amateurs (véase: Los paraguas de Cherburgo y Todo mundo dice te quiero) y por lo tanto sus canciones son más efectivas como manifestaciones de sus emociones y pasiones. Stone tiene una voz tradicionalmente bella que afina las sensibilidades naturales de su personaje, mientras que el registro inferior de Gosling le añade una sensibilidad introspectiva que su personaje carece en su faceta hablada, puesto que tiende a ser arrogante. En su tercer mancuerna como pareja fílmica, Gosling y Stone refuerzan una vez más el hecho de que son una pareja excelente, luminosos en apariencia, pero con una calidez y porte que los mantiene humanos. La gran hazaña de la película es que logra que me interese ver el desarrollo de una relación romántica del siglo XXI (las películas de amor moderno son mi tercer sub-género menos favorito, después de las películas de desastre y las películas de gore y tortura extremas) Cuando el clímax emocional de la película llega, se siente redondo y satisfactorio, aunque con una sazón agridulce que conmueve en vez de frustrar.


Al principio de la película me tomó un tiempo ajustarme a su realidad, no porque fuera un musical (he visto docenas de esos desde que tengo memoria). Mi problema inicial fue ajustarme a ver algo extraordinariamente cinematográfico con algo cotidiano (una ciudad reconocida, una historia de todos los días, una relación como miles) en estos tiempos donde parece que nada nos puede sorprender. Pero después de un rato, la magia surtió efecto. Los musicales hollywoodenses surgieron después de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, como una respuesta artística ante la destrucción y la desolación. En estos momentos inciertos, es bello tener una experiencia familiar pero embarnecida por elementos más bellos. Dos días después de verla, escucho la banda sonora de la película en YT, tarareo los temas ("City of Stars", más que ninguno), recuerdo con maravilla el baile en el embotellamiento (el cual esconde tres cortes, pero parece de una sola toma), el uso de los colores vibrantes, el estilo de montaje muy de los 50's (¡hasta fue filmada en formato de Cinemascope!) y lamentó haberme perdido (por salirme en un momento mal planeado) una escena importante donde nuestros personajes bailan sobre las estrellas. Entre más tiempo transcurría, más me gustaba La La Land y en estos dos días recuerdo con una sonrisa algunos momentos específicos y siento un nudo en la garganta recordando otros. Es cierto que aún así la película no es un !0" completo y quizás necesitaba ir más alla de la trama básica de sus dos personajes (y además, a veces la película es demasiado eficiente). Pero al final de cuentas, Sebastian resume uno de los temas de la película cuando dice que Los Ángeles es una ciudad que "venera todo, pero no valora nada". Aquí una película que valora muchas cosas: el pasado, el jazz, el deseo de triunfar, el amor que desdeña encadenar al amado, la alegría de vivir, cantar y bailar. La mejor forma de ver la película es dejándose llevar por este mundo similar al nuestro, pero más mágico, como a veces lo percibimos cuando el mundo parece impulsarnos o sonreírnos. 9/10





jueves, 3 de noviembre de 2016

ESTRENO: "Doctor Strange" (Scott Derrickson, 2016)


Gracias a que se mantiene como el estudio campéon en cuanto a películas de superhéroes, Marvel se siente lo suficientemente comodo como para hacer películas sobre sus héroes más excéntricos, en este caso con el Doctor Stephen Strange, un cirujano habilidoso que se convierte en hechicero. Como es un genio insufrible, pero de carácter flemático inglés y buen sentido del humor, Benedict Cumberbatch puede interpretar este tipo de papeles dormido, pero nadie lo hace mejor. Es un genio insufrible, pero de carácter flemático inglés y buen sentido del humor. Le proporciona mucha dignidad y seriedad al personaje, pero sus mejores momentos son cuando demuestra su vulnerabilidad y fragilidad humana, como sucede después después de un accidente que cambia su vida y cuando es forzado a romper el juramento de Hipocrátes. Es una buena interpretación y me gusta el manejo de los dos temas esenciales de la película: como enfrentarnos contra el peor enemigo de la humanidad (el Tiempo) y como a veces las tragedias de la vida nos pueden llevar a tomar caminos insospechados que, aunque no fueran los que deseamos, son los que más pueden resultar beneficiosos para el prójimo. Tilda Swinton, Chiwetel Ejiofor y Benedict Wong son muy graciosos como los mentores mágicos de Strange. A muchas personas no les gusta que las películas de Marvel estén cargadas de chistes...a mi sí, y me la pase riendome en la película (junto con la sala retacada) y eso lo hace muy disfrutable. Mads Mikkelsen y Rachel McAdams tienen papeles ligeros y aparecen menos de lo que merecen, pero tienen suficiente impacto dramático para no sentirse aprovechados. 
Los otros dos factores más fuertes de la película: el increíble diseño visual de los multiples universos, los hechizos y el desdobalmiento de paisajes; y los momentos donde lo estrafalario y esóterico de la cinta son presentados sin concesiones. ¿Cuantas películas de superheroes se han atrevido a filmar un combate en tre cuerpos astrales en medio de un sala de emergencias? Casi ninguna, y ese tipo de momentos son de las razones por las que me gusta ir al cine. 
Recomiendo Doctor Strange porque, junto con "Deadpool", es un buen representante de un cine un poco más "gonzo" (o sea "excéntrico") que puede conseguir mayor aceptación y difusión entre películas de alto presupuesto.  8.5/10.

sábado, 29 de octubre de 2016

ESTRENO: I Am the Pretty Thing That Lives In the House (Oz Perkins, 2016)


El día de ayer se estrenó una película original de Netflix titulada I Am the Pretty Thing That Lives In The House (Yo soy la cosa bonita que vive en la casa). Un título largo que evoca a la obra literaria de Shirley Jackson (autora de "The Haunting of Hill House", "The Lottery" y "We Have Always Lived In the Castle") y a la tradición del cine gótico italiano. El título no solo señala sus dos influencias principales, sino que establece la construcción narrativa de la cinta: El  “Yo soy" nos avisa el uso constante de la narración en primera persona, pues la mayoría de los parlamentos de la película los escuchamos en una narración lírica de dos (quizás hasta tres) personajes femeninos. El adjetivo de “la cosa bonita" se aplica a Lily (Ruth Wilson), una introvertida y nerviosa enfermera que ha sido contratada para cuidar a la anciana escritora de novelas de terror y misterio Iris Blum (Paula Prentiss en el presente, Erin Boyes en los flashbacks de juventud y de apariencia similar a Shirley Jackson) y a Polly, el espectro victoriano que protagoniza la novela más célebre de Blum, The Lady In the Wall (La dama en las pared) y que, desde la primer toma, se nos avisa que vive en la casa del título. La casa en cuestión es del estilo colonial, una bella y sencilla construcción blanca, de madera y dos pisos, cuyas ventanas grandes dejan entrar la luz y dejan entrever la soledad nocturna de la floresta fuera de la casa. Este es el único escenario de la cinta. Nosotros nos saldremos de este espacio y, desde los primeros lánguidos minutos, queda claro que nuestros personajes son prisioneros de la misma.

La película fue escrita y dirigida por Osgood “Oz” Perkins, hijo del legendario actor Anthony Perkins. Oz Perkins también siguió los pesos de su padre (su papel más conocido es el del amigo ñoño de Reese Whiterspoon en Legalmente rubia) para eventualmente dirigir su primer película, February, la cual se estrenó en el Fantastic Fest de 2015, pero cuyo estreno comercial se ha postergado por un año y medio (aún no cuenta con fecha de estreno exacto, pero la esperamos este 2017 bajo el título The Blackcoat’s Daughter). Con Yo soy la cosa bonita… corrió mejor suerte, pues Netflix se encargó de financiar y distribuirla. La visión de Perkins respecto a esta película siempre fue minimalista en todos los sentidos. Hay ocho actores en total durante toda la cinta, la casa es la única locación y los diálogos son pocos. Todo esto para construir un cuento de fantasmas de carácter poético que prefiere explorar con sus imágenes y palabras el concepto de la muerte y como aún las jóvenes más bellas sufren los estragos de la putrefacción. De manera aún más conmovedora, las presencias fantasmales son tratados como huellas vivientes que se adhieren a la esencia de la casa. “Cuando hay una muerte en una casa, los días pasan más rápidos”, se nos dice. Y en dos ocasiones se afirma que cuando alguien muere en una casa, ya no es posible que los vivos renten o compren la propiedad…solo la obtienen prestada de los muertos.

Ruth Wilson, como protagonista principal y testigo de los hechos, es un personaje interesante. Aunque es enfermera, su carácter nervioso, remilgado y asustadizo crea la atmósfera de tensión que ya ha sido establecida por los demás elementos. Wilson dijo que estudio a las princesas de Disney (en especial a Cenicienta) para caracterizar a Lily, y se nota. Su tono de voz y acento (un tonito de clase alta, suavecito y levemente chipilón) y su renuencia a leer alguno de los libros de la anciana a la que cuida nos señalan a una pobre chica que se encontrará presa del pánico a la menor provocación. Paula Prentiss habla poco como Iris Blum, pero su monologo más extenso sobre la desdichada suerte de “ustedes, las jóvenes bellas” es hipnótico (y con ecos del  “Este que ves, engaño colorido” de Sor Juana). Bob Balaban nos deleita con su presencia como un  abogado enigmático.

Yo soy la cosa bonita que vive en la casa pertenece a la vertiente del terror actual del “slow burn”, donde una atmósfera opresiva y la tensión constante de que “algo” aparezca en alguna esquina o debajo del marco de una puerta es más importante que los sustos catárticos (esto es ayudado en gran parte por el soundtrack discordante de Elvis Perkins,  hermano del director). La bruja, El babadook, Está detrás de ti y las películas de Ti West son los mejores ejemplos de esta corriente que favorece situaciones y finales ambiguos y la exploración de temas esenciales sobre las relaciones humanas en vez de explotar las convenciones del cine de terror moderno establecido (el gore, los sustos repentinos, los fantasmas deformes, lo grotesco, los ruidos tramposos, etcétera). Vale la pena advertir que a medio camino de la película uno se comienza a percatar de que el misterio de la casa (y de la trama) no será plenamente explicada y de que el final causará más preguntas que respuestas (por mi parte, el único pero es que la estancia de Lily en esa casa tenga una duración de once meses. Creo que es una duración muy larga que no se siente en la historia, al menos de que haya un significado oculto que se me escape).  Para los amantes del terror estándar, Yo soy la cosa bonita… será una decepción. Pero para los que les gusta una buena historia de fantasmas y las películas de carácter poético o literario (y que provoquen muchas teorías sobre su significado), Yo soy la cosa bonita… se presenta como  una de las películas de terror más interesantes del año. Es una película donde una cocina incómodamente grande (junto con la chaqueta color mostaza de Lily, el color y el tamaño de los sets son evocativos del estilo de Mario Bava), una mirada directa a la cámara, una voz fantasmal que susurra una declaración tajante, una silla colgada en la pared, un reflejo en una pantalla de televisión y un espectro que deambulo en un plano oscuro son suficientes para crear desasosiego y una contemplación sobre la fragilidad de la vida. 9/10.