sábado, 26 de enero de 2019

NETFLIX: La noche nos persigue ("The Night Comes For Us", Timo Tjahjanto, Indonesia, 2018)


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The Night Comes For Us es un festín de acción ultra violenta elegante y con pocas interrupciones distribuido por Netflix. Es otro de los triunfos de la compañía de streaming 2018, y otra joya de la corona indonesia en lo que se refiere a películas de acción brutales, cinéticas y con coreografías brillantes. Dirigida por Timo Tjahjanto (Headshot) y protagonizada por tres actores de la duología de The Raid, Joe Taslim, Iko Uwais y Julie Estelle, esta es una delicia para los fanáticos de la acción.


En los mares del sudeste asiático, los Tríadas imponen su implacable control sobre los negocios ilegales (tráfico de drogas, tráfico de armas, tráfico de personas y otras empresas similares) al enviar seis delegados para asegurarse de que todo funcione correctamente en todos los países donde los Tríadas mantienen su dominio. Conocidos como los Seis Mares, estos ejecutores asesinan aldeas enteras si se atrapa a algunos pueblerinos robando la mercancía de los Tríadas. El gángster de Yakarta, Ito (Joe Taslim) es uno de los Seis Mares y es muy efectivo en su trabajo, hasta que un día se enfrenta a una pequeña niña llamada Reina (Asha Kenyeri Bermúdez), la única sobreviviente de su último exterminio. Ito decide perdonarle la vida y acribilla a sus propios hombres. Huyendo como traidor, regresa a Yakarta y con la ayuda de su ex mejor amigo Fatih (Abimana Aryasatya) y sus compañeros (incluyendo Zack Lee como el memorable "White Boy" Bobby) trata de obtener nuevos pasaportes y dinero para comenzar una nueva vida lejos del alcance de los Tríadas. Sin embargo, otro de los Seis Mares, Chien Wu (Sunny Pang) envía su propio ejército tras Ito y Reina, y manda personalmente al ambicioso ex amigo de Ito, Arian (Iko Uwais), para liquidar al traidor.


Lo que sigue a continuación es secuencia tras secuencia de quebrantamiento de huesos, degollamientos, destripamientos y destrucción de cráneos, mientras Ito y compañía luchan contra el suministro interminable de esbirros armados con cuchillos por parte de Chien Wu. Además de estos soldados desechables, Chien Wu tiene bajo su mando a un par de psico-lesbianas, Alma (Dian Sastrowardoyo, con un corte de cabello bob, el atuendo de Mia Wallace, la actitud desdeñosa de una villana de anime y un hilo filoso que usa como laso) y Helena (Hannah Al Rashid, caucásica con cabello largo estilo vikingo afeitado por un lado y una afición por los cuchillos kukri), que se encuentran entre los personajes badass más terroríficos que has visto. Para complicar las cosas es la apariencia de la increíblemente ruda Operadora (Julie Estelle), una mujer que monta en bicicleta con un traje de espía con chaqueta de cuero, que también hace trizas a varios matones y cuyos motivos son completamente diferentes a los de Chien Wu.


Escoger una escena de acción favorita en esta película es bastante difícil, porque hay un montón de ellas. Personalmente, disfruté bastante de la embestida en el apartamento de Fatih antes de la mitad de la duración de la cinta, y de las rudas peleas entre las damas guerreras. Joe Taslim es una fuerza de la naturaleza aquí, sangrando copiosamente y al mismo tiempo que siembra una destrucción increíble de una manera muy brutal. Él va cara a cara con Uwais, que en esta ocasión interpreta a un antagonista (aunque con conflictos internos). El telón de fondo de neon-noir en los clubes nocturnos de Macao y en los muelles de Yakarta fijan a esta película estéticamente dentro de la misma corriente que  las películas de Raid y las películas brillantes de Johnnie To como Fuk Sau y Drug War, por lo que no hace falta decir que la fotografía y el diseño de escenografía son hermosos. El uso de accesorios también es genial: si lo ves en la pantalla, se puede usar como un arma, incluso la red para la mesa bolas en una mesa de billar. Una advertencia justa para quienes están acostumbrados al cine de acción occidental tradicional de hoy en día: esta es una película extremadamente sangrienta que no recomiendo mirar mientras se come. Todas las formas creativas de cortar y cercenar cada parte del cuerpo se demuestran aquí y con realismo apabullador.


The Night Comes For Us es una película de Heroic Bloodshed exagerada en la que la trama, la motivación y la distinción entre los buenos y los malos se definen por una línea muy delgada: los buenos quieren salvar a una niña, los malos quieren matarla. Aparte de eso, los dos lados están involucrados en actividades criminales terribles y no tienen ningún problema en matar de manera extraordinariamente brutal a sus oponentes en el combate. Lance sus bobas expectativas de realismo por la ventana y aproveche al máximo el poder pulverizador, empapado de sangre, pero muy física y visualmente elegante de la acción indonesia. 

P.D. Se estrenó en mi cumpleaños. ¿Genial, no?

martes, 22 de enero de 2019

"Caifanes" (Caifanes, México, 1988). Crítica Musical/Discos Esenciales Mexicanos


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Caifanes irrumpió en la escena en el momento adecuado. Mientras que la música Rock en México tuvo un momento bajo los reflectores entre mediados de los 50 y principios de los 70, una ofensiva del gobierno contra el legendario festival musical Avandaro condujo a la supresión de las estaciones y la distribución del rock mexicano, como parte del intento del PRI de sofocar lo percibían como una radical subversión de la izquierda y la importación de ideales extranjeros en el paisaje cultural nacionalista de México. La creencia de que las bandas de rock mexicanas estaban contaminando la cultura y la sociedad debido a su lenguaje callejero, el uso de Spanglish (o simplemente el inglés en casos como el de bandas como los Dug Dugs) y las letras sobre los estilos de vida cotidianos y ariscos también fue motivo de esta embestida. Los músicos mexicanos de Rock no desaparecieron entre principios de los 70 y finales de los 80, pero pasaron a la clandestinidad, lanzado sus canciones de forma independiente y tocando en lugares pequeños o medianos en las principales ciudades.
 
Caifanes (en este momento conformado por el cantante/guitarrista/compositor principal Saul Hernández, el bajista Sabo Romo, el baterista Alfonso André y el tecladista Diego Herrera) fue influenciado musicalmente, líricamente y en el vestuario por la escena musical británica alternativa de la época, y Siouxsie y los Banshees, Joy Division, The Cure y Bauhaus fueron nombrados por ellos entre sus influencias. La portada del álbum sirve como una prueba inequívoca de esto: una fotografía en blanco y negro de la banda en posturas de tenebrosas, todos vestidos de negro, tres de ellas con las melenas al estilo Robert Smith, sus pieles pálidas contrastando con su delineador de ojos. Parecían importaciones británicas y muchas personas se sentían repelidas por su apariencia. Poco sabían que la banda estaba formada por chicos mexicanos de clases populares que crecieron escuchando la misma música que la mayoría de los mexicanos: Agustín Lara, Pérez Prado, Javier Solís y Los Panchos. Su álbum debut, que incluye muchas de sus canciones más famosas, es un testimonio de este mestizaje, una manifestación de la doble naturaleza de México: igualmente europeo y amerindio. El nombre de la banda es una referencia a la clásica película mexicana de 1966, una de las primeras películas de la creciente contracultura de esa década.


Un bordón. Respiración fuerte. Un redoblar de la batería. Un grito victorioso. Ese es el comienzo de "Mátenme porque me muero", el primero y feroz tema de su álbum homónimo de debut de 1988. El juguetón título de la canción recuerda a la farsa de 1958 de Tin-Tan y encapsula a la perfección el espíritu de la banda: uniendo sus influencias góticas y post-punk con la tradición mexicana del fatalismo romántico. Empapado en una atmósfera de melancolía, sus letras hablan del dulce abrazo de la muerte mientras se emite una declaración de amor devoto que trasciende los tiempos: “Cuando me muera y me tengan que enterrar/Quiero que sea con una de tus fotografías/Para que no me de miedo estar abajo/Para que no se me olvide como es tu cara/Para imaginar que estoy contigo/Y sentirme un poquito vivo.”




Caifanes redobla sus esfuerzos mientras realiza un ligero cambio de ritmo. "Te estoy mirando" comienza como un ritmo de ritmo acelerado con algunas influencias de calipso, y luego se convierte en una balada gótica pura, con sus tintineos nocturnos en el piano y su bajo energético. La tercera pista es "La Negra Tomasa", el primer sencillo de Caifanes y el monstruoso éxito que los convirtió en un nombre familiar. Cover de una canción escrita por el compositor cubano Guillermo Rodríguez Fiffe, vendió 600,000 copias. La canción fue elegida por Caifanes y arreglada a manera de un Rock-Cumbia para mostrar su conexión crianza popular en la Ciudad de México y como un recordatorio divertido de que, mientras estaban influenciados por Joy Division y The Cure, eran capaces de indagar en el lado divertido y festivo de la música popular latinoamericana sin perder el ritmo (también abren sus conciertos con la canción, originalmente porque pensaron que era divertido sorprender a la gente con su canción menos rockera). Los puristas del Rock en México estaban furiosos y los tacharon de vendidos, pero la canción los presentó a un público más amplio y sigue siendo uno de sus canciones más queridas. El ritmo rebotado que no sale de tu cabeza durante días, la entonación de tristeza amorosa y despreocupada de Hernández y un episodio musical épico de tres minutos que incluye una flauta y un sonido de saxofón muy sexy la convierten en una canción definitiva del Rock Cumbia.




Regresan a su lado más oscuro con el ritmo gótico de la depresión inducida por el rompimiento del corazón en "Cuéntame tu vida", una canción que transmite un universo de sonidos resquebrajados, la imagen del hombre como un perro enfermo que gatea, ladre y muerde patéticamente (las comparaciones entre los perros/lobos y  loa hombres son un motivo recurrente de Caifanes y eventualmente se convirtió en el logotipo de la banda), alienado por la vida callejera y una obsesión abrumadora. Típico de Caifanes, el coro suena optimista, pero las estrofas devuelven al narrador al purgatorio de su propia creación. Es una canción que reúne más ganchos y cambios musicales en cuatro minutos y veinticinco segundos que muchos artistas pueden hacer en sus carreras musicales. "Sera por eso" desarrolla más está propuesta y es la canción que suena más como una balada post-punk pura. El narrador de la canción (cantando en un tono más grave y más lastimoso que de costumbre) es un hombre enajenado y es una canción conmovedora por sus letras y música. Sus imágenes de electroshocks (dado a él, canta el narrador, en parte porque se niega a rasurar) y la disociación con la realidad era diferente a todo lo que se escuchaba en la música mexicana “mainstream” en ese momento, y uno se pregunta cómo los incipientes fanáticos de los Caifanes de 1988 interpretaron esta canción. El solo de saxofón de lujo y la enigmática y escalofriante risa de Hernández al final cierran la pista con gran estilo.




La joya de la corona de este álbum, en lo que a mí respecta, es el increíble “Viento”, una canción que se destaca porque suena diferente del resto del álbum, ya que no suena como una canción con tintes folclóricos ni un ejemplo del gótico, sino que es una canción romántica y emocionante sobre la devoción hacia un ser querido. Las letras son hermosas y vulnerables, ayudadas en gran medida por la entrega suave de Hernández, una sección de ritmo que evoca un sentimiento de esperanza y anhelo en igual medida y un coro que afirma claramente que el amor no tiene límites (“Que quiero orbitar planetas/Hasta ver uno vació/Que quiero irme a vivir/Pero que sea contigo/Viento amarranos/Tiempo detente muchos años/Viento amarranos/Tiempo detente muchos años”). Aquí se puede ver cierta influencia de Javier Solís, el mejor intérprete de bellas imágenes románticas que a veces bordeaban lo psicodélico.




Las siguientes dos pistas prefiguran la dirección de la banda en su siguiente álbum, un sonido que solo puedo describir como "Rock prehispánico", ya que los arreglos y el paisaje sonoro suenan a lo que los aztecas habrían tocado si hubieran conocido la música Rock, manera en la que puedo describir de manera sencilla el estilo característico por el que se recuerda a Caifanes. “Nunca me voy a transformer en ti”  es una afirmación enérgica y desafiante contra la influencia de las fuerzas negativas que nos rodean, ya sea la sociedad, la familia o las relaciones rotas. “Perdí mi ojo de venado” es una referencia a una creencia popular de ciertos indígenas del sur de México, similar a los amuletos protectores, y tiene un coro muy divertido que se basa en una serie de rimas muy mexicanas, como una especie de oraciones a los santos católicos (“Hazme una limpia por favor, amor/despójame de todo mal, carnal/quema mi ramo por favor, amor/antes que yo te queme a tí, a ti”) y con un gran sonido de flauta proveniente de los teclados de Herrera.




Las últimas tres pistas que cierran el disco son mis menos favoritas, pero aún son excelentes canciones. "Amanece", "La Bestia Humana" y "Nada" cierran la declaración musical que es "Caifanes" con oscuras manifestaciones cargadas de anhelo y la aceptación de la alienación y la soledad que forman parte de la condición humana. De estas tres canciones, "La bestia humana" es destacable por dos razones: la enfurecida afirmación del narrador de que las manipulaciones y la crueldad de la amada lo están convirtiendo en una bestia humana enloquecida y enojada; y el hecho de que Gustavo Cerati, ese gigante argentino del Rock latino, aparece tocando la guitarra con ese sonido inconfundible que hizo de Soda Stereo una de las grandes bandas del Rock en español. Su influencia se puede sentir en los arreglos y en el trabajo preciso y funky del bajo de Sabo y la batería de André.




“Caifanes” es uno de los mejores álbumes de debut que he escuchado y sin una sola canción que podría llamar "débil" y es, definitivamente, uno de los discos más trascendentales de la historia musical mexicana. Sabo, Romo, Herrera y Hernández se encajan fantásticamente. Fue uno de los álbumes que dio inicio al renacimiento general de la música Rock en México y sería seguido por muchas otras bandas geniales durante los años 90. Fue también el primer y último álbum en el que Caifanes usaría sus influencias británicas de manera tan notable. Fueron una banda que cambiaba su estilo con cada disco, y su siguiente álbum tiene más un estilo folclórico-náhuatl-oscuro que mucha de la influencia británica depresiva que está presente aquí. Pero como un trabajo de fusión entre diferentes géneros y sensibilidades musicales, "Caifanes" sigue siendo inigualable, y es mi favorito personal de sus cuatro álbumes.


5/5


Duración: 45:56 (nota: La edición del CD que tengo, cortesía de la línea “Recupera tus clásicos”, incluye tres canciones adicionales: una versión alternativa de "Mátenme porque me muero", la versión de radio de "La Negra Tomasa" y versiones mono de "La bestia humana" y "Matenme ...")


Canciones calificadas y ordenadas de acuerdo a mi gusto:



1.      Viento (5/5) (más .5 extras porque es una de mis canciones favoritas de todos los tiempos)

2.      Mátenme porque me muero (5/5)

3.      Sera por eso (5/5)

4.      Cuéntame tu vida (5/5)

5.      Perdí mi ojo de venado (5/5)

6.      Te estoy mirando (4.5/5)

7.      La Negra Tomasa (4.5/5)

8.      Nunca me voy a transformar en ti (4.5/5)

9.      La bestia humana (4.5/5)

10.    Amanece (4/5)

11.    Nada (3.5/5)



Emociones: malhumorado, romántico, anhelante, alienado, introspectivo, desafiante, melancólico, enojado, esperanzador, juguetón, descarado.


jueves, 17 de enero de 2019

MINI-RESEÑAS: "Spider-Man: Un Nuevo Universo" (Ramsey-Rothman-Pereschetti, 2018) y "Aquaman" (James Wan, 2018)

Spider Man: Un nuevo universo fue la película mas inesperada de 2018 para mi. No sabía de su existencia hasta poco antes de su estreno, vi el trailer hace un mes y antes de verla vi como recibía entre las críticas mas unanimente positivas que he visto en el año. Las tiene bien merecidas. Además de ser la mejor película animada de Estados Unidos este año, es una película excelente que además de exprimir mucho humor y acción pura a través del concepto del multiverso gracias a la magistral fusión de los elementos del cómic con los del cine, es una película dulce, conmovedora y maravillosa, que demuestra en pantalla la capacidad que tiene la historia de Spider Man (en sus multiples facetas) de despertar la capacidad heroica de todas las personas, sin importar las circunstancias extenuantes y nuestros limites personales. Miles Morales, los Peter Parker, Gwen Stacy, Peni Parker, Spider Puerco y, mi favorito, Spider-Man Noir...personajes que disfruté a lo grande ver en pantalla grande, como también disfruté el estilo meta-narrativo y juguetón de cómic a lo largo de la película. Y es una de las cintas familiares que trata de mejor manera el tema de la muerte, especialmente considerando que una de esas muertes es la de un peronaje muy querido. El cameo de Stan Lee es de los mejores y hay una escena post-creditos que rinde homenaje a uno de los mejores memes de internet.


  
Aquaman resultó ser otra sorpresa agradable. Los trailers habían sido decepcionantes y el record del DCEU básicamente se limitaba a un triunfo absoluto (el de la Mujer Maravilla). Sin embargo, Aquaman resultó ser una de las películas mas puramente divertidas del año. A pesar de un duro inicio (el maquillaje/manipulación digital rejuvenecedor a Temuera Morrison es aterrador, y la pelea de Nicole Kidman se veía completamente digital) la cinta agarró forma desde el combate entre Arthur Curry y David Kane, el futuro Black Manta. La decisión de Curry de condenar a Kane y a su padre es una de las mejores "historias de orígen" de un supervillano que he visto en pantalla. Black Manta y Orm, medio hermano de Arthur, son dos excelentes villanos con motivaciones excelentes (la escena en la que aparecen hologramas de las atrocidades del hombre hacía el oceano haría enfurecer a cualquiera). Como era de esperarse, Momoa despliega carisma y fuerza como Arthur, así como ternura, y tiene buena quimíca con Amber Heard. La historia y la estructura estan basados en la vida y leyenda del Rey Arturo; los reinos submarinos y las criaturas aterradoras que a veces lo habitan son dignas adiciones al canon fantástico/lovecraftiano; y la deuda con el cine de los 80's es sútil y efectiva, tanto por la música, como las conexiones con el cine de aventuras y acción y por el desenfado con el que trata las situaciones mas absurdas con seriedad total (sale Topo, octopús mascota de Aquaman, tocando la batería durante el combate del anillo del fuego; un momento magnífico). El gran acierto de la película es concentrar el conflicto entre hermanos y entre reinos sub-marinos y enfocarse sobre la diferencia entre un rey que pelea por su nación y un héroe que pelea por todos. (Como nota curiosa: en Spider-Man mueren tres personajes importantes...en Aquaman la cantidad es sorpresivamente menor)


Un Nuevo Universo recibe un 9.5/10 y Aquaman un 8.5/10. Espero ver las secuelas que haya.

viernes, 28 de diciembre de 2018

NETFLIX: Outlaw King ("El rey forajido", David McKenzie, Reino Unido, 2018)






Una de las sagas históricas más emocionantes y dignas de contarse es relatada en la película de David McKenzie, The Outlaw King (“El rey forajido”). McKenzie demostró tremendas aptitudes como director tanto de acción como de drama cotidiano en Hell or High Water, habilidades que le sirven de maravilla en esta película que recrea pasajes históricos con su dimensión humana y épica de igual manera. Sin tener un libreto tan pretencioso y preponderante como el que escribió Tyler Sheridan en su película previa, McKenzie se explaya a lo grande contando la historia de Robert Bruce, el héroe nacional más grande de Escocia, quien desafió la tiranía de Eduardo I para garantizar la independencia de su patria.

Los nobles de Escocia, tras una fallida rebelión, le rinden pleitesía y juramentos de lealtad a Eduardo I “Piernas Largas” (Stephen Dillane), quien aplica misericordia sobre sus nuevos vasallos, aunque recalca sus compromisos con rigidez y sarcasmo, además de estrenar una catapulta sobre el castillo de un noble que busca rendirse, simplemente porque pagó mucho dinero por ella. Existe una disputa por la corona escocesa entre dos miembros de una casa noble: John Comyn (Callum Mulvey) y Robert Bruce (Chris Pine). Bruce, cuyo padre (James Cosmo) es ex camarada de armas del rey, inteligente, valiente, caballeroso y viudo, y cuenta con una tensa amistad con el cobarde príncipe de Gales (Billy Howle), por lo que se le concede un beneficioso matrimonio con Elizabeth de Burgh (Florence Pugh), la hija del guardián del norte, como parte de que renuncie a sus derechos a la corona de una Escocia independiente. Bruce cumple con su parte del trato y se comporta respetuosamente con su nueva esposa, pero los altos impuestos de Eduardo y la captura y ejecución del gran líder rebelde William Wallace enfurece a la población escocesa y reinicia la rebelión. Un lamentable encuentro con Comyn le trae mas problemas a Bruce, pero el apoyo de la iglesia escocesa, su familia y muchos nobles—incluyendo a James Douglas (Aaron Taylor-Johnson), cuyos derechos nobiliarios son rechazados por Eduardo—lo llevan a su coronación como rey de Escocia, a brutales represalias por parte de Inglaterra, y a una lucha al margen del combate tradicional y que antecede las guerras de guerrillas de movimientos populares previos.

McKenzie se aparta de los moldes tradicionales de la narrativa fílmica tradicional para contar  esta historia. El rey forajido se siente como una película en donde los personajes históricos actúan como personajes de su época y de su tiempo, y al mismo tiempo se sienten como seres humanos auténticos, de carne y hueso. Pocas películas ambientadas en la Edad Media me han convencido de la autenticidad de sus personajes y de sus costumbres como lo ha hecho está película. McKenzie incluye detalles históricos que rara vez se han visto: los rituales matrimoniales y de coronación, los juramentos de caballeros (que incluyen jurar por unos cisnes vivos), la algarabía de los banquetes. La escena previamente mencionada conque inicia la película consiste de una toma larga en tracking (sin cortes aparentes) de ocho minutos en los que la cámara viaje dentro y fuera de una tienda mientras se discuten asuntos políticos, se estrena la catapulta gigante y se entabla un duelo de espadas “amistoso” entre Bruce y el Príncipe de Gales. Esto no es solamente una muestra de la habilidad técnica del director, sino que establece el mundo de la película, las relaciones de los personajes y el tono naturalista de la cinta. En muchos sentidos, la película se asemeja al Macbeth de 2015, dirigido por Justin Kurzel, tanto por su destreza visual, su elección en colores y locaciones y por su retrato vivo y carnal de una lucha por el poder. Las escenas de guerra son viscerales y cruentas, maravillosas por su dinamismo feroz. La batalla final en medio de un pantano, en particular, toma las características de un sensacional cuadro histórico.

En el centro emocional de la película, tenemos a Chris Pine en una excelente interpretación como Bruce. Astuto, enigmático, sagaz e inteligente, Pine tiene la oportunidad de interpretar a un personaje fuerte y heroico, pero muy humano. La relación con su padre y su familia, asaltada por la tragedia, es un excelente anti-reflejo de la relación disfuncional y rencorosa que existe entre el sociópata e incompetente príncipe de Gales y su tirano y maquiavélico padre (Dillane, por cierto, es maravilloso y a la par de la interpretación de Patrick McGoohan en Corazón valiente, solo que mas realista y menos villano caricaturesco). Su relación con su esposa por compromiso, Elizabeth, es muy bella y demuestra el enamoramiento progresivo y orgánico que se debía forjar durante este periodo, amor que crece tanto por el respeto que se forja entre dos personas íntegras y fuertes, como por el sentido de responsabilidad para con el reino y por el cariño hacia la pequeña hija de Bruce. Florence Pugh está cosechando buenos roles desde Lady Macbeth el año pasado, y continúa con su éxitos en este papel tan conmovedor, en especial cuando Elizabeth cae en manos del enemigo y debe enfrentarse a una serie de decisiones que la ponen al límite de la devastación (y dentro de una jaula que no solo es metafórica). Aaron Taylor-Johnson es el personaje que se roba cámara con su personaje cuasi-maniático, aunque no es una figura unidimensional del guerrero vengativo y atolondrado, sino un hombre cuyo nombre y familia querida han sido rutinariamente insultados y debe de limpiar su honra con el filo de la espada.

Aunque es maravilloso tener una película como El rey forajido disponible en Netflix de manera global, lamento que no haya sido estrenada en el cine, porque es una película digna de la pantalla grande como pocas la son. Desde el punto de vista de la veracidad histórica, es superior a Corazón Valiente, y aunque considero a está última película como una de las últimas grandes películas épicas del estilo clásico y una cinta muy entretenida, El rey forajido es mejor cinta en muchos sentidos, en particular porque centra su mundo moral en la relación que existe entre familia y tierra-país, más que en el abstracto concepto muy moderno de la “libertad”. Como sea, El rey forajido es una de las mejores películas que Netflix ha distribuido y de mis favoritas del 2018. Altamente recomendada.

domingo, 23 de diciembre de 2018

NETFLIX: "Las crónicas de Navidad" ("The Christmas Chronicles", Dir. Clay Kaytis, EUA, 2018)





Las películas navideñas familiares y de buena calidad han sido escasas durante este milenio. En tiempos pasados, las fiestas decembrinas eran una temporada perfecta para contar historias sobre el espíritu de la Navidad, la bonhomía y generosidad de corazón y espíritu que crece en los corazones de las personas durante estas fechas. En estas películas, los vicios humanos, el egoísmo, la disfunción familiar y la insatisfacción personal eran disipadas o contrarrestadas por la aventuras con valiosas lecciones que facilitaban la apertura del corazón de las personas. Lamentablemente, este sub-genero en los últimos años ha sido utilizado para películas sobre familias disfuncionales cuyo sentido del humor agrio y negativo ofrecía un ponche amargo para los que buscaban una película que despertara un agradable calor en el pecho de los espectadores.

Por eso es sumamente agradable ve runa película como “Las crónicas de Navidad”, que además de ser una emocionante aventura repleta de elementos fantásticos y giros graciosos a aspectos tradicionales del folclor santa-clausino, es además una película sobre el lazo de unión que debe de existir entre hermano y hermana, y como a pesar de las diferencias de edad y de las tragedias familiares se puede salir adelante y crear una relación más afectuosa y solida.

Teddy y Kate Pierce (Judah Lewis y Darby Camp) son los hijos de una enfermera (Kimberly Williams-Paisley) y un bombero (Oliver Hudson) fallecido en la línea del deber. El padre de familia era un entusiasta de la navidad que organizaba todos los aspectos de la fiesta con tal de crear un ambiente maravilloso para su familia, por lo que tras su muerte un gran vacío existe en la casa. La avispada Kate, quien continúa la tradición de grabar los eventos navideños con la cámara de su padre, tiene una relación tensa con Teddy, quien en su rebeldía adolescente ahora se dedica a robar autos para salir de paseo con sus amigas. Cuando la madre de ambos es llamada a cubrir un turno en Nochebuena, Teddy y Pierce accidentalmente graban a Santa Clause (Kurt Russell) mientras entrega regalos y terminan subiéndose a su trineo, lo que causa una serie accidental de desperfectos que terminan dejando a los hermanos y a Santa en medio de Chicago (miles de milles de su hogar en Massachusetts) con los renos huyendo a diferentes partes y un trineo descompuesto. Santa y los niños llevan a cabo una serie de intentos para restablecer el viaje nocturno para la entrega de regalos, pues si Santa no cumple con su cometido a tiempo, el mundo se sumirá en un oscurantismo y en la desesperación. El trayecto termina siendo más difícil de lo esperado, y termina involucrando a la policía, criminales y a los elfos de Santa.

Divertida e imaginativa, “Las crónicas de Navidad” está situada en un mundo donde Santa es extremadamente real y en donde es capaz de caminar hacia cualquier individuo y preguntarle cosas específicas de su vida mientras busca ayuda para restablecer su viaje. El gran carisma de Russell es uno de los fuertes principales, pues además de ser creíble como un Santa de carácter mas super-heróico que no es obeso ni se ríe haciendo “jo jo jo”, hay un brillo en sus ojos y una bondad áspera pero genuina que son excelentes para el personaje, además de que se nota que se la está pasando a lo grande con el papel. Tan así, que parece que la película fue una reunión familiar agradable, pues en ella aparece su hijastro Oliver Hudson y otro pariente famoso en una aparición sorpresa. Los hermanos Kate y Teddy son interpretados de manera realista, y resulta conmovedor como la tragedia que ha caído en su familia ha creado dificultades en una relación que anteriormente era completamente estrecha. Ver el restablecimiento de esta relación es una cosa sumamente satisfactoria que rara vez se ve en películas navideñas contemporáneas.

Niños y adultos se divertirán con los elfos de Santa, personajes generados por computadora que hablan un idioma élfico de tono escandinavo, y cuya actitud y variedad de personalidades nos traen a la mente a los Gremlins. El toque del productor Chris Columbus está presente, no solo por la presencia de los elfos y la ambientación en Chicago, sino por las secuencias de aventura y acción emocionantes, la increíble imaginación visual que se manifiesta en el diseño de la tecnología (y magia) clausiana en el trineo y en el Polo Norte, sino también por la habilidad de contar una historia protagonizada por niños con una gran dimensión humana. Adicionalmente, una de las escenas climáticas toma lugar en la Ciudad de México y somos testigos de unas maravillosas tomas áreas a través del Zocalo y el Palacio de Gobierno.

Sin duda, “Las crónicas de Navidad” es una opción excelente para ver en las fiestas de Diciembre y una película navideña que, por primera vez en años, puedo recomendar para todas las familias.

sábado, 22 de diciembre de 2018

"The Other Side of the Wind" ("El otro lado del viento", Dir. Orson Welles, 2018)



En estos tiempos, son pocas las cosas que me causan una gran emoción, y menos en el mundo del cine. Desensibilizado a los remakes, reboots y continuaciones de franquicias queridas, mi capacidad de maravillarme se limita a cosas muy específicas. Por eso, cuando me enteré de que Netflix había comprado los derechos de la película inconclusa de Orson Welles, The Other Side of the Wind (El otro lado del viento) y que la había editado y remasterizado para que esta película (filmada atropelladamente entre 1970 y 1975, y encerrada en diversas bóvedas por cuarenta años debido a disputas legales y financieros) finalmente viera la luz del día, supe que me encontraba ante el suceso fílmico más emocionante del año. No solo se trataba de una película que tenía décadas guardada, sino que terminaría siendo el testamento final de uno de los genios más grandes del cine, de aquel artista multidisciplinario que a la edad precoz de los veintiséis años escribió, dirigió y protagonizó la película que más veces ha conseguido el poderoso mote de “la mejor película de la historia”, Citizen Kane (El ciudadano Kane, 1941). La tortuosa trayectoria artística de Welles después de aquel éxito monumental—provocada por sus choques con los estudios, por la falta de dinero y por su tendencia perfeccionista que hacía prácticamente imposible, irónicamente, concluir una película de manera que considerara satisfactoria—hace de cada película suya un diamante en bruto que resulte maravilloso de contemplar, sin importar las fisuras en la gema.

El otro lado del viento cuenta la historia de Jake Hannaford, un celebrado director de Hollywood (interpretado por el titán John Huston) quien acaba de concluir su más reciente película, “El otro lado del viento”. Iniciándose como encargado de utilería durante la época del cine mudo, Hannaford cultivó una imagen de super macho, creando cintas de gran vitalidad al tiempo que creaba un círculo de amigos y colaboradores cercanos que se dedicaban a pasatiempos Hemingwayanos como las peleas de toros, la cacería, la pesca, las parrandas alcohólicas y la seducción de mujeres. Al encontrarse en plena revolución cinematográfica por parte de la Nueva Ola Hollywoodense, Hannaford adapta su estilo y realiza una película al estilo de la contracultura y el cine europeo: visualmente atractiva, con una gramática cinematográfica dinámica, un ritmo visual envidiable y que pocos pueden ejercer como lo hace Welles (el ritmo y edición a solas son razón suficiente para ver la película), exploración de sexualidad con escenas de desnudos (cortesía de Oja Kodar, que además de ser el puente entre las dos historias de la película era la pareja de Welles y co-guionista y co-productora de la cinta), pero incoherente en su trama, con personajes superficiales y simbología fácil.

El filme de Hannaford necesita dinero para finalizarse y es durante el cumpleaños 70 de Hannaford que el director presenta su versión sin finalizar de la película en una fiesta de cumpleaños que su amiga, la actriz alemana (Lili Palmer) da en su honor en compañía de un ejercito de críticos de cine, periodistas, directores, actores, guionistas, gente de Hollywood, buscadores de fama, miembros del reparto y la producción y amigos y lambiscones. El jefe del estudio, Max David (una versión ficticia de Robert Evans interpretada por Geoffrey Land, con gafas transparentes incluidas) se muestra escéptico por la película y por la capacidad de Hannaford de completar una cinta coherente. El hecho de que Hannaford haya delegado el trabajo de explicarle la cinta a Billy Boyle (Norman Foster, director que en México realizó algunos clásicos como Santa de 1943 y El ahijado de la muerte, y quien resulta el personaje mas entrañable de la cinta) un ex niño actor que ahora es un infantil alcohólico anciano, no ayuda a la causa de Hannaford. David, exasperado, le pregunta a Boyle que si Hannaford está inventando los sucesos de la película al mismo tiempo que la está rodando. Boyle, con un gesto y tono cándido, responde “Ya lo ha hecho antes”, un comentario que parece auto-evaluación del mismo Welles sobre su carrera.

Pero Hannaford se demuestra completamente despreocupado. En su fiesta de cumpleaños en una casa hacienda afuera de la ciudad, el evento es filmado y grabado por docenas de cámaras de todo tipo y calidad, así como por grabadoras escondidas en diversas partes de la casa. Esto es producto del culto de personalidad que se ha desarrollado alrededor del director. La “Mafia de Hannaford” es un grupo que incluye a colaboradores técnicos frecuentes, compañeros de farra, biógrafos, agentes y demás individuos. Las declaraciones entre megalómanas y frívolas de Hannaford (quien declara que Dios es mujer y que, si no fuese por la diferencia de sexos, “¿como podrían distinguirme a mí de ella?”). Su adepto más leal es Brooks Otterlake (Peter Bogdanovich), un joven director que ha tenido grandes éxitos comerciales y que sabe de la vida de Hannaford que el mismo director. Otterlake es un tipo facineroso, amante de imitar a viejas estrellas de Hollywood en medio de la conversación y de decir frivolidades ingeniosas como su mentor (“Los otros son sus discípulos…yo soy el apóstol…como el cristianismo necesitaba de Pablo…”).

Pero en este festividad hay conflictos que burbujean debajo de la superficie: las presiones económicas sobre la película y sobre Hannaford y su grupo son fuertes, y el director se debate en pedirle dinero para completar la película a su “apóstol”; un gran misterio se cierne respecto a rumores de que el protagonista de la película, un joven vagabundo llamado John Dale, abandonó la película en medio de la filmación por razones misteriosas, suceso que puede poner en peligro la compleción de la película; la crítica de cine mas prestigiosa e incisiva del país, Juliette Riche (la magnífica e infravalorada Susan Strasberg, interpretando una versión de Paulina Kael, la poderosa crítica estadounidense con la que Welles sostuvo una brutal rencilla que terminó en una demanda exitosa contra Kael por líbelo) deambula por la fiesta y lanza preguntas francas sobre el valor de la obra artística de Hannaford y aspectos de la vida personal del director, como si fuese una mezcla entre una conciencia y una jueza vengativa (“Quiero saber que es lo que representa”, exclama la crítica en frustración); mientras tanto, el debate entre los nuevos directores estadounidenses (incluyendo a Dennis Hopper, Paul Mazursky y Henry Jaglom) sobre la naturaleza del nuevo cine se mantiene como parte del subtexto de la cinta.

El otro lado del viento, como vemos, es una película polifónica, con un reparto extenso en donde necesita un protagonista fijo, más que la multitud de cámaras (y camarógrafos anónimos) que de manera voyeurista graban conversaciones y momentos privados para crear un collage cinematográfico de un director que representa el antes y después del cine estadounidense, un aventurero ultra-heterosexual, rudo e individualista que secretamente en realidad sea lo opuesto a lo que su imagen indica. El concepto de la imagen es uno de los temas principales de la película, desde el diseño mismo de la manera en que la película es contada (no solo por la multitud de cámaras, sino por el hecho de que la narración inicial sea cortesía de Otterlake/Bodgadnovich, ya en su vejez, quien dice que al principio pensó en no mostrar la cinta por lo mal que se ve) hasta por las mascaras que varios de los personajes usan y terminan por quitarse. La visión de Welles sobre el cine y los que lo trabajan y estudian es pesimista, como su visión de la humanidad en sus películas de cine negro. Tanto el Hollywood viejo como el nuevo está habitado por personas dañadas, con pasados dolorosos y acciones que tienden hacía la auto-preservación. El mismo Hollywood está construido en base al robo de las tierras de los indios y los mexicanos. En una de las escenas más oscuras y dramáticas, Hannaford le obsequia a su actriz principal un cráneo de indio, que los “valientes” pioneros estadounidenses vendían como souvenirs en los años de la Fiebre del Oro. El monologo de Hannaford es una condenación histórica hacia el Destino Manifiesto, la crueldad de las fuerzas civilizatorias que arrasaron con los nativos y la esencia misma del país y de la industria del entretenimiento.

Ver El otro lado del viento es ver una película que anticipa el discurso histórico y la nostalgia que habrá sobre la década de los 70s, considerada la auténtica época del oro del cine por la libertad casi total de los “autores-directores” de realizar sus visiones con poca o nula interferencia de los ejecutivos de los estudios, y sin consideraciones a las sensibilidades del público tradicionalista. Tanto por el aspecto paródico de la cinta ficticia como por la textura visual y la riqueza naturalista de sus diálogos y actuaciones, ver El otro lado del viento es una experiencia surreal porque la cinta está comentando sobre su presente pero de una manera que parece haberse hecho con la distancia de los años, como si estuviese resumiendo o condensando el espíritu de la época en sus dos horas de duración. Ver un desfile de brillantes actores, que en su mayoría trabajaron en las dos épocas que se muestren en tensión y en conflicto (la época dorada de entre los 30s y 50s, y la Nueva Ola de los 60s y 70s) resulta uno de los aspectos más disfrutables y agridulces, en especial porque buena parte del reparto falleció sin ver metraje alguno de la película, mientras está se hacía vieja en las bóvedas. Cameron Mitchell, Mercedes McCambridge, Edmond O’Brien, Tonio Selwart y Paul Stewart son otros celebres nombres que junto con los ya mencionados Strasberg, Bogdanovich, Kodar y Foster nutren este universo hollywoodense resquebrejado, centrado ante la actuación intempestuosa de Huston, director que actua como si fuese Dios Padre para compensar sus conflictos internos sobrecogedores y sus fisuras morales.

Hay tesoros que tenemos a nuestro alcance y no nos percatamos. El otro lado del viento, película legendaria rescatada de la prisión y el olvidado, finalizada y remasterizada, es un tesoro nuevo del cine. Aunque tanto las referencias y contextos culturales e históricos son muy específicos y la riqueza de la película se acrecenta si se tiene conocimiento de estos detalles o del tipo de película que se parodia con la cinta ficticia, El otro lado del viento es una aventura que se debe emprender aún a ciegas, si tan solo para ser absorbido por su poderoso espíritu (a veces gracioso, a veces oscuro, a veces fantástico, a veces dolorosamente realista), su ritmo único y por la increíble fluidez visual de cada segundo de la cinta.



jueves, 20 de diciembre de 2018

Creed II ("Creed II: Defendiendo el legado." Dir. Steven Caple Jr., 2018)





NOTA: Tuve el gusto de ver «Creed 2» en Torrance, algo genial por dos razones: 1) La película se estrena en México hasta enero 2) Quería disfrutar el entusiasmo de los espectadores afroamericanos y no me decepcionaron. Hubo murmullos, exclamaciones de sorpresa, gente que esquivaba golpes o los lanzaba y aplausos. Les comparto mi reseña a continuación. La volveré a compartir cuando sea el estreno mexicano.
El exitoso spin-off de la saga de Rocky, Creed (Ryan Coogler, 2015), demostró que existe un público leal, sediento de ver películas sobre el “semental italiano” y buenas historias de boxeadores que surgen desde abajo para alcanzar el triunfo, sino también un público nuevo que ansía ver los triunfos, pruebas y vicisitudes de un personaje afroamericano tridimensional cuya lucha por salir adelante en el mundo del boxeo es paralela a la búsqueda de si mismo. Adonis Johnson, hijo ilegítimo del campeón de peso pesado Apollo Creed (Carl Weathers) muerto en el ring por el brutal púgil soviético Ivan Drago (Dolph Lundgren), es adoptado por la viuda de su padre, Mary-Ann (Phyllicia Rashad), entrenado por el ex rival y amigo de su padre, Rocky Balboa (Sylvester Stallone) y encuentra el amor con la bella cantante y compositora Bianca (Tessa Thompson). Su temperamento fuerte, propenso a dispararse al instante, y su nula relación con su padre muerte causaron trastabilles en su escala hacia la cima. Pero su “corazón” y la disciplina lograda lo convirtieron en uno de los grandes contendientes en el mundo del boxeo.
Ahora en Creed II (Steven Caple Jr., 2018), la suerte de Adonis se ha acrecentado. Comprometido con Bianca y dejando Filadelfia para mudarse a un lujoso apartamento en Los Ángeles (tanto para apoyar la carrera de Bianca como para estar cerca de su madre adoptiva), sus combates adicionales lo han vuelto una figura cotizada. Pero el espectro del pasado se cierne sobre el firmamento desde el otro lado del mundo. Un ambicioso y aprovechado promotor (Russell Hornsby) ha seguido la carrera del hijo de Ivan Drago, Viktor (Florian Monteanu), un hombre de estatura y fuerza tremenda que hace añicos a sus contrincantes en menos de cuatro rounds. Ivan y Viktor viven en Ucrania, años después de que Ivan ha caído en desgracia tras su derrota a manos de Rocky. Pero viendo una oportunidad de redención y de volver a conseguir el respeto del gobierno y pueblo ruso, los Drago retan a Adonis a una pelea. Adonis decide aceptarla, pero Rocky está renuente de volver a enfrentarse a los Drago en el ring. Este desacuerdo lleva a Adonis a separarse de su mentor, lo cuál lo lleva hacia un combate que cambiará su vida.
Esta trama particular (la del hijo de Creed contra el hijo de Drago) había sido esperada y vaticinada por los fans de la saga de Rocky desde que se anunció la primer película. Indudablemente, la idea contiene una alta dosis de tensión y trasfondo dramático que no se podía dejar a un lado. En cierta medida, Creed II no solo es una secuela de Rocky IV, sino que comparte paralelos con Rocky II (la vida de éxito de la nueva estrella y como la concilia con su nueva vida familiar) y Rocky III (el enfrentamiento con un contendiente de avasalladora fuerza y puños de hierro que tiene más hambre de triunfar que el héroe) y hasta mezcla elementos de todas estas cintas en la última media hora. La historia de Adonis, Bianca y su bebé es conmovedora e introduce un elemento que resultará más interesante explorar en la tercera parte. El papel de Adonis como padre, siendo un hijo de madre soltera, es representado con sutileza y consideración: la idea de un hombre que no tuvo padre y que ahora debe de asumir una responsabilidad que nunca aprendió de primera mano es un factor generacional en buena parte de la cultura afroamericana. La relación postiza entre padre e hijo con Rocky es el pilar emocional de la película en este sentido, junto con la relación con las dos mujeres más importantes en la vida de Adonis. Pero sin duda, la sorpresa mas grata es el replanteamiento de Ivan Drago 33 años después de su aparición en el cine. Lejos de ser la figura temible de más de dos metros, fría y estoica, Ivan Drago, encogido por la edad y las penurias, es un hombre alimentado por el resentimiento de haber alcanzado la gloria para después perderla y ser desechado por su país una vez que su utilidad como herramienta propagandística terminó. El abandono de su esposa lo obligo a criar a su hijo en el exilio, enseñándole lo único que lo podía convertir en sobreviviente: sus puños. La escena en la que confronta a Rocky en su restaurante, aunque breve y lacónica, está cargada de tensión, de frustración, rencor y de deudas pendientes entre ambos hombres. Es una escena instantáneamente clásica.
Steven Caple Jr. Recogió la batuta de Coogler (quien no pudo dirigir está película por dedicarse a Black Panther) y lo hizo con la misma capacidad profesional de su predecesor. Sus escenas dramáticas dejan “respirar” a los personajes y se sientan realistas y de profundidad humana. Las escenas de combate contienen el mismo factor visceral de la película previa: tan celebre como el combate filmado (aparentemente) en una sola toma de la primera película resulta el enfrentamiento en dos actos entre Adonis y Viktor. La cámara funciona como referí y en ocasiones se enfoca en la persona que recibe los golpes. Resultará difícil que el espectador no haga movimientos para esquivar los jabs y ganchos (voluntaria e involuntariamente). La climática escena de entrenamiento es tan repleta de adrenalina y entusiasmo como en las otras películas. Y mención aparte merece la banda sonora de le película que, además de citar algunas de las canciones mas memorables de la saga de Rocky, tiene canciones espectaculares que le dan vida a todas les escenas. La escena en donde Adonis entra al escenario en el combate final, acompañado por su esposa quien canta una canción con gran estilo, es la mejor entrada de un boxeador que he visto en el cine o en la vida real.
Creed II es una excelente séquela a la primer película y una cinta perfecta para ver en compañía de los seres queridos. Además de continuar satisfactoriamente con la historia de personajes clásicos y entrañables, ofrece el drama, la emoción y el sentimiento de una historia humana sobre la reconciliación entre la familia y con uno mismo. Por el gran corazón que demuestra la película, digna de sus héroes del ring, disfrútenla con su familia.