Críticas y ensayos sobre cine, música, libros, televisión, cómics y todo el resto del universo creativo, sin fronteras de ningún tipo, sean estas nacionales, culturales, de formato, medio, estilo o gusto.
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The Night Comes For Us es un festín de acción ultra violenta elegante y
con pocas interrupciones distribuido por Netflix. Es otro de los triunfos de la
compañía de streaming 2018, y otra
joya de la corona indonesia en lo que se refiere a películas de acción brutales,
cinéticas y con coreografías brillantes. Dirigida por Timo Tjahjanto (Headshot) y protagonizada por tres actores
de la duología de The Raid, Joe
Taslim, Iko Uwais y Julie Estelle, esta es una delicia para los fanáticos de la
acción.
En los mares del
sudeste asiático, los Tríadas imponen su implacable control sobre los negocios
ilegales (tráfico de drogas, tráfico de armas, tráfico de personas y otras
empresas similares) al enviar seis delegados para asegurarse de que todo
funcione correctamente en todos los países donde los Tríadas mantienen su
dominio. Conocidos como los Seis Mares, estos ejecutores asesinan aldeas
enteras si se atrapa a algunos pueblerinos robando la mercancía de los Tríadas.
El gángster de Yakarta, Ito (Joe Taslim) es uno de los Seis Mares y es muy
efectivo en su trabajo, hasta que un día se enfrenta a una pequeña niña llamada
Reina (Asha Kenyeri Bermúdez), la única sobreviviente de su último exterminio.
Ito decide perdonarle la vida y acribilla a sus propios hombres. Huyendo como
traidor, regresa a Yakarta y con la ayuda de su ex mejor amigo Fatih (Abimana
Aryasatya) y sus compañeros (incluyendo Zack Lee como el memorable "White
Boy" Bobby) trata de obtener nuevos pasaportes y dinero para comenzar una
nueva vida lejos del alcance de los Tríadas. Sin embargo, otro de los Seis
Mares, Chien Wu (Sunny Pang) envía su propio ejército tras Ito y Reina, y manda
personalmente al ambicioso ex amigo de Ito, Arian (Iko Uwais), para liquidar al
traidor.
Lo que sigue a
continuación es secuencia tras secuencia de quebrantamiento de huesos, degollamientos,
destripamientos y destrucción de cráneos, mientras Ito y compañía luchan contra
el suministro interminable de esbirros armados con cuchillos por parte de Chien
Wu. Además de estos soldados desechables, Chien Wu tiene bajo su mando a un par
de psico-lesbianas, Alma (Dian Sastrowardoyo, con un corte de cabello bob, el atuendo de Mia Wallace, la
actitud desdeñosa de una villana de anime y un hilo filoso que usa como laso) y
Helena (Hannah Al Rashid, caucásica con cabello largo estilo vikingo afeitado por
un lado y una afición por los cuchillos kukri), que se encuentran entre los personajes
badass más terroríficos que has
visto. Para complicar las cosas es la apariencia de la increíblemente ruda
Operadora (Julie Estelle), una mujer que monta en bicicleta con un traje de
espía con chaqueta de cuero, que también hace trizas a varios matones y cuyos
motivos son completamente diferentes a los de Chien Wu.
Escoger una escena de
acción favorita en esta película es bastante difícil, porque hay un montón de
ellas. Personalmente, disfruté bastante de la embestida en el apartamento de
Fatih antes de la mitad de la duración de la cinta, y de las rudas peleas entre
las damas guerreras. Joe Taslim es una fuerza de la naturaleza aquí, sangrando
copiosamente y al mismo tiempo que siembra una destrucción increíble de una
manera muy brutal. Él va cara a cara con Uwais, que en esta ocasión interpreta
a un antagonista (aunque con conflictos internos). El telón de fondo de
neon-noir en los clubes nocturnos de Macao y en los muelles de Yakarta fijan a
esta película estéticamente dentro de la misma corriente que las películas de Raid y las películas brillantes de Johnnie To como Fuk Sau y Drug War, por lo que no hace falta decir que la fotografía y el
diseño de escenografía son hermosos. El uso de accesorios también es genial: si
lo ves en la pantalla, se puede usar como un arma, incluso la red para la mesa bolas
en una mesa de billar. Una advertencia justa para quienes están acostumbrados
al cine de acción occidental tradicional de hoy en día: esta es una película
extremadamente sangrienta que no recomiendo mirar mientras se come. Todas las
formas creativas de cortar y cercenar cada parte del cuerpo se demuestran aquí
y con realismo apabullador.
The Night Comes For Us es una película de Heroic Bloodshed exagerada en la que la trama, la motivación y la
distinción entre los buenos y los malos se definen por una línea muy delgada:
los buenos quieren salvar a una niña, los malos quieren matarla. Aparte de eso,
los dos lados están involucrados en actividades criminales terribles y no
tienen ningún problema en matar de manera extraordinariamente brutal a sus
oponentes en el combate. Lance sus bobas expectativas de realismo por la
ventana y aproveche al máximo el poder pulverizador, empapado de sangre, pero
muy física y visualmente elegante de la acción indonesia.
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Caifanes irrumpió en la
escena en el momento adecuado. Mientras que la música Rock en México tuvo un
momento bajo los reflectores entre mediados de los 50 y principios de los 70,
una ofensiva del gobierno contra el legendario festival musical Avandaro
condujo a la supresión de las estaciones y la distribución del rock mexicano,
como parte del intento del PRI de sofocar lo percibían como una radical
subversión de la izquierda y la importación de ideales extranjeros en el
paisaje cultural nacionalista de México. La creencia de que las bandas de rock
mexicanas estaban contaminando la cultura y la sociedad debido a su lenguaje
callejero, el uso de Spanglish (o simplemente el inglés en casos como el de
bandas como los Dug Dugs) y las letras sobre los estilos de vida cotidianos y ariscos
también fue motivo de esta embestida. Los músicos mexicanos de Rock no
desaparecieron entre principios de los 70 y finales de los 80, pero pasaron a
la clandestinidad, lanzado sus canciones de forma independiente y tocando en
lugares pequeños o medianos en las principales ciudades.
Caifanes (en este
momento conformado por el cantante/guitarrista/compositor principal Saul
Hernández, el bajista Sabo Romo, el baterista Alfonso André y el tecladista
Diego Herrera) fue influenciado musicalmente, líricamente y en el vestuario por
la escena musical británica alternativa de la época, y Siouxsie y los Banshees,
Joy Division, The Cure y Bauhaus fueron nombrados por ellos entre sus
influencias. La portada del álbum sirve como una prueba inequívoca de esto: una
fotografía en blanco y negro de la banda en posturas de tenebrosas, todos vestidos
de negro, tres de ellas con las melenas al estilo Robert Smith, sus pieles
pálidas contrastando con su delineador de ojos. Parecían importaciones
británicas y muchas personas se sentían repelidas por su apariencia. Poco
sabían que la banda estaba formada por chicos mexicanos de clases populares que
crecieron escuchando la misma música que la mayoría de los mexicanos: Agustín
Lara, Pérez Prado, Javier Solís y Los Panchos. Su álbum debut, que incluye
muchas de sus canciones más famosas, es un testimonio de este mestizaje, una
manifestación de la doble naturaleza de México: igualmente europeo y amerindio.
El nombre de la banda es una referencia a la clásica película mexicana de 1966,
una de las primeras películas de la creciente contracultura de esa década.
Un bordón. Respiración
fuerte. Un redoblar de la batería. Un grito victorioso. Ese es el comienzo de
"Mátenme porque me muero", el primero y feroz tema de su álbum
homónimo de debut de 1988. El juguetón título de la canción recuerda a la farsa
de 1958 de Tin-Tan y encapsula a la perfección el espíritu de la banda: uniendo
sus influencias góticas y post-punk con la tradición mexicana del fatalismo
romántico. Empapado en una atmósfera de melancolía, sus letras hablan del dulce
abrazo de la muerte mientras se emite una declaración de amor devoto que
trasciende los tiempos: “Cuando me muera y me tengan que enterrar/Quiero que
sea con una de tus fotografías/Para que no me de miedo estar abajo/Para que no
se me olvide como es tu cara/Para imaginar que estoy contigo/Y sentirme un
poquito vivo.”
Caifanes redobla sus esfuerzos
mientras realiza un ligero cambio de ritmo. "Te estoy mirando" comienza
como un ritmo de ritmo acelerado con algunas influencias de calipso, y luego se
convierte en una balada gótica pura, con sus tintineos nocturnos en el piano y
su bajo energético. La tercera pista es "La Negra Tomasa", el primer
sencillo de Caifanes y el monstruoso éxito que los convirtió en un nombre
familiar. Cover de una canción escrita por el compositor cubano Guillermo
Rodríguez Fiffe, vendió 600,000 copias. La canción fue elegida por Caifanes y arreglada
a manera de un Rock-Cumbia para mostrar su conexión crianza popular en la
Ciudad de México y como un recordatorio divertido de que, mientras estaban
influenciados por Joy Division y The Cure, eran capaces de indagar en el lado
divertido y festivo de la música popular latinoamericana sin perder el ritmo
(también abren sus conciertos con la canción, originalmente porque pensaron que
era divertido sorprender a la gente con su canción menos rockera). Los puristas
del Rock en México estaban furiosos y los tacharon de vendidos, pero la canción
los presentó a un público más amplio y sigue siendo uno de sus canciones más
queridas. El ritmo rebotado que no sale de tu cabeza durante días, la
entonación de tristeza amorosa y despreocupada de Hernández y un episodio
musical épico de tres minutos que incluye una flauta y un sonido de saxofón muy
sexy la convierten en una canción definitiva del Rock Cumbia.
Regresan a su lado más oscuro con
el ritmo gótico de la depresión inducida por el rompimiento del corazón en
"Cuéntame tu vida", una canción que transmite un universo de sonidos resquebrajados,
la imagen del hombre como un perro enfermo que gatea, ladre y muerde patéticamente
(las comparaciones entre los perros/lobos y loa hombres son un motivo recurrente de
Caifanes y eventualmente se convirtió en el logotipo de la banda), alienado por
la vida callejera y una obsesión abrumadora. Típico de Caifanes, el coro suena
optimista, pero las estrofas devuelven al narrador al purgatorio de su propia
creación. Es una canción que reúne más ganchos y cambios musicales en cuatro
minutos y veinticinco segundos que muchos artistas pueden hacer en sus carreras
musicales. "Sera por eso" desarrolla más está propuesta y es la
canción que suena más como una balada post-punk pura. El narrador de la canción
(cantando en un tono más grave y más lastimoso que de costumbre) es un hombre
enajenado y es una canción conmovedora por sus letras y música. Sus imágenes de
electroshocks (dado a él, canta el narrador, en parte porque se niega a rasurar)
y la disociación con la realidad era diferente a todo lo que se escuchaba en la
música mexicana “mainstream” en ese momento, y uno se pregunta cómo los
incipientes fanáticos de los Caifanes de 1988 interpretaron esta canción. El solo
de saxofón de lujo y la enigmática y escalofriante risa de Hernández al final
cierran la pista con gran estilo.
La joya de la corona de este
álbum, en lo que a mí respecta, es el increíble “Viento”, una canción que se
destaca porque suena diferente del resto del álbum, ya que no suena como una
canción con tintes folclóricos ni un ejemplo del gótico, sino que es una
canción romántica y emocionante sobre la devoción hacia un ser querido. Las
letras son hermosas y vulnerables, ayudadas en gran medida por la entrega suave
de Hernández, una sección de ritmo que evoca un sentimiento de esperanza y
anhelo en igual medida y un coro que afirma claramente que el amor no tiene
límites (“Que quiero orbitar planetas/Hasta ver uno vació/Que quiero irme a
vivir/Pero que sea contigo/Viento amarranos/Tiempo detente muchos años/Viento
amarranos/Tiempo detente muchos años”). Aquí se puede ver cierta influencia de
Javier Solís, el mejor intérprete de bellas imágenes románticas que a veces
bordeaban lo psicodélico.
Las siguientes dos pistas
prefiguran la dirección de la banda en su siguiente álbum, un sonido que solo puedo
describir como "Rock prehispánico", ya que los arreglos y el paisaje
sonoro suenan a lo que los aztecas habrían tocado si hubieran conocido la
música Rock, manera en la que puedo describir de manera sencilla el estilo característico
por el que se recuerda a Caifanes. “Nunca me voy a transformer en ti” es una afirmación enérgica y desafiante contra
la influencia de las fuerzas negativas que nos rodean, ya sea la sociedad, la familia
o las relaciones rotas. “Perdí mi ojo de venado” es una referencia a una creencia
popular de ciertos indígenas del sur de México, similar a los amuletos
protectores, y tiene un coro muy divertido que se basa en una serie de rimas
muy mexicanas, como una especie de oraciones a los santos católicos (“Hazme una
limpia por favor, amor/despójame de todo mal, carnal/quema mi ramo por favor,
amor/antes que yo te queme a tí, a ti”) y con un gran sonido de flauta
proveniente de los teclados de Herrera.
Las últimas tres pistas que
cierran el disco son mis menos favoritas, pero aún son excelentes canciones.
"Amanece", "La Bestia Humana" y "Nada" cierran la
declaración musical que es "Caifanes" con oscuras manifestaciones cargadas
de anhelo y la aceptación de la alienación y la soledad que forman parte de la
condición humana. De estas tres canciones, "La bestia humana" es destacable
por dos razones: la enfurecida afirmación del narrador de que las manipulaciones
y la crueldad de la amada lo están convirtiendo en una bestia humana
enloquecida y enojada; y el hecho de que Gustavo Cerati, ese gigante argentino del
Rock latino, aparece tocando la guitarra con ese sonido inconfundible que hizo
de Soda Stereo una de las grandes bandas del Rock en español. Su influencia se
puede sentir en los arreglos y en el trabajo preciso y funky del bajo de Sabo y
la batería de André.
“Caifanes” es uno de los mejores
álbumes de debut que he escuchado y sin una sola canción que podría llamar
"débil" y es, definitivamente, uno de los discos más trascendentales
de la historia musical mexicana. Sabo, Romo, Herrera y Hernández se encajan
fantásticamente. Fue uno de los álbumes que dio inicio al renacimiento general
de la música Rock en México y sería seguido por muchas otras bandas geniales
durante los años 90. Fue también el primer y último álbum en el que Caifanes
usaría sus influencias británicas de manera tan notable. Fueron una banda que
cambiaba su estilo con cada disco, y su siguiente álbum tiene más un estilo
folclórico-náhuatl-oscuro que mucha de la influencia británica depresiva que
está presente aquí. Pero como un trabajo de fusión entre diferentes géneros y
sensibilidades musicales, "Caifanes" sigue siendo inigualable, y es
mi favorito personal de sus cuatro álbumes.
5/5
Duración: 45:56 (nota: La edición del CD que tengo,
cortesía de la línea “Recupera tus clásicos”, incluye tres canciones
adicionales: una versión alternativa de "Mátenme porque me muero", la
versión de radio de "La Negra Tomasa" y versiones mono de "La
bestia humana" y "Matenme ...")
Canciones
calificadas y ordenadas de acuerdo a mi gusto:
1. Viento
(5/5) (más .5 extras porque es una de mis canciones favoritas de todos los
tiempos)
Spider Man: Un nuevo universo fue la película mas inesperada
de 2018 para mi. No sabía de su existencia hasta poco antes de su
estreno, vi el trailer hace un mes y antes de verla vi como recibía
entre las críticas mas unanimente positivas que he visto en el año. Las
tiene bien merecidas. Además de ser la mejor película animada de Estados
Unidos este año, es una película excelente que además de exprimir mucho
humor y acción pura a través del concepto del multiverso gracias a la magistral fusión de los elementos del cómic con los del cine, es una
película dulce, conmovedora y maravillosa, que demuestra en pantalla la
capacidad que tiene la historia de Spider Man (en sus multiples facetas)
de despertar la capacidad heroica de todas las personas, sin importar
las circunstancias extenuantes y nuestros limites personales. Miles
Morales, los Peter Parker, Gwen Stacy, Peni Parker, Spider Puerco y, mi
favorito, Spider-Man Noir...personajes que disfruté a lo grande ver en
pantalla grande, como también disfruté el estilo meta-narrativo y
juguetón de cómic a lo largo de la película. Y es una de las cintas
familiares que trata de mejor manera el tema de la muerte, especialmente considerando que una de esas muertes es la de un peronaje muy querido. El cameo de Stan
Lee es de los mejores y hay una escena post-creditos que rinde homenaje
a uno de los mejores memes de internet.
Aquaman
resultó ser otra sorpresa agradable. Los trailers habían sido
decepcionantes y el record del DCEU básicamente se limitaba a un triunfo
absoluto (el de la Mujer Maravilla). Sin embargo, Aquaman resultó
ser una de las películas mas puramente divertidas del año. A pesar de
un duro inicio (el maquillaje/manipulación digital rejuvenecedor a
Temuera Morrison es aterrador, y la pelea de Nicole Kidman se veía
completamente digital) la cinta agarró forma desde el combate entre
Arthur Curry y David Kane, el futuro Black Manta. La decisión de Curry
de condenar a Kane y a su padre es una de las mejores "historias de
orígen" de un supervillano que he visto en pantalla. Black Manta y Orm,
medio hermano de Arthur, son dos excelentes villanos con motivaciones
excelentes (la escena en la que aparecen hologramas de las atrocidades
del hombre hacía el oceano haría enfurecer a cualquiera). Como era de
esperarse, Momoa despliega carisma y fuerza como Arthur, así como
ternura, y tiene buena quimíca con Amber Heard. La historia y la
estructura estan basados en la vida y leyenda del Rey Arturo; los reinos
submarinos y las criaturas aterradoras que a veces lo habitan son
dignas adiciones al canon fantástico/lovecraftiano; y la deuda con el
cine de los 80's es sútil y efectiva, tanto por la música, como las
conexiones con el cine de aventuras y acción y por el desenfado con el
que trata las situaciones mas absurdas con seriedad total (sale Topo,
octopús mascota de Aquaman, tocando la batería durante el combate del
anillo del fuego; un momento magnífico). El gran acierto de la película
es concentrar el conflicto entre hermanos y entre reinos sub-marinos y
enfocarse sobre la diferencia entre un rey que pelea por su nación y un
héroe que pelea por todos. (Como nota curiosa: en Spider-Man mueren tres personajes importantes...en Aquaman la cantidad es sorpresivamente menor)
Un Nuevo Universo recibe un 9.5/10 y Aquaman un 8.5/10. Espero ver las secuelas que haya.
Una de las sagas históricas más emocionantes y dignas de
contarse es relatada en la película de David McKenzie, The Outlaw King (“El rey forajido”). McKenzie demostró tremendas
aptitudes como director tanto de acción como de drama cotidiano en Hell or High Water, habilidades que le
sirven de maravilla en esta película que recrea pasajes históricos con su
dimensión humana y épica de igual manera. Sin tener un libreto tan pretencioso
y preponderante como el que escribió Tyler Sheridan en su película previa,
McKenzie se explaya a lo grande contando la historia de Robert Bruce, el héroe
nacional más grande de Escocia, quien desafió la tiranía de Eduardo I para garantizar
la independencia de su patria.
Los nobles de Escocia, tras una fallida rebelión, le rinden
pleitesía y juramentos de lealtad a Eduardo I “Piernas Largas” (Stephen
Dillane), quien aplica misericordia sobre sus nuevos vasallos, aunque recalca
sus compromisos con rigidez y sarcasmo, además de estrenar una catapulta sobre
el castillo de un noble que busca rendirse, simplemente porque pagó mucho
dinero por ella. Existe una disputa por la corona escocesa entre dos miembros
de una casa noble: John Comyn (Callum Mulvey) y Robert Bruce (Chris Pine).
Bruce, cuyo padre (James Cosmo) es ex camarada de armas del rey, inteligente,
valiente, caballeroso y viudo, y cuenta con una tensa amistad con el cobarde
príncipe de Gales (Billy Howle), por lo que se le concede un beneficioso
matrimonio con Elizabeth de Burgh (Florence Pugh), la hija del guardián del
norte, como parte de que renuncie a sus derechos a la corona de una Escocia
independiente. Bruce cumple con su parte del trato y se comporta
respetuosamente con su nueva esposa, pero los altos impuestos de Eduardo y la
captura y ejecución del gran líder rebelde William Wallace enfurece a la
población escocesa y reinicia la rebelión. Un lamentable encuentro con Comyn le
trae mas problemas a Bruce, pero el apoyo de la iglesia escocesa, su familia y
muchos nobles—incluyendo a James Douglas (Aaron Taylor-Johnson), cuyos derechos
nobiliarios son rechazados por Eduardo—lo llevan a su coronación como rey de
Escocia, a brutales represalias por parte de Inglaterra, y a una lucha al
margen del combate tradicional y que antecede las guerras de guerrillas de
movimientos populares previos.
McKenzie se aparta de los moldes tradicionales de la
narrativa fílmica tradicional para contaresta historia. El rey forajido
se siente como una película en donde los personajes históricos actúan como
personajes de su época y de su tiempo, y al mismo tiempo se sienten como seres
humanos auténticos, de carne y hueso. Pocas películas ambientadas en la Edad
Media me han convencido de la autenticidad de sus personajes y de sus
costumbres como lo ha hecho está película. McKenzie incluye detalles históricos
que rara vez se han visto: los rituales matrimoniales y de coronación, los
juramentos de caballeros (que incluyen jurar por unos cisnes vivos), la
algarabía de los banquetes. La escena previamente mencionada conque inicia la
película consiste de una toma larga en tracking (sin cortes aparentes) de ocho
minutos en los que la cámara viaje dentro y fuera de una tienda mientras se
discuten asuntos políticos, se estrena la catapulta gigante y se entabla un
duelo de espadas “amistoso” entre Bruce y el Príncipe de Gales. Esto no es
solamente una muestra de la habilidad técnica del director, sino que establece
el mundo de la película, las relaciones de los personajes y el tono naturalista
de la cinta. En muchos sentidos, la película se asemeja al Macbeth de 2015, dirigido por Justin Kurzel, tanto por su destreza
visual, su elección en colores y locaciones y por su retrato vivo y carnal de
una lucha por el poder. Las escenas de guerra son viscerales y cruentas,
maravillosas por su dinamismo feroz. La batalla final en medio de un pantano,
en particular, toma las características de un sensacional cuadro histórico.
En el centro emocional de la película, tenemos a Chris Pine
en una excelente interpretación como Bruce. Astuto, enigmático, sagaz e
inteligente, Pine tiene la oportunidad de interpretar a un personaje fuerte y
heroico, pero muy humano. La relación con su padre y su familia, asaltada por
la tragedia, es un excelente anti-reflejo de la relación disfuncional y
rencorosa que existe entre el sociópata e incompetente príncipe de Gales y su
tirano y maquiavélico padre (Dillane, por cierto, es maravilloso y a la par de
la interpretación de Patrick McGoohan en Corazón valiente, solo que mas
realista y menos villano caricaturesco). Su relación con su esposa por
compromiso, Elizabeth, es muy bella y demuestra el enamoramiento progresivo y
orgánico que se debía forjar durante este periodo, amor que crece tanto por el
respeto que se forja entre dos personas íntegras y fuertes, como por el sentido
de responsabilidad para con el reino y por el cariño hacia la pequeña hija de
Bruce. Florence Pugh está cosechando buenos roles desde Lady Macbeth el año pasado, y continúa con su éxitos en este papel
tan conmovedor, en especial cuando Elizabeth cae en manos del enemigo y debe
enfrentarse a una serie de decisiones que la ponen al límite de la devastación
(y dentro de una jaula que no solo es metafórica). Aaron Taylor-Johnson es el
personaje que se roba cámara con su personaje cuasi-maniático, aunque no es una
figura unidimensional del guerrero vengativo y atolondrado, sino un hombre cuyo
nombre y familia querida han sido rutinariamente insultados y debe de limpiar
su honra con el filo de la espada.
Aunque es maravilloso tener una película como El rey forajido disponible en Netflix de
manera global, lamento que no haya sido estrenada en el cine, porque es una
película digna de la pantalla grande como pocas la son. Desde el punto de vista
de la veracidad histórica, es superior a Corazón
Valiente, y aunque considero a está última película como una de las últimas
grandes películas épicas del estilo clásico y una cinta muy entretenida, El rey forajido es mejor cinta en muchos
sentidos, en particular porque centra su mundo moral en la relación que existe
entre familia y tierra-país, más que en el abstracto concepto muy moderno de la
“libertad”. Como sea, El rey forajido
es una de las mejores películas que Netflix ha distribuido y de mis favoritas
del 2018. Altamente recomendada.
Las películas navideñas familiares y de buena calidad han
sido escasas durante este milenio. En tiempos pasados, las fiestas decembrinas
eran una temporada perfecta para contar historias sobre el espíritu de la
Navidad, la bonhomía y generosidad de corazón y espíritu que crece en los
corazones de las personas durante estas fechas. En estas películas, los vicios
humanos, el egoísmo, la disfunción familiar y la insatisfacción personal eran
disipadas o contrarrestadas por la aventuras con valiosas lecciones que
facilitaban la apertura del corazón de las personas. Lamentablemente, este
sub-genero en los últimos años ha sido utilizado para películas sobre familias disfuncionales
cuyo sentido del humor agrio y negativo ofrecía un ponche amargo para los que
buscaban una película que despertara un agradable calor en el pecho de los espectadores.
Por eso es sumamente agradable ve runa película como “Las
crónicas de Navidad”, que además de ser una emocionante aventura repleta de
elementos fantásticos y giros graciosos a aspectos tradicionales del folclor
santa-clausino, es además una película sobre el lazo de unión que debe de
existir entre hermano y hermana, y como a pesar de las diferencias de edad y de
las tragedias familiares se puede salir adelante y crear una relación más
afectuosa y solida.
Teddy y Kate Pierce (Judah Lewis y Darby Camp) son los hijos
de una enfermera (Kimberly Williams-Paisley) y un bombero (Oliver Hudson) fallecido
en la línea del deber. El padre de familia era un entusiasta de la navidad que
organizaba todos los aspectos de la fiesta con tal de crear un ambiente
maravilloso para su familia, por lo que tras su muerte un gran vacío existe en
la casa. La avispada Kate, quien continúa la tradición de grabar los eventos
navideños con la cámara de su padre, tiene una relación tensa con Teddy, quien
en su rebeldía adolescente ahora se dedica a robar autos para salir de paseo
con sus amigas. Cuando la madre de ambos es llamada a cubrir un turno en
Nochebuena, Teddy y Pierce accidentalmente graban a Santa Clause (Kurt Russell)
mientras entrega regalos y terminan subiéndose a su trineo, lo que causa una
serie accidental de desperfectos que terminan dejando a los hermanos y a Santa
en medio de Chicago (miles de milles de su hogar en Massachusetts) con los
renos huyendo a diferentes partes y un trineo descompuesto. Santa y los niños
llevan a cabo una serie de intentos para restablecer el viaje nocturno para la
entrega de regalos, pues si Santa no cumple con su cometido a tiempo, el mundo
se sumirá en un oscurantismo y en la desesperación. El trayecto termina siendo
más difícil de lo esperado, y termina involucrando a la policía, criminales y a
los elfos de Santa.
Divertida e imaginativa, “Las crónicas de Navidad” está
situada en un mundo donde Santa es extremadamente real y en donde es capaz de
caminar hacia cualquier individuo y preguntarle cosas específicas de su vida
mientras busca ayuda para restablecer su viaje. El gran carisma de Russell es
uno de los fuertes principales, pues además de ser creíble como un Santa de
carácter mas super-heróico que no es obeso ni se ríe haciendo “jo jo jo”, hay
un brillo en sus ojos y una bondad áspera pero genuina que son excelentes para
el personaje, además de que se nota que se la está pasando a lo grande con el
papel. Tan así, que parece que la película fue una reunión familiar agradable,
pues en ella aparece su hijastro Oliver Hudson y otro pariente famoso en una
aparición sorpresa. Los hermanos Kate y Teddy son interpretados de manera
realista, y resulta conmovedor como la tragedia que ha caído en su familia ha
creado dificultades en una relación que anteriormente era completamente
estrecha. Ver el restablecimiento de esta relación es una cosa sumamente satisfactoria
que rara vez se ve en películas navideñas contemporáneas.
Niños y adultos se divertirán con los elfos de Santa,
personajes generados por computadora que hablan un idioma élfico de tono
escandinavo, y cuya actitud y variedad de personalidades nos traen a la mente a
los Gremlins. El toque del productor Chris Columbus está presente, no solo por
la presencia de los elfos y la ambientación en Chicago, sino por las secuencias
de aventura y acción emocionantes, la increíble imaginación visual que se
manifiesta en el diseño de la tecnología (y magia) clausiana en el trineo y en
el Polo Norte, sino también por la habilidad de contar una historia
protagonizada por niños con una gran dimensión humana. Adicionalmente, una de
las escenas climáticas toma lugar en la Ciudad de México y somos testigos de
unas maravillosas tomas áreas a través del Zocalo y el Palacio de Gobierno.
Sin duda, “Las crónicas de Navidad” es una opción excelente
para ver en las fiestas de Diciembre y una película navideña que, por primera
vez en años, puedo recomendar para todas las familias.
En estos tiempos, son pocas las cosas que me causan una gran
emoción, y menos en el mundo del cine. Desensibilizado a los remakes, reboots y
continuaciones de franquicias queridas, mi capacidad de maravillarme se limita
a cosas muy específicas. Por eso, cuando me enteré de que Netflix había
comprado los derechos de la película inconclusa de Orson Welles, TheOtherSideof the Wind (El otro lado del
viento) y que la había editado y remasterizado para que esta película
(filmada atropelladamente entre 1970 y 1975, y encerrada en diversas bóvedas por
cuarenta años debido a disputas legales y financieros) finalmente viera la luz
del día, supe que me encontraba ante el suceso fílmico más emocionante del año.
No solo se trataba de una película que tenía décadas guardada, sino que
terminaría siendo el testamento final de uno de los genios más grandes del
cine, de aquel artista multidisciplinario que a la edad precoz de los
veintiséis años escribió, dirigió y protagonizó la película que más veces ha
conseguido el poderoso mote de “la mejor película de la historia”, CitizenKane (El ciudadano Kane,
1941). La tortuosa trayectoria artística de Welles después de aquel éxito
monumental—provocada por sus choques con los estudios, por la falta de dinero y
por su tendencia perfeccionista que hacía prácticamente imposible,
irónicamente, concluir una película de manera que considerara satisfactoria—hace
de cada película suya un diamante en bruto que resulte maravilloso de
contemplar, sin importar las fisuras en la gema.
El otro lado del
viento cuenta la historia de Jake Hannaford, un celebrado director de
Hollywood (interpretado por el titán John Huston) quien acaba de concluir su
más reciente película, “El otro lado del viento”. Iniciándose como encargado de
utilería durante la época del cine mudo, Hannaford cultivó una imagen de super
macho, creando cintas de gran vitalidad al tiempo que creaba un círculo de
amigos y colaboradores cercanos que se dedicaban a pasatiempos Hemingwayanos
como las peleas de toros, la cacería, la pesca, las parrandas alcohólicas y la
seducción de mujeres. Al encontrarse en plena revolución cinematográfica por
parte de la Nueva Ola Hollywoodense, Hannaford adapta su estilo y realiza una
película al estilo de la contracultura y el cine europeo: visualmente
atractiva, con una gramática cinematográfica dinámica, un ritmo visual envidiable y que pocos pueden ejercer como lo hace Welles (el ritmo y edición a solas son razón suficiente para ver la película), exploración de sexualidad
con escenas de desnudos (cortesía de Oja Kodar, que además de ser el puente
entre las dos historias de la película era la pareja de Welles y co-guionista y
co-productora de la cinta), pero incoherente en su trama, con personajes
superficiales y simbología fácil.
El filme de Hannaford necesita dinero para finalizarse y es
durante el cumpleaños 70 de Hannaford que el director presenta su versión sin
finalizar de la película en una fiesta de cumpleaños que su amiga, la actriz
alemana (Lili Palmer) da en su honor en compañía de un ejercito de críticos de
cine, periodistas, directores, actores, guionistas, gente de Hollywood,
buscadores de fama, miembros del reparto y la producción y amigos y
lambiscones. El jefe del estudio, Max David (una versión ficticia de Robert
Evans interpretada por Geoffrey Land, con gafas transparentes incluidas) se
muestra escéptico por la película y por la capacidad de Hannaford de completar
una cinta coherente. El hecho de que Hannaford haya delegado el trabajo de
explicarle la cinta a Billy Boyle (Norman Foster, director que en México realizó
algunos clásicos como Santa de 1943 y
El ahijado de la muerte, y quien
resulta el personaje mas entrañable de la cinta) un ex niño actor que ahora es
un infantil alcohólico anciano, no ayuda a la causa de Hannaford. David,
exasperado, le pregunta a Boyle que si Hannaford está inventando los sucesos de
la película al mismo tiempo que la está rodando. Boyle, con un gesto y tono
cándido, responde “Ya lo ha hecho antes”, un comentario que parece
auto-evaluación del mismo Welles sobre su carrera.
Pero Hannaford se demuestra completamente despreocupado. En
su fiesta de cumpleaños en una casa hacienda afuera de la ciudad, el evento es
filmado y grabado por docenas de cámaras de todo tipo y calidad, así como por
grabadoras escondidas en diversas partes de la casa. Esto es producto del culto
de personalidad que se ha desarrollado alrededor del director. La “Mafia de
Hannaford” es un grupo que incluye a colaboradores técnicos frecuentes,
compañeros de farra, biógrafos, agentes y demás individuos. Las declaraciones
entre megalómanas y frívolas de Hannaford (quien declara que Dios es mujer y
que, si no fuese por la diferencia de sexos, “¿como podrían distinguirme a mí
de ella?”). Su adepto más leal es Brooks Otterlake (Peter Bogdanovich), un
joven director que ha tenido grandes éxitos comerciales y que sabe de la vida
de Hannaford que el mismo director. Otterlake es un tipo facineroso, amante de
imitar a viejas estrellas de Hollywood en medio de la conversación y de decir
frivolidades ingeniosas como su mentor (“Los otros son sus discípulos…yo soy el
apóstol…como el cristianismo necesitaba de Pablo…”).
Pero en este festividad hay conflictos que burbujean debajo
de la superficie: las presiones económicas sobre la película y sobre Hannaford
y su grupo son fuertes, y el director se debate en pedirle dinero para
completar la película a su “apóstol”; un gran misterio se cierne respecto a
rumores de que el protagonista de la película, un joven vagabundo llamado John
Dale, abandonó la película en medio de la filmación por razones misteriosas,
suceso que puede poner en peligro la compleción de la película; la crítica de
cine mas prestigiosa e incisiva del país, Juliette Riche (la magnífica e
infravalorada Susan Strasberg, interpretando una versión de Paulina Kael, la
poderosa crítica estadounidense con la que Welles sostuvo una brutal rencilla
que terminó en una demanda exitosa contra Kael por líbelo) deambula por la
fiesta y lanza preguntas francas sobre el valor de la obra artística de
Hannaford y aspectos de la vida personal del director, como si fuese una mezcla
entre una conciencia y una jueza vengativa (“Quiero saber que es lo que
representa”, exclama la crítica en frustración); mientras tanto, el debate
entre los nuevos directores estadounidenses (incluyendo a Dennis Hopper, Paul
Mazursky y Henry Jaglom) sobre la naturaleza del nuevo cine se mantiene como
parte del subtexto de la cinta.
El otro lado del
viento, como vemos, es una película polifónica, con un reparto extenso en
donde necesita un protagonista fijo, más que la multitud de cámaras (y camarógrafos
anónimos) que de manera voyeurista
graban conversaciones y momentos privados para crear un collage cinematográfico
de un director que representa el antes y después del cine estadounidense, un
aventurero ultra-heterosexual, rudo e individualista que secretamente en realidad
sea lo opuesto a lo que su imagen indica. El concepto de la imagen es uno de
los temas principales de la película, desde el diseño mismo de la manera en que
la película es contada (no solo por la multitud de cámaras, sino por el hecho
de que la narración inicial sea cortesía de Otterlake/Bodgadnovich, ya en su
vejez, quien dice que al principio pensó en no mostrar la cinta por lo mal que
se ve) hasta por las mascaras que varios de los personajes usan y terminan por
quitarse. La visión de Welles sobre el cine y los que lo trabajan y estudian es
pesimista, como su visión de la humanidad en sus películas de cine negro. Tanto
el Hollywood viejo como el nuevo está habitado por personas dañadas, con
pasados dolorosos y acciones que tienden hacía la auto-preservación. El mismo
Hollywood está construido en base al robo de las tierras de los indios y los
mexicanos. En una de las escenas más oscuras y dramáticas, Hannaford le
obsequia a su actriz principal un cráneo de indio, que los “valientes” pioneros
estadounidenses vendían como souvenirs en los años de la Fiebre del Oro. El
monologo de Hannaford es una condenación histórica hacia el Destino Manifiesto,
la crueldad de las fuerzas civilizatorias que arrasaron con los nativos y la
esencia misma del país y de la industria del entretenimiento.
Ver El otro lado del
viento es ver una película que anticipa el discurso histórico y la
nostalgia que habrá sobre la década de los 70s, considerada la auténtica época
del oro del cine por la libertad casi total de los “autores-directores” de
realizar sus visiones con poca o nula interferencia de los ejecutivos de los
estudios, y sin consideraciones a las sensibilidades del público
tradicionalista. Tanto por el aspecto paródico de la cinta ficticia como por la
textura visual y la riqueza naturalista de sus diálogos y actuaciones, ver El otro lado del viento es una
experiencia surreal porque la cinta está comentando sobre su presente pero de
una manera que parece haberse hecho con la distancia de los años, como si
estuviese resumiendo o condensando el espíritu de la época en sus dos horas de
duración. Ver un desfile de brillantes actores, que en su mayoría trabajaron en
las dos épocas que se muestren en tensión y en conflicto (la época dorada de
entre los 30s y 50s, y la Nueva Ola de los 60s y 70s) resulta uno de los
aspectos más disfrutables y agridulces, en especial porque buena parte del
reparto falleció sin ver metraje alguno de la película, mientras está se hacía
vieja en las bóvedas. Cameron Mitchell, Mercedes McCambridge, Edmond O’Brien,
Tonio Selwart y Paul Stewart son otros celebres nombres que junto con los ya
mencionados Strasberg, Bogdanovich, Kodar y Foster nutren este universo
hollywoodense resquebrejado, centrado ante la actuación intempestuosa de
Huston, director que actua como si fuese Dios Padre para compensar sus
conflictos internos sobrecogedores y sus fisuras morales.
Hay tesoros que tenemos a nuestro alcance y no nos
percatamos. El otro lado del viento,
película legendaria rescatada de la prisión y el olvidado, finalizada y
remasterizada, es un tesoro nuevo del cine. Aunque tanto las referencias y
contextos culturales e históricos son muy específicos y la riqueza de la
película se acrecenta si se tiene conocimiento de estos detalles o del tipo de
película que se parodia con la cinta ficticia, El otro lado del viento es una aventura que se debe emprender aún a
ciegas, si tan solo para ser absorbido por su poderoso espíritu (a veces
gracioso, a veces oscuro, a veces fantástico, a veces dolorosamente realista),
su ritmo único y por la increíble fluidez visual de cada segundo de la cinta.
NOTA: Tuve el gusto de ver «Creed 2» en Torrance, algo genial por dos razones: 1) La película se estrena en México hasta enero 2) Quería disfrutar el entusiasmo de los espectadores afroamericanos y no me decepcionaron. Hubo murmullos, exclamaciones de sorpresa, gente que esquivaba golpes o los lanzaba y aplausos. Les comparto mi reseña a continuación. La volveré a compartir cuando sea el estreno mexicano.
El exitoso spin-off de la saga de Rocky, Creed (Ryan Coogler, 2015), demostró que existe un público leal, sediento de ver películas sobre el “semental italiano” y buenas historias de boxeadores que surgen desde abajo para alcanzar el triunfo, sino también un público nuevo que ansía ver los triunfos, pruebas y vicisitudes de un personaje afroamericano tridimensional cuya lucha por salir adelante en el mundo del boxeo es paralela a la búsqueda de si mismo. Adonis Johnson, hijo ilegítimo del campeón de peso pesado Apollo Creed (Carl Weathers) muerto en el ring por el brutal púgil soviético Ivan Drago (Dolph Lundgren), es adoptado por la viuda de su padre, Mary-Ann (Phyllicia Rashad), entrenado por el ex rival y amigo de su padre, Rocky Balboa (Sylvester Stallone) y encuentra el amor con la bella cantante y compositora Bianca (Tessa Thompson). Su temperamento fuerte, propenso a dispararse al instante, y su nula relación con su padre muerte causaron trastabilles en su escala hacia la cima. Pero su “corazón” y la disciplina lograda lo convirtieron en uno de los grandes contendientes en el mundo del boxeo.
Ahora en Creed II (Steven Caple Jr., 2018), la suerte de Adonis se ha acrecentado. Comprometido con Bianca y dejando Filadelfia para mudarse a un lujoso apartamento en Los Ángeles (tanto para apoyar la carrera de Bianca como para estar cerca de su madre adoptiva), sus combates adicionales lo han vuelto una figura cotizada. Pero el espectro del pasado se cierne sobre el firmamento desde el otro lado del mundo. Un ambicioso y aprovechado promotor (Russell Hornsby) ha seguido la carrera del hijo de Ivan Drago, Viktor (Florian Monteanu), un hombre de estatura y fuerza tremenda que hace añicos a sus contrincantes en menos de cuatro rounds. Ivan y Viktor viven en Ucrania, años después de que Ivan ha caído en desgracia tras su derrota a manos de Rocky. Pero viendo una oportunidad de redención y de volver a conseguir el respeto del gobierno y pueblo ruso, los Drago retan a Adonis a una pelea. Adonis decide aceptarla, pero Rocky está renuente de volver a enfrentarse a los Drago en el ring. Este desacuerdo lleva a Adonis a separarse de su mentor, lo cuál lo lleva hacia un combate que cambiará su vida.
Esta trama particular (la del hijo de Creed contra el hijo de Drago) había sido esperada y vaticinada por los fans de la saga de Rocky desde que se anunció la primer película. Indudablemente, la idea contiene una alta dosis de tensión y trasfondo dramático que no se podía dejar a un lado. En cierta medida, Creed II no solo es una secuela de Rocky IV, sino que comparte paralelos con Rocky II (la vida de éxito de la nueva estrella y como la concilia con su nueva vida familiar) y Rocky III (el enfrentamiento con un contendiente de avasalladora fuerza y puños de hierro que tiene más hambre de triunfar que el héroe) y hasta mezcla elementos de todas estas cintas en la última media hora. La historia de Adonis, Bianca y su bebé es conmovedora e introduce un elemento que resultará más interesante explorar en la tercera parte. El papel de Adonis como padre, siendo un hijo de madre soltera, es representado con sutileza y consideración: la idea de un hombre que no tuvo padre y que ahora debe de asumir una responsabilidad que nunca aprendió de primera mano es un factor generacional en buena parte de la cultura afroamericana. La relación postiza entre padre e hijo con Rocky es el pilar emocional de la película en este sentido, junto con la relación con las dos mujeres más importantes en la vida de Adonis. Pero sin duda, la sorpresa mas grata es el replanteamiento de Ivan Drago 33 años después de su aparición en el cine. Lejos de ser la figura temible de más de dos metros, fría y estoica, Ivan Drago, encogido por la edad y las penurias, es un hombre alimentado por el resentimiento de haber alcanzado la gloria para después perderla y ser desechado por su país una vez que su utilidad como herramienta propagandística terminó. El abandono de su esposa lo obligo a criar a su hijo en el exilio, enseñándole lo único que lo podía convertir en sobreviviente: sus puños. La escena en la que confronta a Rocky en su restaurante, aunque breve y lacónica, está cargada de tensión, de frustración, rencor y de deudas pendientes entre ambos hombres. Es una escena instantáneamente clásica.
Steven Caple Jr. Recogió la batuta de Coogler (quien no pudo dirigir está película por dedicarse a Black Panther) y lo hizo con la misma capacidad profesional de su predecesor. Sus escenas dramáticas dejan “respirar” a los personajes y se sientan realistas y de profundidad humana. Las escenas de combate contienen el mismo factor visceral de la película previa: tan celebre como el combate filmado (aparentemente) en una sola toma de la primera película resulta el enfrentamiento en dos actos entre Adonis y Viktor. La cámara funciona como referí y en ocasiones se enfoca en la persona que recibe los golpes. Resultará difícil que el espectador no haga movimientos para esquivar los jabs y ganchos (voluntaria e involuntariamente). La climática escena de entrenamiento es tan repleta de adrenalina y entusiasmo como en las otras películas. Y mención aparte merece la banda sonora de le película que, además de citar algunas de las canciones mas memorables de la saga de Rocky, tiene canciones espectaculares que le dan vida a todas les escenas. La escena en donde Adonis entra al escenario en el combate final, acompañado por su esposa quien canta una canción con gran estilo, es la mejor entrada de un boxeador que he visto en el cine o en la vida real.
Creed II es una excelente séquela a la primer película y una cinta perfecta para ver en compañía de los seres queridos. Además de continuar satisfactoriamente con la historia de personajes clásicos y entrañables, ofrece el drama, la emoción y el sentimiento de una historia humana sobre la reconciliación entre la familia y con uno mismo. Por el gran corazón que demuestra la película, digna de sus héroes del ring, disfrútenla con su familia.