miércoles, 9 de agosto de 2017

"Dunkirk" (Christopher Nolan, 2017)





Después de una serie de películas impresionantes cuya dimensión ética y estética parece haber alcanzado su apogeo más grande con "Interestelar", Christopher Nolan no tenía otra opción para su siguiente película sino bajar de nuevo al planeta Tierra y a la tercera dimensión. Tras explorar el subconsciente, la Quinta Dimensión, el mundo de la magia victoriana, las mentes fragmentadas de personajes de cine negro y Ciudad Gótica, Nolan escogió un tema histórico y bélico para su siguiente proyecto. "Dunkirk" ("Dunquerque", en castellano) relata uno de los momentos más cardiacos y, al final de cuentas, casi milagrosos que ocurrieron en la Segunda Guerra Mundial. El año es 1940 y la guerra tiene meses de comenzada (pocas películas han tratado el tema; en "Expiación", se le dedica una memorable secuencia de toma larga a este suceso). A pesar de los intentos de Gran Bretaña y Francia de proteger a este segundo país de la avanzada alemana, las fuerzas hitlerianas lograron empujar a ambos ejércitos aliados hacía la coste del norte. Sin más opción que evacuar Francia, los britanos se encuentran en su momentos más desesperado. Para empeorar su desesperación, la distancia que separa a su país de Francia a través del Canal de la Mancha es tan corta que se puede vislumbrar a la distancia ("Prácticamente podemos nuestro hogar desde aquí", observa el comandante Bolton, interpretado por un flemático, pero a la vez humano Kenneth Brannagh). No solo eso, sino que el gobierno británico no podía movilizar al grueso de su armada para rescatar a los más de 400,000 soldados al otro lado del mar, pues se preparan para la siguiente batalla. Bajo las órdenes de Churchill, se decomisan todos los navíos civiles posibles con la intención de conseguir el rescate de, optimistamente, 40,000 soldados antes de que los alemanes, quienes disparan balas y bombas sobre las ansiosas filas británicas, terminen por destrozar al grueso del ejército derrotado.

Una historia de este tipo podría contarse de la manera más derecha y convencional posible. Sin duda, aquellos acostumbrados a películas de este índole se imaginan todas las convenciones de las que se echaran manos: personajes ficticios que representan a los soldados con los que la audiencia ha de simpatizar, oficiales flemáticos que explican todo el contexto y la operación por un muy largo trecho y con varios monólogos, una cronología linear que termina por eliminar todo el suspenso posible del que se pudiera sacar de una película con contenido histórico y cuyo final ya se sabe. Pero Nolan es un libretista y realizador que planea diferente y que domina el arte cinematográfico como pocos. Dado que nunca ha hecho una película en la que no rompa con la cronología interna de sus relatos, "Dunkirk" no es la excepción. La película se divide en tres segmentos paralelos en tres locaciones distintas: el muelle donde los soldados esperan ser evacuados, un botecito donde el valiente Sr. Dawson (Mark Rylance) navega para rescatar a todos los soldados posibles acompañado por su hijo y un joven amigo; y en el aire, donde acompañamos a dos pilotos, Farrier (Tom Hardy) y Collins (Jack Lowden), quienes deben arribar a Dunkirk con el combustible que tienen, al mismo tiempo que disparan y persiguen aviones alemanes cuyo propósito es destruir a los soldados y a los navíos. Una semana transcurre en el muelle, un día en el barco y una hora en el aire. Esta brillante desfragmentación del tiempo sirve dos propósitos narrativos valiosos: primero, le da una estructura dramática a los tres segmentos con sus respectivos trayectos narrativos y de personaje, que al final de cuenta terminan por reunirse; segundo, establece el ritmo de la película a manera que los segmentos no son lastres concatenados entre secuencias, sino una historia coherente y rápida; esto, en tercer lugar, le brinda la segunda corriente de género a la película: el suspenso.

La idea de la película llegó a Nolan en 1992, cuando cruzó el canal de la Mancha en un pequeño barco con unos amigos en un transcurso de 19 horas. Transportándose al pasado, Nolan comenzó a pensar en lo que tuvieron que pasar los soldados ingleses durante esa cruenta semana de evacuación. Su viaje de 19 horas sirvió de punto de inicio para entender que el tiempo es relativo. Más Hitchcock que Spielberg, el suspenso es la fuerza dominante de la película, no solo por los giros y reveses que sufren los tres jóvenes soldados ingleses (Finn Whitehead, Aneurin Barnard y Harry Styles) que buscan escapar de Dunkirk a cualquier costo, sino en la historia del yate del Sr. Dawson tras recoger a un soldado en shock (Cillian Murphy), cuya inestabilidad y rechazo a volver a Dunkirk lo señalan como una bomba de tiempo; y en el caso de los pilotos, ya que Farrier no puede ver cuanta gasolina le queda pues su medidor de combustible es atravesado por una bala alemana, forzándolo a una elección constante entre aterrizar o continuar protegiendo a sus camaradas. Es la definición pura de suspenso: la audiencia sabe que hay una bomba a punto de estallar, y la tensión se deriva de ver cuándo sucederá. Este es uno de los dos grandes triunfos de la película, ayudado en gran parte por la edición y la banda sonora de Hans Zimmer, impresionante debido a la manera en la que evoca las altas y bajas emocionales de la película en todo momento.

El concepto original de Nolan era la de no tener un libreto y filmar las escenas con base a un bosquejo, pero su esposa (y productora) le convención de lo contrario. Aun así, el libreto final debe de ser ligero, pues el dialogo es muy poco. Aunque Nolan ha manifestado que esto se debe a su deseo de demostrar el poder que tiene el cine en su forma más pura (a través de los elementos audiovisuales), esta decisión también está apoyada por las circunstancias: difícilmente los tres jóvenes soldados tienen mucho tiempo para hablar casualmente sobre sí mismos. Nolan escogió sabiamente a sus actores jóvenes: la mayoría de los soldados ingleses ("Tommies", como se les dice en Inglaterra) eran muchachos que apenas pasaban de los 18 años, y se nota. Los actores desconocidos Whitehead y Barnard, así como él (sorpresivamente) bueno, Harry Styles (quien ganó su papel a través de una audición, pues Nolan no lo conocía) hacen una mancuerna excelente y sirven como los representantes de la soldadesca que, en esos momentos, solo busca sobrevivir. Todos los actores de reparto (incluyendo algunos rostros familiares solo para aquellos que ven la televisión británica) parecen auténticos, salidos de fotografías del período, pero sin duda Tom Hardy se luce una vez más. A pesar de que su rostro está cubierto por una máscara y voz filtrada (algo gracioso, si consideramos su última colaboración con Nolan), logra expresar muchas cosas con tan solo sus ojos, y su personaje es sin duda un héroe de alto calibre (como trivia: el comandante de su escuadrón, al cual solo escuchamos en la radio, es Michael Caine, otro miembro de la compañía Nolan que no podía faltar).

Pero "Dunkirk" no es un simple ejercicio de género, sea este el bélico, el histórico o el de suspenso. Es una película en donde se manifiestan algunos de las inquietudes temáticas de su realizador de una manera bastante orgánica: el heroísmo que surge a través de todo tipo de sacrificios, el legado heroico que se puede desprender aún a través de derrotas, desilusiones y tragedias (en el nivel macro, la evacuación misma de Dunkirk, resumida de manera inmortal por Churchill y conmovedoramente citada en el final de la película; en el nivel micro, la muerte de un personaje que termina por garantizar su deseo más grande en vida), las mentiras piadosas que se tienen que decir para que una persona que ya ha sufrido bastante pueda continuar subida, las nuevas identidades que se asumen por el deseo de supervivencia, los trágicos efectos que a veces pueden ser provocados por acciones nobles (dos escenas en el clímax ilustran este aspecto de manera terrorífica), y más que nada, el heroísmo comunitario. Este es el segundo triunfo de la película: cada acto sin interés propio conlleva a un clímax en donde se pone de manifiesto como la necesidad y bienestar propio son insignificantes cuando se trata de la seguridad y bienestar de los miembros de nuestra comunidad. Sea a través del heroísmo silencioso de un piloto de yate de carácter formal o las decisiones tomadas por un piloto, la búsqueda del bienestar comunal es una de las acciones que más se necesitan en toda la historia y ahora más que nunca. Al finalizar "Dunkirk", no solo sentimos la catarsis creada por la resolución de la tensión, sino por el saber que es posible ayudar a los demás, aun cuando las circunstancias parezcan insuperables. 

9.5/10

lunes, 5 de junio de 2017

ESTRENO: La Mujer Maravilla (Wonder Woman, Patty Jenkins, 2017)








Se necesitaba que una super-heroína salvara al día. Después de tres películas que, para decirlo de una manera diplomática, resultaron controvertidas respecto a su calidad, La Mujer Maravilla (dir. Patty Jenkins) llega a galope tendido y demuestra exitosamente como se hace una película de superhéroes. Contada de manera coherente, con temas claramente fijados y expuestos y apoyado por un libreto que balancea con bienvenida ecuanimidad lo ligero con lo serio, La Mujer Maravilla se siente como una bocanada de aire fresco en estos tiempos. ¡Qué maravilla ver una película de súper héroes donde la protagonista sea una persona que sabe en qué consiste la auténtica heroicidad, y no carga con sus deberes como si se tratase de una roca gigante que obligatoriamente debe de sostener!

Creada por el siquiatra William Marston en 1942, influenciado por su interés en el feminismo y su relación poli-amorosa con dos mujeres fascinantes, la Mujer Maravilla se volvió la super heroína más reconocida de todos los tiempos. Fuera de la animación y de la iconica serie televisiva de los 70’s estelarizada por Lynda Carter, la Mujer Maravilla brilló por su ausencia, con solo intentos fallidos en su historial fílmico. Afortunadamente, esta primera adaptación logra una síntesis efectiva de todos los elementos de los pasados 70 años de historia al tiempo que abre nuevas pautas hacia el futuro. 

La princesa Diana ha vivido por miles de años en Temiscira, cuidada por su madre, la Reina Hipólita (Connie Nielsen), su tía, la generala Antíope (Robin Wright) y la población entera de las amazonas. Creadas por Zeus para servir como puente de harmonía entre los hombres y los dioses del Olimpo, una brutal rebelión efectuada por Ares, el dios de la guerra, ha separado a la humanidad de las amazonas. Esperando el momento en que Ares surja de nuevo, Diana entrena hasta volverse la más poderosa de las amazonas. Cuando el piloto estadounidense Steve Trevor (Chris Pine) es derribado en la playa de Temiscira, Diana descubre que Ares tiene el mundo bajo su control (la percepción de Diana de que los dioses manipulan a los humanos y que estos tienen poco libre albedrío está marcada en la línea clásica, interesantemente), pues el planeta se encuentra en medio de la llamada “Guerra para terminar todas las guerras”. Diana viaja a Inglaterra con Trevor, donde de manera levemente jocosa se tropieza con las convenciones del mundo occidental de los 1910 (genial la escena donde debe conseguir ropa para pasar desapercibida). En Londres, Diana y Trevor son apoyados por un equipo compuesto por la efervescente secretaria Etta Candy (Lucy Davis), el contrabandista nativo-americano conocido como “Jefe” (Eugene Brave Rock), el francotirador escoces Charlie (Ewen Bremner) y el simpático actor-espía políglota Sameer (Saïd Taghmaoui), y parten hacía el grueso de la guerra de trincheras en el frente belga.

La elección de situar esta historia en la Primera Guerra Mundial en vez de la Segunda es brillante. Una de las guerras más confusas en todos los aspectos, fue el inicio de la guerra mecanizada y despersonalizada, una hecatombe en donde se ingeniaron más grandes y letales formas de asesinar al prójimo, y sin archi-villanos tan obvios como en la Segunda. Aunque los villanos físicos en la película son el General Erich Ludendorff (Danny Huston) y la siniestra Dra. Veneno (Elena Anaya), el verdadero enemigo de la Mujer Maravilla es la Guerra misma, y sus encuentros con la guerra la llevan a descubrir que la humanidad es muy compleja...capaz de atrocidades, pero también de bondad y generosidad. Este elemento esencial sirve como motivo para que Diana emprenda su aventura fuera de la isla, pero también nos demuestra la clase de persona que ella es. Cuando pelea, lo hace de manera efectiva y poderosa, motivada por el peligro en que se encuentran las personas inocentes y las personas que ella ama. Sabemos que ella estará fuera de peligro, pero no podemos decir lo mismo sobre esos civiles y los demás personajes. La emoción y la pasión que Diana siente en estos momentos son emitidas de manera efectiva por Gal Gadot, que imprime carisma, bondad, empatía, inteligencia y astucia en todo momento. Para que una película sea exitosa, uno de los requerimientos principales es que el tono de la película esté sincronizado con el tema y con el personaje central. Y este es uno de los éxitos principales de La Mujer Maravilla. Es una cinta donde rige la esperanza, pero no como eslogan vacío, sino como resultado de acciones proactivas en la búsqueda por la paz, sea a través de la defensa en tiempos de guerra o a través del entendimiento con los otros. Cuando vemos a Diana en acción, también los personajes la observan con los mismos ojos que nosotros lo hacemos: ojos de admiración, sorpresa y, claro, maravilla. La primer escena en donde aparece Diana con su armadura y combate a los soldados alemanes en la “Tierra de Nadie” (“No Man’s Land”) es un momento que, además de emocionante, resultado sumamente conmovedor. Genuinamente se siente como si uno viera a una semi-diosa en acción.

Como toda buena película, esta tiene varias escenas que se quedan con uno después de terminada la película. Las escenas de combate son limpiamente filmadas y editadas (en particular, me agrado una pelea de callejón que es claro homenaje a la película de Superman con Christopher Reeve), pero las escenas que más recuerdo son las escenas del toque humano: las conversaciones entre Diana y su madre; la plática nocturna entre Diana y el “Jefe”, quien no toma partido en la Guerra porque su pueblo ya ha sido despojado de todo lo que tenía; la reacción de niña de Diana frente a un cono de nieve y a la mera presencia de un bebé (no hay bebés en Temiscira, y es el primero que ve en persona); el carácter muy humano de Trevor, quien demuestra tener miedo un par de veces, pero aun así cumple con sus misiones de manera intachable (Pine, por cierto, es excelente...hace lo que sabe hacer bien y además funge en ocasiones como el "caballero en peligro", algo bastante divertido); la villanía desbordada de Ludendroff y Veneno en una escena donde masacran a un cuarto entero, evocadora de previas películas que no se tomaban tan en serio; un poético y romántico baile en medio de una villa devastada en donde todavía existe la posibilidad de la supervivencia; una revelación final sobre un personaje que dejo atónito y felizmente desconcertado (disfruto el no percatarme de cosas antes de tiempo).

Vi está película en una sala de cine donde había varias niñas. Frente a nosotros, tres niñas veían la película con mirada fija. No pude observar sus rostros, pero era claro que estaban sintiendo lo mismo que yo y muchos niños hemos sentido por décadas: emoción pura, de esa que te paraliza al sentir ese roce con una figura mítica que hace todo lo que tu quisieras hacer, solo que ahora con la figura de una mujer. Espero que esta sea la primera muchas experiencias similares. En estos tiempos en los que las instituciones en todo el mundo se encuentran en tela de juicio y pareciera que la ficción solo parece enfocarse en héroes moralmente ambiguos, una nueva esperanza se cierna sobre el horizonte de nuestra cultura colectiva. Y se trata de una súper mujer (10/10).

jueves, 1 de junio de 2017

ESTRENO: "Get Out" ("Huye", Jordan Peele, 2017)

Una película de terror, misterio y sátira social cumple una semana en las carteleras Hermosillo. "Huye" ("Get Out"), debut como director y guionista de cine del comediante Jordan Peele, batió records en taquilla y una de las mejores recepciones críticas en lo que va del año. Chris, un fotógrafo afroamericano, acompaña a su novia blanca Rose a conocer a sus padres. La visita coincide con una celebración de cumpleaños en donde varios amigos de la familia visitan. Los padres de Rose son médicos bien intencionados, pero Chris siente algo de incomodidad debido a la interacción social que tiene con ellos. Esta interacción empeora con la llegada de los visitantes, pues estos hacen comentarios y preguntas estereotipicas e hirientes, y se toman libertades al momento de tocarlo. De manera aún más extraña, hay dos trabajadores afroamericanos que se comportan de manera extraña, y otro que parece estar casado con una mujer blanca 30 años mayor que él. La atmósfera perturbadora que se cierne sobre Chris comienza dar paso a una verdad aterradora.
Siguiendo la escuela de terror del gran Ira Levin que con sus novelas "El bebé de Rosemary" y "Las esposas de Stepford" se volvió el maestro de la cotidianidad siniestra y de la sátira social. Frases aparentemente inocentes y elementos de interacción social adquieren matices terroríficos dentro de estas historias, donde personas comunes y corrientes se ven envueltas en conspiraciones macabras de las que parece no hay escape. "Huye" es una película con muchas capas de significado y un buen elemento de crítica social desde el punto de vista afroamericano. Se beneficia de una segunda vuelta o de leer datos escritos por otras personas, pues tiene cosas muy sutiles que hacen que la película sea aún mas siniestra. Pero durante la primera vez que se ve aún así se puede disfrutar de una excelentemente ejecutada película de suspenso, con excelentes actores y una manera de ser filmada y editada que se remontan a la época de oro del cine de terror en los 70's, tanto por sus cámaras dinámicas, como por su encuadre, música y la sofistificación de los actores y del libreto. Asimismo, Peele demuestra sus orígenes como cómica, pues ademas de que muchos de los elementos satíricos están finamente (y de manera macabra, graciosamente) integrados a los elementos siniestros. También existe un personaje, el mejor amigo de Chris, que ofrece gratos momentos de comedia pura.
"Huye" es una película recomendada para los que prefieren películas inteligentes y que los perturben partiendo de temas, inquietudes y paranoias reales. Los que le sacan la vuelta a las películas de terror debido a los sustos repentinos no tienen mucho de que preocuparse con esta cinta. "Huye" es lo bastante inteligente como para saber que algunas de las cosas que más nos perturban no saltan de rincones oscuros, sino de las obsesiones y deseos de control de la sociedad actual. 9/10




martes, 30 de mayo de 2017

Tres películas de 2016 para ver en Netflix (1)


Tres excelentes películas estrenadas en 2016 para ver en Netflix. Las tres películas son de 10.

1. La delgada línea amarilla (2016). Película debut de Celso R. García, La delgada línea amarilla es una maravillosa película mexicana que demuestra que hay muchas historias que contar sobre las personas trabajadoras del país. Es la historia de don Antonio (Demian Alcazar), un ex-jefe de obras de carreteras que durante los últimos 20 años ha fungido como velador de un lote de chatarra. Cuando sus jefes lo reemplazan con un perro, don Antonio una vez más se encuentra en la deriva, hasta que se reencuentra con un ingeniero (Fernando Becerril) con el que había trabajado décadas atrás. El ingeniero lo contrata como capataz para pintar las líneas en más de 200 kilómetros de carretera, junto con un equipo disparatado conformado por el trailero Gabriel(Joaquín Cosío); Atayde, un ex trabajador de circo (Silverio Palacios); Mario, un ex convicto (Gustavo Sánchez Parra); y Pablo, un silencioso muchacho de actitud serena (Américo Hollander). Cada miembro del grupo tiene sus propias metas de vida y personalidades perfectamente delineadas. Los 90 minutos que duran la película se esfuman sin problema, debido a que los parlamentos son chispeantes y tan vivos como las mejores conversaciones de la vida real, así como por la serie de complicaciones e incidentes a los que se tienen que enfrentar los personajes. La relación entre los cinco hombres es sumamente conmovedora y hay momentos de gran poesía humana. Es una película que se puede disfrutar en familia y una de las mejores muestras recientes de como hacer un drama mexicano de gran calidad en cuanto a dirección, guionismo, actuación y humanismo. (95 minutos, recomendado para 12 años en adelante)


2. Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, 2016). El triunfal regreso de Mel Gibson en la silla del director después de diez años, Hasta el último hombre es la historia verdadera de Desmond Doss, un devoto adventista que enlistó como médico de combate durante la Segunda Guerra Mundial, rehusándose a entrenar en el manejo de las armas. Sus creencias no-violentas y su pacifismo devoto le ganaron la enemistad de sus camaradas y superiores, quien veían en el no solo a un cobarde, sino un punto débil al momento de defender a sus camaradas durante las batallas. Pero Doss demostró una valentía sobrehumana al salvarle la vida a más de 70 de sus camaradas (y algunos de sus enemigos) durante una feroz batalla en un acantilado cerca de Okinawa. Moviéndose entre los gentiles parajes de Virginia Occidental y la apocalíptica zona de guerra, la película retrata el poder que la violencia ejerce en el mundo, sea en la familia o entre los gobiernos, y como un solo individuo puede ejercer un cambio positivo a través de sus convicciones. Apoyado por un reparto sólido que incluye a Hugo Weaving, Teresa Palmer, Vince Vaughn, Sam Worthington y Rachel Griffiths, Andrew Garfield demostró ser uno de los mejores actores de su generación con está película y Silence. Y Gibson demuestra una vez más que es uno de los mejores directores activos, con su dominio del ritmo, encuadres y coreografías, y que nadie le supera en lo que se refiera a filmar historias sobre héroes cristianos en situaciones ultra-violentas.(139 minutos, Recomendado para 18 años en adelante)



3. The Witness. Impactante documental sobre uno de los asesinatos más infames de Estados Unidos. El brutal apuñalamiento de Kitty Genovese en Nueva York se volvió un caso conocido y estudiado en las universidades debido a que duró más de media hora en efectuarse (el agresor se detuvo por un momento, pensando que iba a ser delatado, pero volvió al percatarse de la falta de acción de vecinos y policías) y que tuvo lugar en medio de una calle habitada por docenas de personas, volviéndose un símbolo de la apatía citadina en general y neoyorkina en particular. Casi cincuenta años después, Bill Genovese comienza una investigación personal para confirmar (o destruir) la serie de mitos que se forjaron sobre esa noche, así como entablar una búsqueda para saber más sobre su querida hermana mayor, de quien aun desconoce muchas cosas sobre su vida. El documental contiene escenas de revelaciones y testimonios impactantes y una variedad de recursos diferentes (ilustraciones narradas, por ejemplo). Pero al final lo que cuenta es la imagen que aparece de Kitty, una mujer con una vida interesante pero enteramente opacada por sus trágicos últimos momentos, y un retrato sobre la obsesión y el dolor acarreados por Bill. La última media hora contiene momentos estremecedores que sacudieron mis emociones. (89 minutos, Recomendado para 15 años en adelante)






jueves, 4 de mayo de 2017

NETFLIX; "The Childhood of A Leader" ("La niñez de un líder", Brady Corbet, 2016)



Una de las películas más impactantes del año pasado (y una de las que más se ha incrustado en mi mente) se encuentra disponible en Netflix. "La niñez de un líder" ("The Childhood of A Leader") hizo sus rondas en algunos festivales de cine y pasó desapercibida en los cines antes de entrar a la colección de Netflix, donde merece ser descubierta y vista. Categorizada como una película de terror, pertenece más bien a un estilo de película dramática donde la música (trompetas y violines que chillan, rugen como engranes, que parecen anunciar perdición y muerte) y la fotografía (voyeurística, inquietamente nerviosa, a veces al borde del vértigo) son los elementos que le dan la sensación de pavor e inquietud. "Taxi Driver" y "There Will Be Blood" pertenecen a esta tradición, y "La niñez de un líder" es una digna adición a este corpus.

"La niñez de un líder" está dividida en cuatro actos y relata la infancia de un futuro dictador autoritario/fascista que ha de surgir después de la Primera Guerra Mundial. No es Hitler, Mussolini, Franco o Stalin, pero al mismo tiempo es todos ellos. Se trata de Prescott (Tom Sweet) un pequeño de largos cabellos y actitud silenciosa, hijo de un diplomático estadounidense (Liam Cunningham, con acento americano) y la hija de un misionero alemán (Bérénice Bejo, muy diferente a su papel encantador en "El artista"). Los padres sin nombre son una pareja respetable, pero algo anda mal. Él es el Padre Terrible, la figura distante y adusta, que tiene un trato más calido con su amigo periodista, Charles Marker (Robert Pattinson, amable y misterioso) que con su pequeño, a quien trata de la manera tradicional: poco, y esperando respetando en vez de amor. La madre es una mjuer devota que tiene una relación más estrecha con su hijo, pero deseos y planes reprimidios afectan su actitud. Han llegado a un pueblo francés que parece no haber sido afectado por la guerra y viven en una gigantesca casa. El padre es parte del cuerpo diplomático estadounidense que participa de manera activa en la creación de los Tratados de Versalles que han de crear un nuevo orden europeo y, según los deseos redentores de los estadounidenses, un "mundo mejor". Pero esta trama y esta ambientación que evocan elegancia y dignidad son el envoltorio de una herida que amenaza con ser gangrena. Hay algo de malsano en el niño, en los padres y en este siglo.

La película inicia con un tema principal escalofríante que acompaña imagenes de la Primera Guerra: soldados en marcha o atrincherados, bombardeos, mujeres y niños desolados, llorando. La historia de Prescott esta enmarcada dentro de este mundo caótico, donde el cadaver del siglo XIX da luz a un siglo XX cuyos estragos serán mayores. A diferencia de los dictadores que surgirán de este periodo, Prescott es un niño y además, como estadounidense e hijo de un hombre "de bien", está mas alejado de la situación de los europeos. Pero aún así desarrolla habilidades de manipulación temibles, y su inteligencia y sadismo latente se ponen de manifiesto en tres de los cuatro actos de la película, titulos, por ejemplo "El primer berrinche". Sus berrinches no distan mucho de los de un niño travieso común y corriente, pero dentro de su contexto familiar y social, son semillas para un futuro reino de terror. Su manipulación se extiende hacia dos de sus ayas: la ama de llaves que lo adora y alcahuetea (Yolanda Moreau) y de la hermosa joven que funge como su tutora de francés (Stacy Martin, una bella revelación). Estos dos personajes quieren al precioso niño y buscan lo mejor para él, pero terminan siendo fichas en un juego de poder entre el niño y sus padres.

"La niñez de un líder" es una película que esconde más de lo que muestra, pero entre más se piensa sobre sus posibles significados, más desoladora se percibe. Hermosamente fotografiada por Lol Crawley y musicalizada por Scott Walker (sus composiciones son la base que sostiene a toda la película), es increíble pensar que es el debut de Brady Corbet, un actor estadounidense que ha trabajado más en Europa que en su país natal. Parece la película de un veterano, y más que película parece una novela en donde la ambiguedad entre líneas reina de manera suprema. Detallitos insignificantes adquieren matices ambiguos; las acciones y declaraciones de los personajes parecen tener doble sentido o una intención traicionera; el intento por brindar estabilidad mundial se concentra en formar fronteras nacionales que terminarán siendo arbitrarias. El mundo adulto resultara un fracaso y, en un momento cumbre, el antes devoto Prescott salta sobre una silla y grita varias veces "¡Ya no creo en la oración!"

El final es la consecuencia de este mundo y de esa casa. Ciertas imagenes aparecen en una escena de sueño de Prescott, como visiones del futuro. Pero la realidad supera hasta las pesadillas. No conocemos que le sucede a Prescott en los años posteriores a los de las viñetas presentadas en la película, pero su historia, al final de cuentas, puede ser llenada con los datos biográficos de muchos de los tiranos más crueles del siglo XX. Aunque filmada en 2015, ni el mismo Corbet pudo predecir que la película adquiría dimensiones adicionales perturbadoras. Hay nuevos Prescotts en la política internacional en pleno siglo XXI. La película nos advierte: esto comienza en su propia casa y en su propia familia. Y eso, más que cualquier asesino, fantasma o demonio, es causa de terror puro. 10/10.

sábado, 15 de abril de 2017

Lo Que Pedro Infante Significa Para Mí





Crecí en un pueblo en donde las distinciones de época eran prácticamente invisibles. Aunque mi niñez transcurrió durante la década de los 90, la presencia constante y activa de personas de generaciones previas mantuvo su influencia sobre mi percepción de la vida. Aún vivían tres de mis cuatro bisabuelas, mujeres cálidas y de mentes despabiladas que nacieron en el transcurso de las primeras tres décadas del siglo XX. Fueron las últimas hijas del México revolucionario, y testigos del México en transición a la modernidad. Cuando íbamos a visitarlas a sus casas, me fascinaba tomar de su rico café con leche, comer galletas y tocar los muebles viejos de sus casas. Mis padres platicaban con ellas, usualmente las noticias recientes de la familia y de sus comunidades, pero también recordaban cosas que habían pasado hace muchos. Yo escuchaba todas estas conversaciones. Fusionadas dentro de una sola plática, en mi mente no existía diferencia entre nombres y sucesos que me resultaban familiares y los recuerdos de personas, momentos y lugares que nunca habría de conocer.

Fue gracias al cine mexicano que comencé a descubrir la diferencia. Aunque disfrutaba jugar solo en el patio de mi casa, prefería sentarme a ver la televisión, especialmente durante la mayoría de los días asoleados, calurosos y llenos de tierra que caracterizan la existencia de todos aquellos que crecimos en alguno de los desiertos de Sonora. Durante mi temprana infancia, solo tenía acceso a dos canales: Telemax y el Canal de las Estrellas (el Canal 5 eventualmente aparecería en la señal de antena). Con frecuencia, no había nada que ver, pero siempre había algo que capturaba mi atención. Indiscriminadamente veía de todo: programas educativos infantiles, documentales de ciencia filmados y narrados de manera seca, el programa de pintura con el pacífico Bob Ross (me llamó menos la atención su afro que el hecho de que se oía una voz en inglés debajo de la voz en español...pero su habilidad de pintar bellos paisajes en menos de media hora me impresionaron mucho, sobre todo porque me costaba trabajo trazar con crayones sin salirme de las líneas), un grupo selecto de caricaturas, las noticias, "Siempre en Domingo", las telenovelas...y más que nada películas. Telemax ofrecía una selección disparatada y variada de cine de arte europeo, películas estadounidenses de serie B y C, mini-series prestigiosas y alguno que otro éxito crítico y popular. Pero fue en el Canal de las Estrellas, principalmente durante los fines de semana, que me adentré a un mundo raro, que a la vez me resultaba familiar. En este mundo, todo era en blanco, negro y gris. Las personas vestían algo diferente a lo que acostumbraba ver: se usaban trajes con corbata, vestidos largos y entallados, trajes de charro o calzón de manta. Se paseaban más en caballos que en coches. Y los paisajes eran diferentes. A veces, parecía que vivían en un desierto similar al mío, pero en otras ocasiones parecía que tenían mas pasto y arboles. Solo así se podía explicar el hecho de que usaran toda esa ropa tan molesta, pues no debían de sentir el calor que normalmente sentía yo.

No podría nombrarles el título de alguna película en especial que recuerde de esas primeras experiencias, pero si les puedo decir que me llamaban más la atención las películas de rancho. Las películas de ciudad las aprendí a identificar rápidamente, porque eran las que más me aburrían. Casi todas las escenas tomaban lugar en habitaciones muy similares entre sí, con largas conversaciones, y desde chico me percaté de la existencia del ritmo narrativo. Además, las personas de ciudad siempre tenían problemas que se me hacían aburridos: se gustaban, pero por alguna razón u otra no podían juntarse como mamá y papá. En cambio, las películas de rancho me divertían mucho y tenían historias que entendía. Me gustaban los personajes de esas películas porque hacían y decían cosas muy chistosas, o eran muy valientes y buenos. Además, los escenarios se asemejaban a los pueblos que conocía  y me imaginaba que historias como esas podían pasar en esos lugares conocidos por mí...y tal vez habían pasado.

Con la costumbre y la familiarización, comencé a distinguir a los actores que aparecían en varias de las películas. Se volvieron conocidos míos y les tomé la misma estima que sentía por las personas que formaban parte de mi comunidad. En particular, había dos actores que sobresalían más que todos. Una era Sara García, la amorosa pero ruda abuelita que me recordaba en gesto, palabra y entonación a mis bisabuelas y abuelas. Verla en pantalla era divertido, porque era como verla imitar de manera exagerada a esas mujeres queridas. El otro actor era Pedro Infante.




No sé que factores me llevaron a admirarlo a él sobre todos los demás protagonistas de otras películas. No se si era algo en su semblante, siempre sonriente y siempre con las emociones a flor de piel, o en su forma tan clara de decir las cosas, o si era el hecho de que los personajes que interpretaba causaban un gran interés. Lo cierto es que al tiempo descubrí que si Pedro Infante salía en la película tenía que verlo. Cuando veía empezar una película en blanco y negro en la tele y él no aparecía sentía una gran decepción. En cambio, si veía su nombre en los créditos y cambiaba de canal y me topaba con algunas de sus escenas, me quedaba viendo sus películas. Recuerdo fragmentos de escenas: su sobrecogedora crisis emocional cuando se encierra en un cuarto con el cadáver incendiado de su hijo "Torito" en Ustedes los Ricos quedó cincelada para siempre en mi mente. Ese momento cumbre de la cinematografía mexicana cuando recuerda a Torito en flashbacks que se sobre imponen en el presente, mientras ríe recordando las travesuras y payasadas del pequeño, solo para transformar sus carcajadas en un llanto animal y enloquecido es una de las representaciones más desnudas y brutales que he visto del impacto mortal de una tragedia en la vida de un hombre. Ver a un adulto llorar de tal manera, enloquecida y sin atavismos, me impactó. En  mis tiernos añitos aún no terminaba por distinguir entre "actor" y "personaje"; aún veía películas pensando que estaba viendo una realidad, un documental de algún suceso extraordinario que había ocurrido en lugares lejanos al mío. Pero Pedro Infante fue uno de mis primeros instructores en diferenciar realidad y ficción. Y más impresionante fue reconocer que alguien pudiera llegar a "jugar" (porque para mí, y creo que muchos, la actuación esencialmente es un juego) a que es un hombre que sufre de una manera tan brutal.

Recuerdo más vívidamente  cuando, estando en casa, mi mamá y sus hermanos prendieron la tele para ver una película que a todos les llamaba la atención: Los Tres García. García es la familia de mi madre, la cual consta de tres hermanas y tres hermanos. Naturalmente, la diversión de todos al ver la película era asignarle un personaje de entre los tres primos de la película a uno de los hermanos de mi madre. Uno tenía que ser el García rico y refinado, con aires de arrogancia, interpretado por Víctor Manuel Mendoza (ese lo asignaron a mi tío mayor). Otro tenía que ser el primo pobre pero honrado, de carácter mercurial, interpretado por Abel Salazar (por default, ese tenía que ser mi tío más joven, el único lampiño de los tres, como Abel Salazar, pero sin el temperamento peleonero). El primo parrandero, mujeriego, carismático y borracho interpretado por Pedro Infante recayó en el hermano de en medio, quien compartía con él su gran facilidad para los chistes y la simpatía de las personas, además de un fino bigote.

La película es sumamente divertida. Los tres primos parecen tenerse un odio extraordinario que solo es frenado por las amonestaciones de su abuelita (Sara García, claro) y por el sacerdote de su pueblo. Pero sus choques se acrecientan con la llegada de su güerita prima México-americana (Marga López, uno de mis primeros crushes del cine clásico mexicano) por la que los tres compiten. Para acabarla de amolar, tienen como enemigos jurados a los tres hermanos López, matones despiadados. La forma en la que está historia es contada se hace con un agilidad e ingenio cómico visual que a veces parece anticipar los aspectos juguetones de las nuevas olas de cine, todo cortesía de Ismael Rodríguez, hombre importante en la vida de Infante y la mía que merece ser mencionado aparte. Cuando terminamos de ver la película, los comerciales anunciaban una secuela Vuelven los García, en donde la abuelita es herida de un balazo por otro de los López en una escena trágica. Aunque no pierde el toque humorístico de la primera parte, Vuelven los García es más triste, pues la muerte de la abuela envuelve de tristeza a toda la película y lleva a que el personaje de Pedro se pierde en el alcohol y la ira. La escena del entierro, cuando los tres primos cantan "Mi cariñito" al ataúd de su abuela mientras desciende en la fosa, me arranca lágrimas hasta estos días.

Comparto esta anécdota en particular porque, además de ilustrar la estrecha relación que el cine puede tener para retratar y explicar nuestras vidas y sentimientos, ejemplifica una de las razones por las que Pedro Infante pervive no solo en mi memoria, sino en el corazón de varias generaciones que no nacían cuando murió hace 60 años. Su registro actoral a lo largo de 60 películas es impresionante, no solo en cuanto al "tipo" variado de papeles que asumía (carpintero, bandido, soldado patriota, criminal de carrera, oficial de la ley, heredero de una familia de abolengo, obrero urbano, ranchero trabajador, vagabundo, sacerdote, compositor renombrado, alcohólico sin oficio ni beneficio, maestro de historia, etcétera...mestizo, criollo, indígena, mulato,  español...norteño, sureño, defeño, sinaloense, regiomontano, tapatío, jarocho, chilango, y más etcéteras) No había acento regional que no manejara hábilmente, o estrato social y profesional con el que no se moviera con facilidad. Esta habilidad camaleónica de ajustarse naturalmente en todos estos ámbitos es rara en nuestro país debido a lo anquilosado de nuestro paisaje socio-económico, y difícil para muchos actores que solo manejaban, a lo mucho, dos tipos. No así con Pedro. Su maleabilidad iba más allá, asumiendo todos los roles masculinos de nuestra sociedad: padre, hijo, hermano, sobrino,  tío, primo,  padrino, ahijado, cuñado, esposo, novio, amante, pretendiente, amigo, compadre, maestro, estudiante, compañero y líder. Que se diga de los géneros: comedia, melodrama, biografía, histórica...

¿Que alquimia poseía Pedro Infante? Nacido en un pueblo en los alrededores de Mazatlán, el 18 de Noviembre de 1917, tuvo poca instrucción básica y nula instrucción profesional. No estudió actuación en escuela de artes escénicas. Su extraordinaria voz no fue afinada en conservatorios ni academias. De extracción humilde en uno de los estados más agrestes y semi-abandonados del centralismo mexicano, llegó a la capital con su primer esposa, poco a poco accedió a mejores papeles y oportunidades musicales. Su camino no fue fácil. Llegó a la Ciudad de México a finales de los 30, tuvo su primer protagónico en 1943 y finalmente despegó (actoral y musicalmente) a mediados de los 40. Pero vaya despegue. Trabajó con buena parte de los directores más notables de la época (Rodríguez, Emilio Fernández, Rogelio González, Miguel Zacarías, René Cardona, entre otros) y compartió escenas con divas, divos y actores veteranos, inclusive algunos que lo intimidaban al principio (tuvo mucha reticencia en actuar con Sara García o Fernando Soler, porque respetaba mucho su talento y se consideraba poca cosa como compañero). Sin embargo, estos actores terminaron siendo sus maestros y cómplices. El carisma innato de Infante, su capacidad de memorización y la manera natural con la que matizaba sus diálogos y canciones con diferentes emociones lograron hacerlo una estrella. Combinado a esto, en su vida pública mantuvo una imagen de humildad y agradecimiento frente al público y sus colegas, además de impulsar uno de los primeros movimientos de vida sana a través del deporte y el fisiculturismo.




Mucho he hablado de Infante Actor, y poco de Infante Cantante. Poco después de ver las películas de Los Tres García, y Los Tres Huastecos (mi favorita de sus películas, parcialmente por lo fascinante que resulta verlo actuar en partida triple con personajes tan disimiles) me topé con un casete de éxitos al cuál prontamente y sin piedad escuché hasta el cansancio. Tenía mis favoritas que siempre rebobinaba. Desde chico, me había llamado la atención la música de "antes" por el sonido de los instrumentos, la belleza de los arreglos, lo bonito que sonaban las letras y las voces que las cantaban. Cuando escuchaba a Pedro cantar, estas sensaciones se incrementaban debido a un elemento particular de su voz que le ayudo mucho en sus actuaciones: podía interpretar cada palabra con tonalidades variadas. Su registro vocal era muy bueno y su voz tenía una suavidad muy placentera, pero el chiste es escuchar como se ingenia para ir del desprecio más oscuro hasta la tristeza más profunda (y vice versa) en "Fallaste Corazón", o como pinta con picardía y humor contagioso los estrafalarios eventos de "La Tertulia", como demuestra el amor y cariño más desnudos y puros en "Amorcito corazón", "Mi cariñito", "Despacito" o "Cien años". Estira las vocales juguetonamente, dice palabras como "vitrola" con suspiros sensuales y susurra declaraciones de lealtad eterna con una convicción que casi todos hombre carece.

Con todos estos elementos logró conquistar el corazón de tatarabuelas, bisabuelas y abuelas, y logró el respeto y admiración de tatarabuelos, bisabuelos y abuelos. Las mujeres lo querían y los hombres querían ser él. Ese culto a Pedro sobrevivió al mismo hombre. Cuando descubrí las trágicas circunstancias de su muerte (a los 40 años cerrados, cayendo del cielo), sentí mucha tristeza. Pero más me impresionó como alcanzó la inmortalidad de manera instantánea. Su funeral es uno de los más grandes en la historia del país, y fue llorado por millones. Y sin embargo, corrían los rumores de que "Pedro Infante no ha muerto". Como el Rey Arturo y otros héroes legendarios de naciones europeas, México tuvo su propio héroe inmortal, alguien que no había muerto en las circunstancias que se decía y que andaba por ahí (según los rumores y las historietas) vagando por el mundo, apareciéndose esporádicamente en taquerías y teatros, como si esperara el momento justo para regresar y restaurar la paz y el orden a la nación.

La leyenda de Pedro Infante es la razón de su trascendencia. Cuando vivía, no había papel o género musical que no dominara. Por eso, cada espectador tiene películas y canciones de donde escoger como predilectas. Y aunque pertenece a una época diferente a la nuestra con todo y las diferencias sociales, parece que varios aspectos de su persona pertenecen a la nuestra. Sí, personificaba al ideal masculino mexicano tradicional, peleonero, mujeriego y patriarcal, pero al mismo tiempo interpretó a personajes que ponían en tela de juicio algunos de estos valores (véase "La oveja negra" y "No desearas la mujer de tu hijo") y se permitía hasta jugar con guiños cordiales sobre su propia identidad masculina (véanse "A Toda Máquina", "¿Que te ha dado esa mujer?" y "Pablo y Carolina"). Es protector y proveedor, sí, pero también es pícaro y payaso. Los cambios generacionales solo ayudan a enfatizar ciertos elementos. Los jóvenes ven en Pedro un reflejo de sus abuelos y padres, pero también reflejos de ellos mismos como hijos, amantes y trabajadores.

Con Pedro conocí muchas cosas. Tuve mis primeras educaciones sentimentales gracias a sus canciones y a sus películas. Con él comprendí y me enamoré del pasado no tan lejano que le tocó vivir a mis padres y abuelos. Gracias a él, conocí nuevas causas para amar a mi país y más veredas para tratar de conocerlo. Gracias a él, tengo un héroe norteño-sinaloense a quien admirar. Gracias a él, aprendí que para ser hombre es necesario ser valiente, trabajador y derecho, pero sin dejar a un lado la ética, la lealtad, el sentido común, el honor y hasta la actitud infántil y alegre. Pedro, más que muchos, es un referente de vida, trabajo y pasión que siempre tengo presente.


Y si vivimos cien años, cien años pensaremos en él.


domingo, 2 de abril de 2017

"John Wick: Chapter 2" (Chad Stahelski, 2017)





John Wick 2: Un nuevo día para matar (John Wick: Chapter 2) es una película situada en un mundo mítico, donde el sub-mundo criminal se asemeja más a las secretas cofradías que las teorías de conspiración afirman que dominan al mundo. Los criminales y sicarios que pertenecen a este universo tienen sus propias leyes, códigos, terminología, sub-culturas, gobierno, moneda y hasta red tecnológica (un maravilloso cruce de tecnología de posguerra--tubos neumáticos y operadoras telefónicas--y computadoras de los 70s). Este mundo es régido por una mesa presidida por los jefes de los grupos criminales internacionales más antiguos y temidos; un conjunto de hoteles bajo el nombre de "El Continental" sirve como territorio neutral (una Suiza en cada metrópolis) donde además de ofrecer asilo se otorgan servicios de sastería (donde se pueden forrar trajes con material anti-balas) y de "degustación" (donde la venta de armas es tratada con todo el refinamiento y buen gusto de una cataduría de vinos). Es un mundo elegante y sumamente sofisticado, donde todos usan trajes y zapatos de vestir, y los sicarios son una casta similar a los samurai, ronin y caballeros medievales. Es en este mundo donde John Wick (Keanu Reeves) es una leyenda viviente, el asesino más eficaz e imparable de todos. Un hombre que mató a tres hombres con un lápiz ("¡Un puto lápiz!") y al que se le llama "The Boogeyman" ("El hombre de la bolsa" o "el coco").

Wick tenía cinco años retirado de su vieja vida criminal, dispuesto a comenzar una nueva vida. Pero después de la muerte de su esposa a causa del cáncer su nueva vida comenzó a desmoronarse. El estúpido hijo de su antiguo jefe de la mafia rusa mató a su cachorro (el último regalo de su esposa) robó su auto, desencadenando un huracán de muerte y violencia. Al iniciar este segundo capítulo de su historia--cuatro días después del final de la primer película--, Wick se enfrenta a los matones de Avram Tarasov (Peter Stormare), hermano de su viejo jefe, con la intención de recuperar su auto robado. Después de una emocionante confrontación, el pragmático y callademente aterrado Avram hace las paces con Wick. Pero la pesadilla de Wick no termina, pues recibe la visita del jefe de la camorra napolitana Santino D'Antonio (Riccardo Scamarcio). Cuando Wick buscaba retirarse y casarse con su esposa, la condición de su viaje jefe fue la de completar una tarea "imposible". Gracias a D'Antonio, Wick pudo lograr su cometido, a cambio de hacer un pacto de sangre (la ensangrentada huella digital de Wick está dentro de un medallón de oro). D'Antonio quiere que Wick saldé su deuda con un último favor que Wick ruega por no tener que hacer. Pero no hay escapatoria, primero porque D'Antonio destruye la casa de Wick (se siente con el derecho, pues dice que la nueva vida de Wick le pertenece en parte) y segundo porque, como lo explica Winston (Ian McShane), amigo de Wick y gerente de "El Continental", los que se rehusan a cumplir sus deudas corren el riesgo de ser excomunicados de la sociedad criminal...y volverse presa fácil para multitudes de asesinos. Así que Wick debe dejar a su perro pitbull, ir a Roma y volver a lo de antes...pero las cosas solo empeoran.

Con un guión del creador Derek Kolstad y dirigida por Chad Stahelski, un ex-doble de stunt (Stahelski también había sido doble de Reeves) que además de saber coreografiar y filmar acción tiene un dominio del arte filmíco superior a la de muchos directores "especializados" en el género (la primer película la dirigió en conjunto con el también ex doble de stunt David Leitch, quien estrenará a la fascinante "Atomic Blonde" en el verano), la película goza de una fotografía al puro estilo de neo-noir futurista (haciendo dupla con una banda sonora de Rock, tecno y synth-wave de lujo), con un énfasis en colores azules y violetas, y con escenas de acción que se filmaban dentro de una sola toma, sin cámaras temblorosas y con una combinación de artes marciales y tiroteos que rara vez se han visto. Aunado a esto, Keanu Reeves logró dar una de sus mejores actuaciones, evocando tanto una personalidad "cool" como la furia y tristeza en la que está sumido el personaje, sin quitar de encima el hecho de que, a pesar de todo, Wick es una persona cordial y decente que busca la redención, pero cuyo don e instinto por la violencia lo traicionan. Su figura y su mundo son míticos, reflejado por los nombres de sus personajes (Caronte, Ares, Cassian, figuras de la mitología griega, romana y el santoral católico) y por la ausencia total de figuras del orden moderno establecido (las fuerzas de la ley brillan por su ausencia, y se agradece que no aparecen como rivales o enemigos forzados)

Toda buena secuela depende de algunos factores para garantizar su cálida...más que nada, que llevé a los personajes originales hacia nuevas direcciones y que adopte una forma nueva de contar su historia. El éxito artístico de "John Wick 2" radica en esto, pues a pesar de que contiene algunos guiños y frases tomadas directamente de la entrega anterior, la trama y el tono son diferentes. Mientras que la primer película era una historia de venganza con una trama que se desarrollaba al estilo del "efecto domino", con cada escena desembocando natural (y rápidamente) hacia la otra, "John Wick 2" contiene más conversaciones y escenas que dejan respirar a la audiencia, y momentos de reflexión espiritual y filosófica por parte de sus atormentados personajes. Además, hay más giros de tuerca y cambios radicales en la fortuna de nuestro atareado protagonista. El alto nivel de tragedia griega es representada en una escena oscura y conmovedora, cuando Wick confronta a la víctima de las maquinaciones de Santino. Estos múltiples momentos dramáticos son excelentes demostraciones de caracterización y narrativa y anteceden los momentos de acción que llegan, en algunos momentos, a superar algunas de las secuencias mas memorables de su predecesora. Un tiroteo en catacumbas romanas, una graciosa y juguetona persecución pie donde se intercambian disparos con silenciador en medio de una estación de tren y un maravilloso clímax en un museo de arte que culmina en un cuarto de espejos, haciendo un eco brillante con Enter the Dragon y Lady from Shanghai. Todas estas secuencias son filmadas con el mismo cuidado y pulcritud de estilo, permitiéndonos observar cada movimiento por rápido que suceda. Cada tiro y cada golpe tiene un efecto que hasta nosotros podemos sentir.  Otro de los grandes aciertos esta película fue el reparto de actores secundarios de lujo, con actores que regresan de la primer película (McShane, John Leguizamo, Lance Reddick) y acertadas nuevas adiciones: Laurence Fishburne, devorando sus escenas; un sorprendentemente habilidoso Common; el siempre estimable Franco Nero; y Ruby Rose como una sicaria sordomuda que silenciosamente se roba algunas escenas.

"John Wick: Chapter 2" es una excelente película y se vale por si misma, de manera que no podría decirles si es mejor que la primera. Las dos tienen valores propios que, dependiendo de gustos y preferencias, inclinan la balanza de una a otro. Tendrían que pasar algunos años para que yo pudiera decidir por "la mejor", pero por el momento disfrutemos está película operística, imaginativa y emocionante. Espero con ansías ver la tercera parte, pues la escena final promete alcanzar nuevos niveles. 9.5/10.